30/09/2007

La otra cara de las supermujeres

Iciar Bollaín

Texto de Jun Ignacio Francia
Fotos de Montserrat Velando

Llegó al cine por casualidad, de adolescente, y desde entonces Iciar Bollaín se ha labrado una rica trayectoria como actriz y directora, elaborando un cine personal y sin artificios. Una mirada lúcida, lejos de estereotipos y a menudo enfocada
al universo femenino. Si en su anterior y premiado filme, "Te doy mis ojos", abordó el drama del maltrato a la mujer, su última película, "Mataharis", reflexiona sobre el amor, la incomunicación y la conciliación familiar y laboral –de eso ella sabe mucho– de tres mujeres detectives: Najwa Nimri, Nuria González y María Vázquez.

“En el ámbito privado una se las apaña mejor o peor, según el caso. Pero en el cine, las mujeres somos todavía bastante invisibles".
Iciar, como explicábamos, acaba de dar a luz. A las seis horas del acontecimiento, enviaba este sms: “Daniel ha nacido en casa a las dos de la madrugada. Estamos los dos contentos y cansados. Él menos que yo, para eso es más joven. Besos a todos. Iciar”. Pero tampoco ella va de heroica. Simplemente es fuerte y sabe que ha de batirse el cobre en un mundo donde todavía mandan más los hombres. “En el ámbito privado, una se las apaña mejor o peor, dependiendo de la estructura familiar y de pareja que haya montado, de las ayudas extra y todo eso. En el cine, las mujeres seguimos siendo todavía bastante invisibles. Por eso hemos creado, con el respaldo clamoroso de la mayoría de nosotras, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), a la que yo llamo, con poco respeto, pero gran afecto, ‘la asociación de las Maris’.” Es así; no enarbola bandera de nada hasta que se ve en la obligación inexcusable de hacerlo: suyo es uno de los episodios del radical trabajo colectivo “Hay motivo”. Llegado el caso, jamás escurre el bulto sino que planta cara a María Santísima. Pero nunca belicosa: es dialogante, tolerante y reflexiva.

"Mataharis" está rodada en Madrid, el mejor marco urbano para una acción semejante y además bien cerca del lío familiar, aunque ella tiene una gran ayuda en su pareja, si bien éste debe viajar a menudo. También está ese tesoro de superabuela y gobernanta. Pero sabe que, como las tres detectives de su película, es casi imposible coordinar y conciliar. Si no, por ejemplo, haría más cine.

Considera su trabajo de actriz un lujoso regalo. Dirige películas como si le fuera la vida en ello. Es exigente, trabajadora, disciplinada y muy graciosa. Escribe, dibuja y, ay, no hace más, porque el día tiene sólo 24 horas. ¿Iciar, puedes firmarme un autógrafo? "Sí, pero si me sujetas estas bolsas y el cochecito y me vigilas mientras a esos dos rubitos", responde ella. Son ya lejanos los tiempos en que podía salir por la noche y descoyuntarse en una buena sesión de discoteca bacaladera. Lo que no quiere decir que no siga bailando, pero a tiempo parcial. Como dirige, piensa, vive y ríe este rayo de luz, realidad y optimismo, que es lo mejor que se puede colar por los resquicios de tu vida o tu pantalla más cercana. A toda prisa, porque después de la reunión en La Iguana, su productora, y la natación, recoge a los niños, lleva al médico al mediano y se pelea por teléfono porque aún no le han instalado la cocina. Y el remate contigo… se queda para mañana. Pero es una suerte poder contar con ella y con sus imprescindibles películas.

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