Plácido Domingo
"Hay que reservar las pasiones desenfrenadas pra el escenario"
Mi esposa, que le admira, comentó mientras escuchaba sus coplas
Yo no me di cuenta de que te quería
hasta el mismo día
en que te perdí.
Y vi claramente lo que te quería
cuando ya no había remedio para mí.
que le gustaban mucho pero que se encontraba ante un Plácido Domingo que le sonaba raro.
No me extraña.
Usted disfruta con todos los géneros.
Sí.
¿Se encuentra cómodo en cualquiera de ellos?
Sí, sí. Y aunque comprendo que el público que sigue mi carrera operística diga que prefiere escucharme cantando ópera, también espero que ese público entienda que hay música muy bonita por cantar y parte de esa música la he escogido a lo largo de mi carrera. La copla forma parte de esa música, pero ocurre que, precisamente por ser tan popular, lógicamente puede sonar rara cuando esas canciones las interpreta un tenor de ópera. Puedo decirle que esas trece canciones las he interpretado a mi manera.
¿Y cómo es su manera?
Pensando en cómo puedo hacerlo y recordando con todo mi respeto a los que han sido genios de este repertorio. Es pensando en esos intérpretes, muchos de ellos irrepetibles y generalmente mujeres que apasionaban al público, como he grabado estas trece canciones.
A usted le gustaba mucho Juanita Reina...
Mucho, sí. Pero a la que vi más fue a Imperio Argentina.
Esa versatilidad para adaptarse a su manera a todos los géneros ¿le requiere mucho esfuerzo o es algo natural?
Algunas cosas te pueden costar más que otras, pero es un hecho que yo me lo paso muy bien cuando estoy grabando, sea lo que sea, porque pienso en el público al que va dirigido ese trabajo y aspiro a que le guste. Y le diré más: incluso disfruto muchas veces sin pensar en el público porque mientras grabo lo hago pensando que ese trabajo lo dejo como testamento artístico de algo que he abarcado porque me ha gustado hacerlo.
La copla opina usted que es un género más andaluz, y el pasodoble, más madrileño.
Así es.
¿Y el cuplé de dónde es?
También quiere ser bastante madrileño.
¿Y el bolero?
Creo que viene de América Latina y desde allí toma fuerza y se esparce por el mundo. México, Cuba, Venezuela y Colombia son países con muy buenos boleros.
La copla es un género que casi siempre interpretan mujeres. ¿Por qué?
Quizá porque en la época en la que se escribieron las mejores letras para coplas la mujer casi siempre seguía siendo la víctima de abusos por parte de los hombres. Por eso casi todas las letras de coplas hacen referencia a las penas, los sufrimientos que un hombre causa a una mujer, aunque en algunos casos hay dos versiones de la historia, con el cambio de texto consiguiente.
Manolo Escobar me dijo: “De hombres, sólo mi menda se atreve a cantar coplas”.
¿Dijo “mi menda”?
Sí. Dijo “mi menda”.
Qué gracia. “Mi menda...” De Escobar más que sus coplas recuerdo sus pasodobles. Y era estupendo como los cantaba.
Usted considera que zarzuela, copla y flamenco son el tridente de la música popular española más reciente. Con lo de más reciente ¿quiere decir que hubo algo antes?
Lo hubo. Tenemos la música de Corte, la de Soler... Hay una larga tradición de música clásica española que no ha pasado a ser tan conocida. El mundo sinfónico español, no nos vamos a engañar, desgraciadamente no tiene el poderío de casi ninguna de las grandes naciones europeas. No tenemos ni los Brahms, ni los Beethoven, ni los... ¿Ha pensando usted en la gran cantidad de compositores que ha dado y da Rusia? Creo que Rusia quizá sea el país que tiene más compositores de renombre. Más que Alemania. ¿España? Tiene un tipo de música hecha por buenos compositores contemporáneos de Mozart que no llegaron a sobresalir demasiado.
Del tridente, ¿la zarzuela es lo más serio?
Musicalmente es más clásica que la copla o el flamenco, géneros para públicos más populares.
Usted define la copla como un género que “cuenta una historia de tres o cuatro minutos y a través de ese texto y de la música trata de llegar profundamente a la gente”. Esa historia, añade, “hay que sentirla con pasión”.
