Severiano Ballesteros
"El triunfador es aquel que consigue ser más veces feliz en la vida"
casa paterna, en Pedreña, Santander. Hoy es un hombre de negocios, con tres hijos adolescentes, que mira la vida con cariño, empeñado en controlar los sentimientos para no dejarse caer en el lado oscuro
¿Por qué eligió a la mujer que eligió?
¿A qué conclusión sobre el amor ha llegado?
La verdad es que hace tanto tiempo que no me enamoro, que se me ha olvidado. Sin duda, estar enamorado debe de ser algo muy bonito. Pero, ¿sabe lo qué pienso? Que no necesariamente tiene que ser de una mujer.
¿A qué se refiere?
Que puedes estar enamorado de un lugar, de tu perro o de tus hijos. Yo estoy enamorado de mis tres hijos, estoy loco por ellos, son maravillosos. Y le nombro al perro porque tengo una perrita que me encanta, se llama Zahira, como la reina mora, y es una pastor alemán.
¿Siempre ha conseguido aparcar los problemas de la vida en el campo?
Para poder jugar o para poder hacer cualquier tipo de cosa, uno ha de estar bien; y si tienes problemas, no te queda más remedio que afrontarlos y sobre todo entenderlos. Es muy importante entender las cosas, esa es la diferencia entre el inteligente y el listo. El inteligente es abstracto, y el listo es el que entiende la situación. ¿Usted qué piensa?
Que a veces los problemas, por listo que seas, no te dejan dormir.
Hay gente a la que le encanta meterse en la zona negativa, en ese lugar incomodo pero cómodo, es decir, entrar en la queja y estar todo el día dando vueltas a las cosas, machacándose a sí mismo y de paso a los que tiene alrededor. Yo creo que es importante que cuando te viene algo a la mente que no te hace bien, rápidamente lo sustituyas por algo bueno.
¿Le sirvió el control mental ante el accidente de coche en el que su novia perdió la vida?
Vamos a ver, yo nunca he entrado en el juego de la prensa del corazón, ¿ y sabe por qué? Porque se han dicho muchas cosas y la mayoría tonterías inaceptables.
Dijeron que le ingresaron con una fuerte depresión.
… Y que me había querido suicidar; y todo eso es totalmente falso. Fátima era una gran amiga mía, una chica especial para mí, pero no era mi novia, y lógicamente me afectó el hecho de perderla, pero no me descontrolé.
¿Cómo supera usted esos momentos?
Teniendo la mente ocupada. Yo, por ejemplo, cuando veo una persona que está en el paro, lo que más me preocupa es que tenga exceso de tiempo para darle vueltas a las cosas, porque cuando te entregas al pensamiento, la mente siempre tiene tendencia a ir a la zona negativa.
¿Por qué cree que es así?
Eso no lo sé, pero lo que sí tengo claro, porque lo he vivido, es que cuando la mente tiene mucho tiempo para pensar tiende a lo negativo, a los pensamientos en los que nos minusvaloramos y desconfiamos de los otros y de nosotros mismos. Todos hemos pasado una noche mala en la que no hemos podido dormir. Por la mañana, la gente te suele decir: “Chico, menuda nochecita mala he tenido”, pero nadie te dice: “Anoche no dormí nada, pero pensé en cosas muy interesantes”. La mente tiene la tendencia a irse al lado oscuro.
¿Y qué propone?
Hay que escucharse, porque creo que todos tenemos un poder especial dentro de nosotros, una vocecilla que es como nuestro guardián. Nos dice continuamente por dónde tenemos que ir y nos avisa de los errores que cometemos. Hay que estar atento a esos avisos, a nuestro interior.
Para usted que tiene tantos negocios no debe de ser fácil oír la vocecilla…
No tengo tantos negocios, ni mucho menos, porque pienso que el mejor negocio es saber negociar bien la vida; lo demás, tener negocios para coleccionar dinero, que hay mucho de eso, me parece superfluo. Hay otros a los que les gusta el poder; otros, el ocio, divertirse siempre.
¿Y?
Yo creo que el triunfador es aquel que consigue ser más veces feliz en su vida.
¿Qué ha perseguido usted?
