Imanol Arias

Peluquería y Maquillaje: Esther García-Vaquero para ALBERTO CERDáN. Estilismo: Lucía Prada. Vestuario: Dior Homme, Wrangler y Paul & Joe. Localización: Showroom Teresa Tarrago. Agradecimientos : IN DIETRO - Arquitectura Interior
Mucho ha variado la vida de Imanol Arias en apenas un parpadeo. El que separa al actor asentado en primera línea gracias al televisivo Alcántara de Cuéntame cómo pasó del que tiene que volver a agarrar el cine “por los cuernos” ante un personaje de esos que no se pueden dejar pasar. El de cómico sumido en la amargura que encarna en Pájaros de papel, brillante ópera prima de Emilio Aragón. Un papel que coincide en el tiempo con ese otro viraje vital, esta vez personal, a raíz de la separación de su pareja durante 25 años, Pastora Vega.
Por eso, la palabra cambio se ha instalado en su vida y aparece con frecuencia en su conversación. El actor considera ese cambio su baza y su herramienta de futuro. Así, para él –que siempre fue de mucho pensar, “igual hasta de más”–, las reflexiones ahora se producen con una tranquilidad casi inédita, pero sin que haya quedado cajón sin abrir ni armario sin revisar.
“Es que la resistencia al cambio es uno de los males de nuestro tiempo –afirma– porque la produce el miedo. Y yo ya no quiero temerle a nada.” Y confiesa: “He sido miedoso porque he tenido un ego muy grande que he intentado dominar. Un ego que me tenía anclado en el pasado por temor al futuro y me hacía magnificar todo cuanto ocurría a mi alrededor, tanto lo bueno como lo malo”.
La historia de aquel chico de Ermua –nacido hace ya 53 años–, de familia humilde que, superando la oposición de su padre, logra dedicarse al teatro y llega a ser una estrella de gran alcance en el cine y la televisión tiene un cierto halo legendario “del que yo mismo he sido demasiado consciente; tanto, que me ha hecho olvidar que para ser artista hay que saber disfrutar; que el tiempo es arte y el arte es tiempo y es impulso y es transformación”.
Y añade: “Estaba demasiado preocupado sobre el lugar que yo ocupaba en esto, si el número 1 o el número 2 o el número 100. Era el galán. Me afeitaba hasta para ir a por el pan, y los amigos más íntimos acabaron confesándome que siempre, hasta en el momento de la confidencia, algo del Imanol Arias actor estaba ahí. Y podía conmigo”.
Asegura no recordar claramente cuándo se le fue la alegría. Sabe que fue después de disfrutar de momentos tan especiales como cuando Manuel Gutiérrez Aragón le eligió para dar la réplica a las dos estrellas femeninas del momento, Ana Belén y Ángela Molina, en la estupenda Demonios en el jardín (1983). “El mismo día en que me lo dijo me gasté prácticamente lo que tenía en celebrar con los amigos, en una de aquellas juergas que se remataban al alba.
” También recuerda cómo se divirtió trabajando con Almodóvar en aquellas primeras películas, y a las órdenes de Vicente Aranda, haciendo El Lute. Pero después llegaron los nervios, la preocupación por mantener lo conseguido, las malas elecciones “que, sinceramente, vistas ahora, tampoco importan tanto. Nadie mira la ensalada hoja por hoja y en ella se mezclan unas verdes y otras que no lo son tanto. Pero al final lo que importa es el conjunto”.







