10/01/2010

"Los suecos tenemos complejo de inferioridad"

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Dani Duch
En las novelas de Asa Larsson nunca fallan la nieve ni la sangre. Ni otros ingredientes al parecer cotidianos en una Suecia en la que escritores como ella o Stieg Larsson han roto el espejo y muestran una cara desconocida del supuesto país modelo. “Nunca vivimos en el paraíso”, corrobora Asa Larsson. Los lectores han devorado su Aurora boreal, y ahora saldrá en España
la segunda aventura de la abogada Martinsson.
“Describo la vida cotidiana de un lugar que no le importa a nadie. En las escuelas suecas se nos habla siempre de la capital”

Había una vez un Larsson (Stieg) que se pasó una noche en vela leyendo a otra Larsson (Asa). Cuando sucedió, Stieg era tan sólo un periodista desconocido que soñaba con publicar un día una novela, mientras que Asa ya podía considerarse una autora profesional. No son familia, ni siquiera llegaron nunca a conocerse, pero el caso es que, hoy, aconsejados póstumamente por el autor de la trilogía Millennium, los lectores españoles se han lanzado a devorar Aurora boreal, la primera entrega de las aventuras de Rebecka Martinsson, la abogada de ficción creada por esta escritora de 43 años que saborea las mieles del éxito internacional –ha sido traducida en 30 países– y que recibió al Magazine en un hotel de Madrid. Mientras en Suecia ya se han publicado cuatro libros protagonizados por Martinsson, en España aparecerá el segundo, Sangre derramada (Seix Barral, Edicions 62), este 19 de enero. Hay dos cosas que nunca fallan en los libros de Asa Larsson: la nieve y la sangre.

Usted trabajó muchos años como abogada especializada en temas fiscales. ¿Le sucedía lo mismo que a su personaje, Rebecka Martinsson, que ganaba mucho dinero, pero sentía que estaba malgastando su vida?
Exactamente eso: tenía mi cuenta corriente repleta de dinero..., pero nada de tiempo para mí, trabajaba como una burra. Martinsson también es del norte, como yo. Me reconozco perfectamente en su modo de estar en el mundo del derecho y en su viaje de regreso al pueblo de sus orígenes, en toda la añoranza que siente por aquello. Pero ella es más solitaria que yo, casi una ermitaña; en este aspecto tengo más que ver con la policía, Anna-Maria Mella.

Una policía embarazada, en un paisaje gélido y permanentemente nevado. Le habrán dicho ya que su primera novela, Aurora boreal, recuerda a la película Fargo de los hermanos Coen...
No me hable... Nunca pensé en esa película al escribir el libro, ni siquiera la había visto. Luego, al oír tantos comentarios, tuve que verla, y me enfadé muchísimo, porque creo que son obras muy diferentes. Debe de existir alguna otra novela o película en las que haya una mujer embarazada y mucha nieve, ¿no?

Dibuja un gran contraste entre la Suecia urbana, simbolizada en Estocolmo, y esa otra Suecia rural, primitiva, de aldeas apartadas y siniestros mundos ocultos. Son como dos planetas.
Para escribir este libro, visité de nuevo mi pueblo natal, Kiruna, a 200 kilómetros del círculo polar Ártico. Describo la vida cotidiana de un lugar que no le importa a nadie. En las escuelas suecas, incluso en las rurales, se nos habla siempre de la capital y de sus costumbres y de su cultura como si se tratara de la norma común, del patrón del país. Crecí leyendo historias que me parecían muy lejanas, cantando canciones sobre flores que nunca había visto, aprendiéndome mapas con ríos que se supone que son importantes porque están en el sur. ¡Simples riachuelos comparados con los grandes ríos del norte, olvidados en los manuales escolares! Escribo sobre un lugar pequeño y me he dado cuenta de que eso refuerza la autoestima de la gente que vive allí, gente que también existe y que ahora dicen ser todos primos míos, ja, ja. No son marginales ni atrasados, son simplemente distintos. Un lugar donde en verano nunca se pone el sol y en invierno reina la oscuridad total. Es algo muy literario.

El otro Larsson, Stieg, también descubrió al lector algunos apuntes de esa Suecia profunda...
Es curioso, pero él y yo, que no llegamos nunca a conocernos, vivimos en los mismos sitios, en aldeas del norte de pequeños y después en las mismas ciudades y barrios. En cambio, sí he podido conocer a su mujer, Eva Gabrielsson, y enseguida se estableció una conexión inmediata con ella.

Pero usted se siente muy cercana a su pueblo de origen, Kiruna.
Claro, mire este libro que traigo conmigo: son fotografías de los mineros de Kiruna, cualquiera de ellos podría ser un familiar mío, ¿ve qué caras? Medio dormidos, en las duchas... Esos cuerpos que envejecen ya a los 40 años, llenos de dolores... Este libro me encanta porque les hace entrevistas, tratándolos con la máxima dignidad. Este mundo soy yo, de ahí vengo y no me olvido. Tenemos la mayor mina de hierro del mundo, una fuente de riqueza, pero ha traído enormes sufrimientos a los trabajadores del lugar. Es un pueblo que los suecos consideran feo, y sin embargo es una bendición para un novelista policiaco. Pero ahora ya no vivo allí, sino en Mariefred, a 20 minutos en tren de Estocolmo, un lugar muy diferente, enormemente luminoso, no hace tanto frío, incluso a veces por la mañana puedo bañarme desnuda en el lago.