La vida está llena de ilusiones. En realidad, la vida es esa ilusión que tú te tienes que estar buscando continuamente. Y no tiene que ser necesariamente materia. Mi niña, el otro día, me llamó desde Inglaterra ¿y sabe cual es su ilusión? Tener un perrito. Tiene 13 años, ¡pero es que a mí me pasa igual! Yo estoy deseando llegar a casa para ver a mi perrita Zahira, ¡fíjese qué cosa más pequeña y más fácil! A mí me gusta mucho la naturaleza, soy un gran amante de los árboles, en mi casa tengo 369 árboles exactamente: abedules, magnolios, tilos, hayas, cerezos, castaños, nogales, secuoyas, arces, olivos, frutales… Mi ilusión ahora mismo es plantar un alcornoque.
¿Es una gran ilusión?
Sí. Lo es, ¿y sabe por qué?... Yo veo un árbol y me da alegría.
¿Abandonó el golf por falta de ilusión?
Tenía una lucha interna, la mente me decía que siguiera jugando, y el cuerpo me pedía que me retirara, estaba atascado. La indecisión te lleva al bloqueo, y eso es terrible, el bloqueo hay que romperlo, y dije ya no más. En el viaje a Estados Unidos, en el Champions Tour, el circuito de mayores de 50 años, no me fue nada bien, porque estaba lesionado y porque no había entrenado lo suficiente. Terminé el último, empatado, eso sí, como en el primer torneo que jugué, pero acabé con birdie en el 18. Y entonces recordé lo que me decía mi padre: “Hijo mío, no hay mal que por bien no venga”. Ver la realidad, que mi cuerpo ya no me respondía como yo quería, me fue bien, me liberó.
Debía de estar algo cansado de ir siempre de hotel en hotel.
Supe de un hombre que había pasado media vida en la cárcel y cuando fue libre pidió que lo volvieran a encerrar porque no sabía vivir fuera de ella. Todo lo que hacemos en la vida es rutina y hábitos, lo importante en generar espacios de reflexión más allá de los hábitos.
¿Dónde aprendió esa filosofía de vida?
El control mental y sus técnicas es algo que he practicado siempre de una forma natural. Pero cuando empecé a jugar quise reforzar esa capacidad innata y busqué a un especialista, así que me puse en contacto con el doctor Alfonso Caycero y le pedí que me enseñara. Es el inventor de la sofrología llamada cayceriana, cuyo objetivo es el desarrollo de una conciencia serena a través de distintas técnicas, entre ellas la respiración. Aprendí muchísimo de él.
A su madre nunca la nombra. ¿Qué aprendió de ella?
Que la vida era muy dura y que había que trabajar. Ella trabajó muchísimo para sus cuatro hijos, no teníamos ni siquiera frigorífico, y no hubo televisión hasta que cumplí los 14 años, sólo teníamos una vieja radio. Aprendí de mi madre a cuidar las cosas. “Hijo, el que guarda halla”, me repetía. Y en eso era exagerada, pero fue feliz a su manera.
Le vio triunfar.
Para mí fue muy triste cuando se murió y, poniendo orden entre sus cosas, descubrí tantos y tantos vestidos y zapatos, que yo le traía de mis viajes, sin estrenar. Los guardaba para una ocasión especial, y yo nunca supe a qué se refería.
Vivió una guerra.
Sí, y una posguerra, mi madre pasó hambre. Nunca soportó que dejáramos comida en el plato, por lo que vio y vivió.
¿Y a usted qué le gustaría transmitir a sus hijos?
Cariño, creo que lo más importante en la vida es sentirse querido por tus padres, tu familia y tus amigos. Si tienes eso, te sientes protegido. Mis hijos saben que su padre está siempre ahí, yo no quisiera que el día de mañana me reprocharan algo.
Igual le reprochan la ausencia, tanto viaje, tanto campeonato…
Cuando me preguntaban: “¿Dónde vas papá, a jugar un campeonato?”, yo siempre les respondía: “No, no, tu padre va a trabajar para ganar dinero para comer”.
Pero la familia de su madre es muy, muy rica.
Mis hijos nunca han nadado en la abundancia y nunca han visto en sus padres ningún gesto de derroche u ostentación. Cuando he tenido un buen coche, siempre les he dicho que me lo habían prestado… (aunque ahora ya no cuela, claro). Y cuando mis hijos iban al colegio, nunca alardeaban de padre, ni nunca han llevado dinero en el bolsillo, ni han tenido todos los caprichos, porque eso es hacerles un mal, deben aprender a valorar las cosas.
¿Sabe?..., no entiendo su fama de altivo.
¿Yo, altivo?... No sé.
¿Qué merece la pena en la vida?
Todo, como dice un amigo mío, es un viaje maravilloso y no hay que perdérselo, hay que estar atento y disfrutar del regalo.







