28/02/2010

"La verdadera adicción es el escenario”

Texto de Pedro Vallín
Fotos de Dani Duch
Muy reciente aún el éxito de Papito, Miguel Bosé presenta un nuevo disco, Cardio, y ya prepara la gira para llevarlo por el mundo. Como acostumbra, este polifacético artista ha vuelto a cambiar de registro, en consonancia, explica él mismo, con sus experiencias. En esta entrevista el cantante detalla sus vivencias como compositor y también desvela facetas poco conocidas de su vida privada, como su pasión por el buceo.

¿Y cómo va a ser esta gira?
Será un espectáculo muy basado en la imagen. Con dos pantallas curvadas, una cóncava y otra convexa, que permiten cierta transparencia. Y a la vez, será una estructura de escenario muy limpia. Se trata de una propuesta nueva más avanzada. Desde Papitour, aunque no lo parezca, estamos tecnológicamente en una generación más. No durará menos de dos horas, nunca hago conciertos de menos de dos horas. Habrá una zona de Cardio, tres o cuatro canciones de Velvetina, y después viejos éxitos repropuestos, que arrancarían en Bandido.

Siempre que vuelve sobre sus éxitos, arranca en Bandido, como si antes no hubiera habido nada. En Papito, por primera vez incluyó temas anteriores, de la etapa de Linda y Te amaré.
Seré muy descarado, pero cómo me divertí con ellos.

Pues bien que se ha resistido.
Buf. Cuando decidí que tenía que incluirlos en Papito, me serví un cubata y cogí los seis discos anteriores a Bandido y me senté a escucharlos. Pensé que me iba a costar varios días y varios cubatas. Pero fue oírlos y pensar: “Ya lo entiendo, este tío lo tenía clarísimo”. Hay una gran coherencia, y no me avergüenzo de nada de lo de esa época. Era lo que en ese momento tenía que hacer y lo que se parecía a mí, a quien yo era en aquel entonces. Luego decidimos que para la gira había que desnudarlas aún más, y las presenté en un acústico, las vacié de armonías y funcionaban. Seguían siendo muy defendibles.
 
A usted nunca parece haberle pesado ser hijo de dos celebridades culturales, como si no tuviera nada que demostrar. ¿Es cuestión de autoestima?
No, no. Es que no es así. Es la perspectiva. Cuando vas por la sabana y ves a dos leones magníficos, piensas, “el rey de la selva”, y a su lado dos leonas preciosas, y unos cachorros y sus tías... Tú los miras con fascinación.

¿Adónde quiere llegar?
A que el león no sabe que es el rey de la selva y para su cachorro es sólo su padre. En una familia como la mía pasa eso: internamente se desconoce la dimensión pública de los personajes. Ese peso por el que me pregunta sólo es visible para el que retrata. Es una cantera para titulares, pero ese efecto no sucede en realidad dentro de la familia. Ni se habla ni se cuestiona. Recuerdo una vez que estábamos en Londres Isabella Rossellini y yo, con nuestras madres, y creo que estaba también su padre, Roberto Rossellini. Íbamos a salir y se pusieron a decirnos que volviéramos pronto, que tuviéramos cuidado, que si tal y que si cual. Para los demás, para el mundo, eran la Bergman y la Bosé, pero para nosotros dos eran sólo dos madres muy pesadas. A eso me refiero.

Pero eso le ha permitido codearse, como usted acaba de explicarlo, con grandes personajes de la cultura contemporánea. A lo que se añade su labor como director y presentador de aquel programa de música en directo en televisión, El séptimo de caballería. ¿Le enriqueció musicalmente?
De aquel programa salieron amistades. Por ejemplo, Michael Stipe, de R.E.M., los Placebo, con Madonna, que ya nos conocíamos, se multiplicó... A escala nacional ya existía con la mayoría de los grupos, es cierto.

¿Y en sentido musical?
Fue muy enriquecedora. Sólo canté dos veces, con Montserrat Caballé, porque lo pidió ella, y con Alejandro Sanz, Si tú no vuelves. Pero no volvería a hacer un programa como aquel. Presentaba, producía y dirigía. Se me llevó por delante. Terminé estrellándome.

¿Se refiere al accidente que sufrió en 1999?
Sí.

¿Fue por el programa?
Acabábamos de celebrar la última grabación del programa, y al volver fue el accidente.

Volvía a Extremadura. ¿Todavía tiene allí su lugar de retiro?
No, no, se vendió hace tres años.

¿Y cuál es ahora su lugar de retiro?
No sé. Hace tiempo que me di cuenta de que tener casa en Londres, en Italia y en Madrid es muy costoso.

¿No tiene un paraíso privado, un lugar donde desconectar?
Sí. Soy buzo. Practico inmersión submarina desde hace treinta años. Tengo tres grupos de colegas con los que voy a bucear. Esa es mi verdadera gran terapia. Desconecto por completo. Mejor en compañía. Y es muy relajante, en parte porque es un deporte basado en la respiración. No pasan tres meses sin que me escape a bucear. Y las giras me permiten hacerlo en muchos lugares del mundo: en el Pacífico, en el Atlántico, en el Caribe, en el Índico... Es el único escape a la presión que practico desde muy pequeño.

Entrevistas anterior 1 | 2 |
de: Adelgazar | 13/03/2010
Un artista como la copa de un pino que después de tantos años sigue ahí arriba a base de trabajar.
de: M. Merino | 09/03/2010
Emilio, documéntate. Se nota que no tienes ni idea de como Miguel se ha labrado el sitio en el que está. Por mucho "márketing" que lo acompañe, la gente no se gasta lo que vale un CD o una entrada a un concierto por comprar sólo imagen. Repito, documéntate y no opines con tan poca propiedad. Miguel es absolutamente delicioso pero ya se sabe... no está hecha la miel. Tú te lo pierdes.
de: Emilio Renero | 02/03/2010
Mediocre, vividor y cuentista. Un auténtico esperpento, de vida muelle y regalada. Una muestra de cómo la mediocridad con nombre y apellidos puede escalar emporios y pedestales impropios, gracias a la magia del márketing y a legiones de "progres" de pacotilla, acomplejados y descerebrados que se alimentan de la vulgaridad teñida de arte.
de: Javier Aviles | 27/02/2010
Buena entrevista, y Miguel siempre tan cautivante.

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