Exacto. No hay que olvidar que escribiendo coplas tuvimos a poetas como Rafael de León, gente que sabía llegar al alma con pocas cuartetas:
Ojos verdes, verdes
como la albahaca,
verdes como el trigo verde,
el verde, verde limón.
Casi siempre contando historias de amores trágicos...
Son historias sobre pasiones: el amor, el desamor, la muerte, los celos, el dolor, la soledad, la angustia, el orgullo, el rencor...
La vida misma, vamos...
Sí. Pero con un toque poético. Por eso defino a las coplas como minióperas.
¿La copla es menos trágica que el tango?
Más o menos. Todo este tipo de música va por el mismo camino.
¿También el fado?
Lo veo como más vocal. Dentro del repertorio popular, el fado podría ser el barroco, porque tiene muchos giros, muchas dificultades técnicas.
Usted es un estudioso de todo tipo de músicas...
Porque me gusta. Porque la siento. Sólo a partir de eso puedes tratar de llegar con tus sentimientos a través de unas palabras. Porque no se ha de olvidar que las palabras son tan importantes como la música.
Manolo Vázquez Montalbán afirmaba en su Crónica sentimental de España que a través de las coplas podía hacerse una radiografía de la España popular, la de la calle.
¿Por qué no? Los escritores que se dedican a contemplar y escuchar el rumor de la calle suelen acertar.
¿Usted contempla y escucha ese rumor?
Ya lo creo que contemplo y escucho ese rumor que viene de la calle. Y leo. Siempre lo hice, salvo los últimos años, en los que me he tenido que dedicar a estudiar muchas óperas nuevas y sólo he podido leer cosas relacionadas con lo que estoy preparando.
Que la copla pase de rural a urbana, como la sociedad española, la ha popularizado. ¿La ha empobrecido también?
Depende del argumento. Si, por ejemplo, cantamos...
(y ha cantado)
En una casita chiquita y muy blanca,
camino del valle de Santa María,
habita una vieja muy buena y muy santa,
muy buena y muy santa que es la madre mía.
... Vamos a decir que esa letra ya lleva una línea no tan regional o tan fuerte como puede ser cantar...
(ha vuelto a cantar)
Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro, compañero.
(Llegado a este punto Plácido Domingo ha puesto tal pasión en su voz y en sus gestos –su mano izquierda, abierta y tensada; su cabeza, erguida; su mirada con repentina dosis de fiereza– que parecía estar en la calle o el escenario viviendo el drama.)
Que se me paren los pulsos
si te falto alguna vez.
... esa ya es una historia que nos lleva a una Andalucía en la frontera del drama rural. Pero junto a ese tipo de letras hay unas coplas con textos diría que más urbanos, menos extremos, y un tipo de melodías más apacibles.
¿Usted es hombre de pasiones?
Sí (responde con tono de voz y gesto apasionados).
¿Pasiones fuertes?
Normales. Siempre digo que hay que reservar para el escenario las pasiones desenfrenadas y la pasión controlada hay que tenerla en la vida.
Las operísticas son tremendas.
Sí. En el escenario de un teatro operístico vives pasiones muy superiores a las de la vida real.
Volviendo al folklore, ¿vale todo ante el turismo? ¿Se corre el riesgo de una falsificación de lo auténtico?
