Anne Teresa de Keersmaeker
“Hay que tratar de que tenga sentido buscar un sentido”

Usted vino a cubrir en 1995 el vacío que había dejado años atrás Béjart al llevarse su escuela a Lausanne. Creó P.A.R.T.S., su escuela de danza y creación, con la voluntad de recuperar aquel espíritu, aunque sin el glamur del estilo Béjart. ¿Le satisface?
Hay muy pocos bailarines y coreógrafos que tengan un verdadero interés por la danza, y encuentro difícil trasladar mi experiencia de conocimiento. Tal vez porque estoy constantemente cuestionándome a mí misma. Pero me gusta estar ahí, con esa enorme comunidad de bailarines jóvenes que quieren invertir en el lenguaje de la danza. Es muy inspirador.
Ya tiene su escuela y su repertorio, y ha desarrollado una intensa relación entre música y movimiento para finalmente bailar el silencio. ¿Qué tiene en mente ahora?
Es una buena pregunta, pero creo que es una historia sin fin. Hay tantas cosas que todavía quiero hacer… Más que nunca, creo en la danza y en el movimiento como un lenguaje que habla de nosotros.
¿Más que nunca?
La danza ha sido muy cuestionada. Sin embargo, en ese complicado mundo en el que vivimos, mi cuerpo es la casa en la que me despierto cada mañana. La llevo conmigo. Es mi experiencia aquí, pero también carga con el pasado… y el futuro. Esa es la dimensión que lleva con él: cambia constantemente porque el tiempo es el tiempo. Y el cuerpo acabará desapareciendo.
El tiempo es la cuestión.
(Silencio) Sí, es lo que como coreógrafo haces: con los cuerpos organizas espacio y tiempo, y tu cuerpo es bastante un espacio. El tiempo es una oportunidad para organizar las cosas.
En España se tiene la sensación de que Bruselas y Bélgica son los centros de la danza en Europa. Se les apoya mucho.
No nos podemos quejar, pero ha habido que recorrer un largo camino hasta llegar aquí. Le aseguro que el Gobierno no nos apoyaba tanto hace 25 años. Bruselas es agradable, pero también compleja. No es fácil vivir aquí de una forma armoniosa. Las comunidades separadas, las diferencias entre pobres y ricos. Ecológicamente es un desastre. También urbanísticamente. Las ciudades no son lugares bien gobernados.
Usted es de Flandes. ¿Se siente flamenca cuando está fuera?
Me gusta la expresión “no tengo raíces, tengo piernas”. Soy flamenca, sí, es parte de mi identidad, pero también me siento mujer, madre, ser humano. Ser madre es muy importante. Cambia todo con relación al espacio y el tiempo.
E incorpora tal vez la idea del otro.
Absolutamente.
¿Cómo se ha reflejado esto en su trabajo?
Es el mayor reto para una mujer de hoy. Es la historia de tantas mujeres. Pero hay una gran presión para que combinemos todas esas tareas.
Tiene dos niños.
Uno de 15 y una niña de 12. Sus nacimientos coincidieron con la muerte de mis padres, exactamente. (Silencio) Me dio una sensación especial de continuidad.°







