27/09/2009
Javier Mariscal
"Cobi no era para tanto"
Texto de Joaquim Roglan
Fotos de Carlos González Armesto
Javier Mariscal expone en Londres, publica dos libros sobre su vida y su obra y prepara una película de dibujos animados con Fernando Trueba. Ha dibujado tebeos y ha diseñado muebles, bares, hoteles, discotecas, barcos, logotipos de instituciones y empresas, ropa, calzado,
juguetes… Mundialmente reconocido, es el padre de Cobi y otras mascotas. Pero, en el último rincón de su intimidad, sólo es un hombre tierno que llora y juega.
juguetes… Mundialmente reconocido, es el padre de Cobi y otras mascotas. Pero, en el último rincón de su intimidad, sólo es un hombre tierno que llora y juega.

MARISCAL Y SU BARAJA DE IMÁGENES
Texto de Mercè Ibarz
Dibujar la vida. Este es en gran medida el cometido de la obra gráfica de Mariscal y fue el título de la exposición en Londres, en el Design Museum, que este año le ha consagrado internacionalmente. Mariscal prefiere hablar de imágenes más que de dibujos, y ciertamente tiene razones para ello. La capacidad que sus dibujos han tenido siempre para convertirse en otra cosa proviene de su primera dedicación al cómic, a la narrativa en viñetas, incluso a la propia viñeta individualizada. Pronto fue evidente que aquellos dibujos cobraban vida propia como esculturas u objetos, ya fueran la gamba en el muelle barcelonés o el perro Cobi o tantos diseños. Una baraja sin fin de imágenes. Reunidas en forma de exposición y en el libro a que ha dado lugar la muestra (Mariscal’sketches, editorial Nova Era publications), estas imágenes, o apuntes, según el título del libro, muestran una notable capacidad de tocar los diversos palos de esa misma baraja a lo largo de los años, con continuidad y coherencia.
Es una trayectoria que se burla de lo que a menudo se llama evolución creativa, entendida como una carrera que va de menos a más. Mariscal es igual a sí mismo a lo largo del tiempo, y a la vez en sí mismo encuentra, gracias a un muy buen montado estudio de trabajo, aquello que conduce a nuevos diseños. La impresión que da su obra reunida y mezclada, agrupada por conceptos y diseños, no por cronología, es que Javier Mariscal es sobre todo, y de ahí su peculiar duración, un hombre de equipo. Su paso al cine, con Fernando Trueba como director, en un proyecto de animación, resulta de una lógica aplastante. Se reúnen de esta forma una de las artes mayores del trabajo en equipo, el cine, con sus inicios en la narrativa secuencial del cómic, tan emparentada con el séptimo arte.
Cuando habla de su trabajo, Mariscal prefiere decir que para él se trata de “cazar moscas o conversar con las cosas”. Muy bien dicho. Con el añadido de que es el resultado de un acto acompañado de felicidad. Algo que se nota en todo lo que hace este hombre, tan ligado a la ciudad de Barcelona y a sus transformaciones sin cesar desde aquellos años setenta que le acogieron al llegar de sus tierras valencianas. No es la única ciudad en su obra, pero sí la más representada, reconocible en todo momento. Otras ciudades presentes son París, Nueva York, Roma, Tokio. La poética que Mariscal les confiere impregna el conjunto de su trabajo: “Las ciudades domestican el cielo, encarrilan los vientos, utilizan las brisas matutinas para ventilar las plazas, ordenan los árboles para que hagan sombra a los coches”. Bendito Mariscal

Texto de Mercè Ibarz
Dibujar la vida. Este es en gran medida el cometido de la obra gráfica de Mariscal y fue el título de la exposición en Londres, en el Design Museum, que este año le ha consagrado internacionalmente. Mariscal prefiere hablar de imágenes más que de dibujos, y ciertamente tiene razones para ello. La capacidad que sus dibujos han tenido siempre para convertirse en otra cosa proviene de su primera dedicación al cómic, a la narrativa en viñetas, incluso a la propia viñeta individualizada. Pronto fue evidente que aquellos dibujos cobraban vida propia como esculturas u objetos, ya fueran la gamba en el muelle barcelonés o el perro Cobi o tantos diseños. Una baraja sin fin de imágenes. Reunidas en forma de exposición y en el libro a que ha dado lugar la muestra (Mariscal’sketches, editorial Nova Era publications), estas imágenes, o apuntes, según el título del libro, muestran una notable capacidad de tocar los diversos palos de esa misma baraja a lo largo de los años, con continuidad y coherencia.
Es una trayectoria que se burla de lo que a menudo se llama evolución creativa, entendida como una carrera que va de menos a más. Mariscal es igual a sí mismo a lo largo del tiempo, y a la vez en sí mismo encuentra, gracias a un muy buen montado estudio de trabajo, aquello que conduce a nuevos diseños. La impresión que da su obra reunida y mezclada, agrupada por conceptos y diseños, no por cronología, es que Javier Mariscal es sobre todo, y de ahí su peculiar duración, un hombre de equipo. Su paso al cine, con Fernando Trueba como director, en un proyecto de animación, resulta de una lógica aplastante. Se reúnen de esta forma una de las artes mayores del trabajo en equipo, el cine, con sus inicios en la narrativa secuencial del cómic, tan emparentada con el séptimo arte.
Cuando habla de su trabajo, Mariscal prefiere decir que para él se trata de “cazar moscas o conversar con las cosas”. Muy bien dicho. Con el añadido de que es el resultado de un acto acompañado de felicidad. Algo que se nota en todo lo que hace este hombre, tan ligado a la ciudad de Barcelona y a sus transformaciones sin cesar desde aquellos años setenta que le acogieron al llegar de sus tierras valencianas. No es la única ciudad en su obra, pero sí la más representada, reconocible en todo momento. Otras ciudades presentes son París, Nueva York, Roma, Tokio. La poética que Mariscal les confiere impregna el conjunto de su trabajo: “Las ciudades domestican el cielo, encarrilan los vientos, utilizan las brisas matutinas para ventilar las plazas, ordenan los árboles para que hagan sombra a los coches”. Bendito Mariscal

de: Francesc Risalde | 29/09/2009
¡Magnífico, este hombre! La vida, dedicada a los garabatos y a ganarse el respeto de la gente. Eres mi icono en el mundo del grafismo, ¡me encantaría ir a comer unas sardinas contigo!