Diría que se están quebrantando algunas reglas que todos conocemos. Miremos el toreo. ¿Estilo sevillano, estilo rondeño o estilo triunfar como sea? El estilo sevillano es más alegre, en tanto que el rondeño tiene más hondura. Pero si se hacen bien, los dos estilos son buenos. Lo malo es el toreo que busca el triunfo por la vía efectista, vacía de hondura, fácil. En lo que respecta al folklore, todo el mundo se vuelve muy exigente, pero es cierto que se producen mixtificaciones. Volvamos los ojos al flamenco. ¡Hay tantas posibilidades, tanta gente que lo lleva en la sangre...! En Andalucía no hay mujer que en cuanto baile unas sevillanas, no importa como sea, no se sienta guapa tan sólo por mover sus manos. Hay gente que baila un flamenco clásico y hay gente que lo vulgariza. Eso mismo pasa con el fado. Tengo un recuerdo imborrable de la vieja Lisboa. Déjeme contárselo... Fui a cenar a un restaurante en el que servía una señora que no parecía gran cosa. Pero se apagaron las luces, y aquella señora de aspecto humilde se transformó en una cantante excepcional de fados. Lloré escuchándola. Nunca olvidaré la congoja que me produjo la voz de aquella mujer, su sensibilidad, su técnica, su pureza... ¿Cómo es posible?, me pregunté cuando se encendieron las luces y la mujer volvió a transitar por las mesas sirviendo y retirando platos. Junto a ese milagro coexiste en Lisboa, en Sevilla, en Madrid, en cualquier ciudad del mundo, un folklore falsificado para consumo turístico. Para la gente sensible, culta, que busca lo auténtico, en esa diferencia está el todo.
De los grandes cantantes y directores de orquesta me ha fascinado saber si en algún momento se han sentido elevados a lo que podríamos llamar éxtasis.
Hay momentos.
Deben de ser pocos.
Pocos, pero los hay.
¿Y qué se siente en esos momentos?
Que estás cerca de lo que yo pienso sobre cómo quiero o quisiera cantar o dirigir una orquesta. Experimentas una gran emoción. Casi te olvidas de que están cantando o dirigiendo sobre un escenario.
Y en un momento dado, de repente, ese momento fugaz de éxtasis se va...
Sí.
¿Y cómo se regresa a la normalidad?
Como cantante, siendo consciente de que estás dando vida a un personaje y has de acabar de contar su historia.
Luego, a recuperarse en el camerino...
No se puede recuperar uno en el camerino. Siempre digo que me quedaría dormido si entrase en el camerino tras una papel dramático en el que he muerto en escena y esa muerte me ha dejado extenuado pese a ser de ficción. Pero tienes que saludar al público, y al hacer eso te has salido del personaje. Y cuando, tras saludar, entras en el camerino y te sientas ante el espejo, conforme vas desmaquillándote el personaje va desapareciendo, y cuando ya eres tú el que sale del teatro en la puerta, te esperan cien personas... No. El camerino no es un lugar para relajarse tras una función.
Como director de varios teatros de ópera, ¿le ha sido difícil tratar con los egos de los cantantes contratados?
No, por una razón: creen que van a encontrarse con una persona más egocéntrica que ellos y al tener que vérselas con alguien normal rebajan rápidamente su ego. Soy una persona que puede entender los problemas o las inseguridades de un artista, pero el ego lo entiendo menos. Por eso, el que viene con exigencias a las óperas que dirijo no vuelve. Se acabó.
En las orquestas deben de confluir decenas de egos.
Las orquestas están formadas por grandes músicos, y hay que pensar que las de calidad son grandiosas en su conjunto, pero no se ha de olvidar que cada uno de los elementos que forman parte de esas orquestas quiso ser un solista.
Es el ego que Fellini recogió en su Ensayo de orquesta.
Sí.
¿Y...?
Por elección, porque por diversos factores no pudieron salir adelante como solistas, se quedaron en una orquesta. Hay que entender la psicología de esos músicos. Se les ha de querer mucho, se les ha de tratar bien y se ha de pensar que raramente las grandes orquestas cometen errores que no sean una nota falsa. Se ha de tener humildad y pensar que una gran orquesta la forman ciento y pico de músicos, y si la orquesta entra mal, no hay duda de que la culpa es del director.
En el texto que acompaña al DVD de Pasión española, escribe que muchos músicos que arropaban a las cantantes de coplas en orquestinas nocturnas trabajaban durante el día en orquestas sinfónicas...
¡Ya lo creo! Y sigue pasando. En muchos países, la necesidad económica es tremenda, y eso lleva a los músicos a múltiples trabajos. De la orquesta sinfónica que tenemos en Los Ángeles forman parte muchos músicos que trabajan para estudios cinematográficos grabando las bandas sonoras de las películas.
¿Ha hecho usted lo que quiso hacer?
He hecho en mi vida mucho más de lo que pude pensar que haría. Desde luego que sí. No me puedo quejar.







