Mijail Barishnikov
Su última aventura le mantiene en contacto con los jóvenes talentos

Annie Leibovitz fotografió a Baryshnikov haciendo rappel por la fachada de su propio centro de arte, sito en la 37 de Manhattan.
Al verle llegar cual gato sobre el asfalto de Madrid, gorra, gafas de sol y sedosa cazadora, cuesta creer que un físico tan pequeño esconda tanta grandeza. Mijail Baryshnikov, el afamado bailarín letón, cumple este mes 40 años en los escenarios desde su debut en el Kirov de San Petersburgo. "Impresiona un poco este aniversario", afirma. Pero la danza sigue reservando secretos a este joven de 59 años que maravilló a Occidente con su magia y su pureza estilística al desertar de la Unión Soviética en 1974.
Su conversión a la danza contemporánea nada tiene que ver con el declive de un divo. Fundó, en los 90, White Oak Dance Project junto al coreógrafo Mark Morris y desde que ha erigido su centro de arte, sale de gira con lo que se ha cocido en su propia Hell’s Kitchen. Sin embargo, el que fuera director del American Ballet y encumbrado por su aparición en "Noches de sol" no siempre es comprendido. "Que nos devuelvan el dinero", se oyó en una de sus últimas visitas a España. Había bailado la emotiva "Years later" ("Años después"), con antiguas imágenes de sí mismo realizando saltos de juventud. Hace unas semanas que ha regresado al Teatro Español con un montaje del sueco Mats Ek en el que baila con la compañera de éste, la zaragozana Ana Laguna.
Es en Madrid donde echa mano de un fino humor para encarar esta conversación con el Magazine. Taza de café en mano y con la actitud tímida de quien lo es, Misha suelta una mueca de disgusto que acentúa sus interesantes arrugas. "Uf, esa música…", dice del estridente hilo musical del hotel. La quitan, y el mito se vuelve humano a cada respuesta.







