06/02/2011

"Cada uno tiene que asumir su responsabilidad en la derrota"

Juan Gelman

Texto de Alfred Rexach
Fotos de Llibert Teixidó
Con 80 años, este poeta argentino sigue recordando cómo la dictadura de su país le arrebató a su hijo y su nuera, asesinados por los militares. Tras un auténtico calvario, en el 2000, consiguió recuperar a Macarena, su nieta, entregada con dos meses a un militar uruguayo y su esposa

Macarena Gelman, nieta del poeta, en una imagen del año pasado

LA TRAGEDIA FAMILIAR

El drama vivido por los Gelman, apenas comenzada la dictadura militar argentina de 1976 –que en sólo un par de horas acabó con la demencial presidencia de María Estela Martínez de Perón, viuda del general Juan Domingo Perón, y dirigente, ella misma, de uno de los periodos más esperpénticos de la moderna política argentina–, fue padecido por miles de familias. De un día para otro, de manera totalmente imprevisible, veían desaparecer a algunos de sus miembros, secuestrados y torturados por los siniestros grupos de tareas, que invadían domicilios y practicaban detenciones absolutamente arbitrarias y sin control judicial alguno. Metidos en el portaequipajes de los temidos Ford Falcon con matrículas trucadas, eran transportados como bultos hasta los centros clandestinos de detención, donde nadie daba cuenta de ellos. Con frecuencia, estas operaciones terminaban con la desaparición física de las víctimas.

Los detenidos en la guerra sucia desatada por el régimen militar, presidido por el triunvirato al frente del cual se encontraba el teniente general Jorge Rafael Videla, eran ingresados en siniestros locales y hasta en acuartelamientos, como la tristemente célebre Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), situada en el centro de Buenos Aires, muy cerca de la emblemática avenida del Libertador. Tras la dictadura, se estimó que más de 5.000 prisioneros, muchos de los cuales desaparecieron para siempre, pasaron por la ESMA.

Los hijos de Juan Gelman no fueron distinguidos con una ergástula de tanta categoría, pues estuvieron internados en un lugar mucho más pequeño, aunque no menos espantoso: Automotores Orletti, también en Buenos Aires, en el barrio de La Floresta. Situado junto a las vías de un tren de los que atraviesan la capital a cielo abierto, Automotores Orletti era un sucio local de dos plantas, con celdas habilitadas y espacios para la tortura. Allí los detenidos eran sometidos al submarino (sumergirles la cabeza en un depósito de aguas putrefactas, hasta casi ahogarles). En la planta superior funcionaban las picanas eléctricas.

Los detenidos en Orletti eran de diversas nacionalidades, como sus captores y verdugos. El local formaba parte de una vasto operativo represivo, denominado operación Cóndor, que coordinaban agentes y matones de Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia y la propia Argentina.

Treinta y cinco años más tarde, Juan Gelman recuerda el calvario que sufrió durante la búsqueda de su hijo, su nuera y su nieta. Sólo ha podido recuperar a esta última. Su relato reconstruye los hechos a partir de testimonios de conciudadanos que sobrevivieron a su cautiverio:
“Había una nueva interna en la planta baja de aquel lugar, donde se hallaban también dos niños cuyos padres habían sido asesinados poco antes. Esperaban ser entregados a sus nuevos padres. Una noche, hubo gritos en la guardia pidiendo una ambulancia porque la nueva interna tenía contracciones. Días más tarde se escuchaban los llantos de un bebé. Algunos de los prisioneros en Automotores Orletti vieron trasiego de biberones”.

“Años más tarde –relata el poeta– fui a Uruguay con mi mujer y mantuvimos entrevistas con supervivientes de Automotores Orletti. Pedí una audiencia con el presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti. Se había pasado todo su mandato diciendo que su régimen era una dictadura idílica. Nos recibió su secretario, nos pidió un memorando. Sanguinetti, en apariencia conmovido, era también comandante en jefe de las fuerzas armadas, pero no podía averiguar nada. A los dos meses llamé al secretario del presidente, que no me recibió la llamada. Empecé entonces una campaña internacional. Aquello podía parecer el delirio de un poeta. Al final se habían adherido 90.000 personas de 122 países, entre ellos varios premios Nobel, como Günter Grass. Todo se publicaba, y creo que a Sanguinetti no le hacía demasiada gracia”.

“A mi hija Nora Eva –explica– la liberaron pocos días después de secuestrarla. En las pesquisas que íbamos haciendo con Mara La Madrid, mi segunda esposa, envié una carta al general Harguindey (Albario), que ocupaba un alto cargo en el gobierno argentino. No se dignó contestar. Hubo más cartas, alguna tuvo respuesta. Harguindey se mostraba pesimista acerca de la posibilidad de localizar a unos desaparecidos de los que, en Argentina, nadie sabía nada, por supuesto, nadie en el gobierno presidido por el general Jorge Videla. Por lo visto, no había manera de averiguar nada”.

“En una nueva carta abierta di el nombre de 17 represores uruguayos –continúa–. Sanguinetti se atrevió a contestarle a Günter Grass llamándole ‘idiota útil’, entonces sucedió lo que estábamos esperando: una vecina de la casa donde llegó el regalo de Navidad había juntado todos los artículos que se habían ido publicando y se puso en contacto con nosotros. Ahí supimos que el bebé que buscábamos era una niña. La señora que había criado a mi nieta (el marido, un militar uruguayo, había muerto ya), en un acto de amor, informó a la chica. Cuando fuimos a Uruguay para vernos con ella, el presidente Jorge Batlle quiso secuestrarme en el aeropuerto para que fuéramos juntos al encuentro. Me negué. Cuando por fin nos encontramos, pregunté a la chica si quería que aquello se hiciera público, me dijo que sí. Teníamos la certeza, al 99,9997 por ciento de que era mi nieta”.

Entrevistas anterior 1 | 2 | 3 |
de: Alfonso | 16/03/2011
Tipico de estos izquierdosos para los que la culpa de todo lo tienen los otros. Este prenda fue el perfecto justificante de lo que ocurrió en Argentina. Los montoneros eran asesinos y terroristas, el Gobierno no pudo poner fin a sus desmanes y los golpistas terminaron con ellos de un plumazo. La lástima es que fue a costa de millares de muertos, muchos no tan inocentes, pero los culpables, como este señor ya se encargaron de exiliarse y dejarles el marrón a los que se quedaron. Es típico y reiterativo, en la República Española los dirigentes que no supieron defenderla, rapiñaron con todo el oro del Banco de España, mientras a sus seguidores solo les esperó muerte y desolación..

Por seguridad copia en la casilla de texto el código que aparece en la imagen inferior antes de enviar el formulario con tus datos.

captcha Escribe el código que aparece en la imagen
13 de mayo
13 de mayo
Publicidad
Buscar en