Y usted, un día, dijo: “Abandono mi sueldo millonario de abogada y me encierro a escribir una novela”. ¿Fue así?
Sí. Primero me apunté a un curso de escritura creativa y, aprovechando mi baja por maternidad, me puse a escribir. Al nacer mi hijo sentí la necesidad de un cambio, me hizo ver mi entorno como horriblemente monótono. Cogí un trabajo a media jornada y, con el segundo hijo, ya decidí dejar de trabajar. Me trasladé a vivir a mi pueblo natal, por una cuestión de dinero, tenía que mantenerme con poco. Muy poca gente da el paso de dejarlo realmente todo, pero yo sentía que tenía que hacer ya algo positivo para mí, tenía que escribir para no sentirme miserable. Cuando un pequeño editor me publicó, no pensé en conseguir un éxito tan grande, mi único objetivo era acumular algo más de dinero con el que poder mantenerme mientras escribía otro libro. No se trataba de vivir emociones extremas, sino de que mi cabeza estuviera en funcionamiento. Al principio sufrí mucho y llamaba a mi madre para que me animara.

En Aurora boreal el lector asiste al asesinato de un predicador-gurú, del que es sospechosa su hermana. ¿Qué le espera en Sangre derramada, segunda entrega de la abogada Martinsson?
Sucede 18 meses después de los hechos de Aurora boreal. Ella vuelve a Kiruna, esta vez todavía le cuesta más hacerlo que en la primera novela. Está traumatizada por lo sucedido. Entonces se produce el asesinato de una mujer sacerdote, alguien poco ortodoxa que, por ejemplo, no negaba la comunión a los afectados por el síndrome de Down. Suceden una serie de asesinatos parecidos, hay alguien que está copiando el método. Los habitantes de la aldea no quieren que se hable de ello, y hay unos cazadores, un club de caza, porque la cultura de la caza es importante en el campo, con todo su machismo cerrado. Rebecka quiere que se sepa la verdad. Es una novela que también plantea el tema de los lobos, las mujeres luchan para protegerlos mientras que los hombres los quieren cazar. Los lobos se parecen mucho a las mujeres: son maestros en la adaptación a condiciones de vida difíciles, pueden vivir en los desiertos, pero también en las zonas más gélidas; y, a la vez, saben disfrutar de la vida, juegan mucho, son seres sociales, crían maternalmente a sus cachorros y están integrados en un grupo. Son casi perfectos. Es un tema muy candente en Suecia, como en Inglaterra los zorros o en España los toros. Los lobos destrozan las casas, los coches y, si te chivas a la policía, los ­persiguen.

La meteorología, el clima, ¿es también un personaje más de la novela?
Mantengo el termómetro al mínimo. La naturaleza es muy importante en la vida de la gente del norte. Con temperaturas de 25 grados bajo cero y un fuerte viento que te hiela la cara, aprendes desde niño que no puedes hacer nada en el exterior, ni siquiera salir a esquiar. Cualquier mínimo gesto o movimiento, como buscar un pañuelo para sonarte, se convierte en una heroicidad. Eso forja el carácter, la necesidad de ser autosuficiente, porque nunca sabes si alguien podrá llegar a ayudarte. Por eso hay tantos hombres que cazan y pescan para sí mismos. La escritora sueca Selma Lagerlof, primera mujer que obtuvo el Nobel, solía usar la naturaleza como parte del drama, por ejemplo, situando un cadáver en una barca que aparecía al fundirse el hielo, estableciendo un símil entre la culpa del personaje y el hielo del ambiente. Pero yo hago otra cosa, más democrática si quiere, muestro la personalidad de la gente según su relación con el clima: la policía que corre por la calle, por ejemplo.

Entrevistas 1 | 2 | siguiente
de: Laverdad | 16/01/2010
Pues entonces los demás no tenemos ni complejo, bueno menos los tontos que sólo miran.
de: Estosehunde | 14/01/2010
Los españoles y catalanes, en cambio, estan 'encantados de haberse conocido'. Demasiado ego y creerse los mejors y más ricos, fruto de la ignorancia y soberbia. Va a ser un lastre para el futuro, sino para ya mismo. Ya se empieza a hacer patente.
de: Ana Isabel del Río | 14/01/2010
Da gusto poder comprobar cómo muchas personas se dan cuenta a una determinada edad de que no hacen lo que realmente les importa. Se atreven a romper con lo que sea necesario, sobre todo a nivel laboral. La crisis de Assa la llevó a hacer crecer sus talentos. Ya saben, como decía Einstein: sin crisis, no hay méritos.
de: Eva | 14/01/2010
Al final, va a resultar que los humanos somos los mismos en todas las latitudes, sólo que nos adaptamos a las condiciones ambientales particulares como podemos y desarrollamos herramientas para vivir y relacionarnos socialmente como podemos. Los pueblos nórdicos no serán quizás el modelo impóluto que nos han hecho creer, pero sin embargo los pueblos mediterráneos tendríamos mucho que aprender de ellos en cuanto a la educación, consideración y respeto por los demás que han llegado a tener allí, por muy del norte que se trate. Y no creo que sea un tópico, tiene bastante de realidad.

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14 de marzo
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