07/02/2010

James Ellroy

"Soy el mejor novelista del mundo"

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Cheyene Ellis
Queda claro que James Ellroy se gusta como escritor y ha asumido la vida que le ha tocado, marcada por el asesinato de su madre cuando era un niño. Cuenta que vuelca mucho de íntimo en sus personajes, como los de su último libro, Sangre vagabunda. Política, crimen, mujeres..., él dice que le interesan las mismas cosas que cuando iba al instituto. ¿Provocador? ¿Complejo? Sin duda, desconcertante, como cuando cuenta su total aislamiento de la actualidad excepto por lo que afecta a su bolsillo

Frenético y contundente como su prosa. Estridente como los colores de su camisa. En el encuentro personal, James Ellroy, 61 años, uno de los grandes narradores de esta época, no decepciona. Desconcertante, el autor de La Dalia Negra o L.A. Confidential dirige a veces la mirada hacia su interlocutor como si fuera a pegarle y, otras, le confiesa cuestiones íntimas como si se hallara ante un amigo de toda la vida.

En una cafetería francesa del barrio de Hancock Park, en Los Ángeles, donde vive, recibió hace unas semanas al Magazine para hablar de Sangre vagabunda (Ediciones B), la monumental novela –944 páginas– con que cierra Underworld USA, su trilogía sobre los Estados Unidos de los años 60, iniciada con América (1995) y continuada con Seis de los grandes (2001). Hace calor. Ellroy gesticula como un macho alfa, eleva la voz y, de vez en cuando, mira el escote de la fotógrafa.

Usted hizo historia con su cuarteto de libros sobre Los Ángeles de los años 50, La Dalia Negra, El gran desierto, L.A. Confidential y Jazz blanco, pero ahora ha sido más ambicioso y aborda la situación política y social de Estados Unidos durante los años 60...

Más exactamente, desde 1958 a 1972. Yo era un escritor de novela negra que dibujó el Los Ángeles criminal de los 50. Ahora soy un novelista histórico. Cada vez soy mejor escritor. Cada vez tengo más ambición. Mis primeros libros fueron novelitas de crímenes, un género que en el cuarteto de L.A. quise llevar lo más lejos que pudiera. Demostré que podía ser el mejor autor policiaco del mundo. Pero, una vez hecho eso, tenía que dar un salto, demostrar que era el mejor novelista –a secas– del mundo. Me sentía con energía para acometer un gran fresco histórico, y lo he hecho explotando al máximo mis posibilidades.

¿Y ahora, qué?
Estoy escribiendo unas memorias exclusivamente centradas en mis relaciones con las mujeres y en mis obsesiones sexuales. La cosa parte de los artículos sobre el tema que he escrito en Playboy, pero la perspectiva es mucho más amplia. Hago un desnudo integral; los hombres suelen ser reservados, pero no es mi caso, soy más bien un exhibicionista. Es mi segundo ensayo autobiográfico, tras Mis rincones oscuros, de 1996. Ya no escribiré más sobre mí, no me queda nada que contar.

Cuando usted era joven, le gustaba espiar a las mujeres, ¿no? Era tan voyeur como algún personaje de esta nueva novela.
Sí. Lo hice bastante en este barrio. Me metía en las casas de las chicas cuando ellas no estaban y olisqueaba su ropa interior. Ya no. Soy un pervertido reformado.

En Mis rincones oscuros se trata a sí mismo sin piedad alguna. ¿Fue difícil?
Ese libro es básicamente la historia del asesinato de mi madre en 1958. Cuando yo tenía diez años, un fin de semana en que estaba al cuidado de mi padre, ella apareció muerta y violada en la cuneta. Un crimen sin resolver que ha afectado toda mi vida. En ese libro quise esclarecer el caso, ayudado por un detective de verdad. ¿Difícil de escribir? No, de hecho fue más fácil que una de mis novelas, era un libro corto, la trama era más simple, no se entremezclaban tantos personajes y no había necesidad de reescribir y de recopilar tanta información.

¿Es usted escritor como consecuencia del asesinato de su madre?
Lo hubiera sido de todos modos. Yo quería serlo ya antes de que la mataran. Pero, claro, después de aquello, el crimen estuvo tan presente en mí que pasó a convertirse en el centro de mi obra narrativa. En este sentido, la muerte de mi madre fue un don, un regalo. Me hizo el tipo de escritor que soy, me dio un tema. Ahora sería escritor, sí, pero otro tipo de escritor.

¿Piensa todavía en ella?
Su muerte horrible se me fue de la cabeza en 1996, cuando escribí Mis rincones oscuros. Escribir aquel libro fue una terapia espectacular que cambió totalmente mi relación con ella, con su recuerdo. No encontré al asesino, pero la encontré a ella, sólo desde entonces tuve paz al pensar en mi madre. Descubrí su doble vida, estaba separada y bebía e iba con hombres los domingos en que yo me quedaba al cuidado de mi padre. Está siempre en mi mente, y cuando publico un nuevo libro dialogo con ella, le pregunto qué le parece, y a veces no le gusta lo que escribo, pero sí la pasión con que lo hago.

Entre los personajes de ficción del libro figura Don Crutch...
Existe. Es un amigo mío. Fue detective en Los Ángeles en los años 50, 60 y 70. Hace de mirón como yo hacía. Posee la cualidad de la persistencia, persigue a una mujer durante 600 páginas.

Él, el agente del FBI Dwight Holly y el ex policía y químico Wayne Tedrow son muy de derechas, son hombres violentos, racistas...
No son los peores. Tedrow nunca usa un lenguaje racista, yo lo veo como un liberal que además se enamora de una negra. Dwight Holly tiene una relación complicada con la raza, se siente bastante culpable. Y Crutch sólo presenta una actitud de rechazo a los negros, pero no es un racista proactivo. Por otro lado, no seamos hipócritas: los chistes racistas son descacharrantes, te partes de risa con ellos, eso me ha permitido meter mucho humor. Hay muchos puntos de vista en el libro, todo debe ser puesto en perspectiva. Y la gente cambia. De eso va el libro. Personajes muy de derechas que se van la cama con tías muy izquierdosas, y esos intercambios de fluidos acaban provocando otro tipo de transformaciones en todos ellos.

¿Es cierto que dos mujeres reales le inspiraron los personajes de Sangre vagabunda?
Sí. Todo el libro es culpa de esas dos mujeres. Fue una experiencia maravillosa escribirlo, porque así las tenía en la cabeza todo el tiempo. Joan Klein, la misteriosa diosa izquierdista, existe, aunque no se llama así, es una chica de San Francisco con la que estuve enrollado y que ya se piró, fue algo muy pasional que acabó fatal. Siempre escribo de las mujeres con las que me lío. Hay que tener cuidado conmigo.

Entrevistas 1 | 2 | 3 | siguiente
de: Marinero | 18/02/2010
Ellroy es un escritor bastante más pequeño de lo que piensa, e infinitamente más pequeño de lo que dice. Estoy seguro, visto cómo se expresa, de que si Cervantes (o Shakespeare, o Dante) resucitaran, les haría el favor de darles algún que otro consejo, desde su pretendida superioridad.
de: Camilo Canegato | 08/02/2010
Excelente entrevista a un excelente escritor. Gracias.
de: Dharma Bum | 08/02/2010
Lean los libros de Ellroy y disfruten del mundo visto por este grande megalomaníaco y visionario, de este grandísimo escritor moderno.

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