01/02/2009

“Maestro es el que es capaz de tener discípulos mejores que uno mismo”

Texto de Núria Escur
Fotos de Pedro Madueño
El doctor Ciril Rozman es uno de los grandes referentes internacionales de la medicina. Continuador de la labor pedagógica que inició el doctor Farreras en 1929 con su tratado de medicina interna, el Farreras-Rozman sigue siendo un libro fundamental para estudiantes y licenciados. De origen esloveno y vida azarosa que le condujo a Barcelona, el doctor Rozman está considerado un maestro por varias generaciones de médicos.

El proyecto ha puesto de acuerdo a setenta profesionales para loar la figura del maestro Rozman. Él le llama, cariñosamente, "proyecto pre-póstum".

Ciril Rozman. El reto asumido (Ed. Fundación Medicina y Humanidades Médicas).

¿Cómo se lleva ser una referencia para varias generaciones de médicos?
He sido muy tozudo. Supongo que mi manual –más que yo– ha sido referencia. Cuando empecé a elaborarlo no tenía mucho prestigio. Más de una vez Farreras me pidió que, a su muerte, lo continuara yo. Y lo fui perfeccionando… hasta hoy. La historia ha demostrado que todos los libros de medicina que pasan de dos volúmenes… mueren.

¿Cómo?
¡Todos! Por eso a veces he añadido una boutade: “Es más importante la extensión que el contenido”. Una vez invité a colaborar a un autor, le pedí 10 páginas y me envió 100. Le contesté: “La próxima vez no te lo pediré”. La selección es esencial. Estoy orgulloso, sé que es un resumen que muchos tienen sobre la mesa. Una doctora me dijo que en su familia
–llena de vocaciones religiosas– a mi libro le llamaba “mi breviario”.

Es un hombre de fe. ¿Se equivocan quienes creen que el científico debe ser agnóstico por definición?
Hay dos tipos de científicos. Unos son muy religiosos porque entienden que el mundo es tan complicado que debe existir una fuerza superior. Hace poco me sorprendió leer al catedrático de Física Jou, poeta y muy religioso. Yo no estoy a favor de una religión radical sino del diálogo interreligioso. Mire, cuando uno está en Jerusalén, entre las murallas, se encuentra con la coexistencia de varias religiones monoteístas, que tienen mucho en común… Yo he asistido allí a una misa con los franciscanos y la hoja diocesana estaba escrita en letras árabes.

¿Alguna vez ha visto una curación que escape al razonamiento científico?
Tengo una anécdota respecto a eso. Una vez me vino a visitar una paciente. Tenía programado entrar en uno de los grandes hospitales públicos de Barcelona para empezar un tratamiento de quimioterapia intensiva con trasplante. Yo le dije: “No vayas, que no tienes nada…”. Al año me visitó una monja y me explicó que estaban trabajando en la beatificación en Madrid de una mujer y querían investigar si había milagro en una de las curaciones que se le adjudicaban: la de aquella chica que yo atendí. Y yo les contesté: “Mire, aquí el único milagro fue que viniera a verme el día antes de hacer una locura”. No, yo no he visto curaciones sin explicación científica.

¿Por qué escogió la hematología?
Por herencia. La Clínica Médica del doctor Pedro Pons –el gran papa de la medicina– era de gran prestigio. Las clínicas universitarias eran pequeños hospitales. Ya habían nacido algunas especialidades, pero nadie que se dedicara a la hematología. Él entendió que debía desarrollarse y viajó a Suiza, a Alemania… y le seguí.

En ese campo, ¿qué avance quisiera estar a tiempo de ver?
¡Veremos muchas cosas! Cuando empecé la carrera, de leucemia aguda no se curaba nadie. Cero. En el 2009, se curan con quimioterapia y/o trasplante en torno al 80% de los niños y cerca del 50% de los adultos. Es un progreso brutal. Trabajamos para que se curen todos.
 
¿Qué parte de responsabilidad tiene en la curación de su paciente más famoso, el tenor Josep Carreras?
La justa. Sigo teniendo una relación entrañable. Gran persona, además de artista de fama internacional, se dedica mucho a su fundación internacional. También en la sede de Alemania. Hemos conseguido traer dinero para nuestra causa, muchas unidades de trasplante. Y el mejor banco de España de cordón umbilical, gracias a esos recursos.

¿En qué grado le preocupa la ética? ¿O conceptos que se repiten, como el encarnizamiento hospitalario?
Muchísimo, muchísimo, en extremo. Uno de mis últimos artículos trata sobre la vocación de médico. Para los clásicos sólo existían dos vocaciones: la de sacerdote y la de médico, porque el compromiso se juraba ante los dioses. El médico debe tener un gran respeto por los principios éticos en situaciones concretas. Conflictos e intereses en la investigación, trato con familiares… los médicos debemos ser cuidadosos con eso.
 
¿Cómo reza el párrafo que gusta citar de Diego Gracia, experto en bioética?
El médico es buen médico cuando actúa de modo éticamente correcto. Puede ser un médico malo aunque no sea un mal médico. Si no respeta los principios éticos, no es nada. Así que, como decía un internista alemán: “Sólo un hombre bueno puede ser un buen médico”.

Nos enseña una foto, sus bodas de oro, celebradas en Montserrat. Aparece toda la familia menos dos de sus siete hijos, los gemelos (“tienen una disminución psíquica grave”), y la fiesta la propuso un interno en Medicina que después se hizo monje. Rozman recuerda que su esposa también empezó Medicina. “Pero la dejó para casarse conmigo. Creo que no se arrepintió. Tuvo siete criaturas y levantó una familia, lo que ha sido muy complejo.”

Me consta que algo le desasosiega en la actitud de los médicos de hoy.
Muy sencillo: cuando yo empecé primaba la cultura del esfuerzo. Me preocupa que los médicos insertados en la cultura del ocio ya no son sólo los veinteañeros, ahora ya ha llegado hasta los de 35 y 40. Hace poco, un jefe de servicio de otro hospital me decía: “Los médicos jóvenes me critican porque me quedo más horas de las que me tocan, fuera de mi horario, me dicen que doy mal ejemplo”. Yo creo que el modo de salir de la crisis es volver a la cultura del esfuerzo. Esto es crucial.

¿En la medicina también prima el valor del dinero fácil?
Sí. Pero fíjese en otro cambio: la feminización de la medicina. No es algo políticamente correcto de analizar. La mujer que intenta hacer coexistir su profesión con su vida familiar a la fuerza recibe un castigo por uno u otro lado. La mujer es más idealista que el hombre y por eso se ha dedicado más a la medicina. El hombre se volcó en carreras que dieran más dinero.

¿En qué ha repercutido eso?
Para la medicina es bueno porque la mujer es más responsable. Son más estudiosas, pero si quieren dedicar tiempo a su familia, acaban cojeando en investigación. Por mí han pasado muchas promociones de jóvenes médicos y, siempre, ellas han sacado mejores puntuaciones, pero luego no se han podido dedicar tanto.

¿Cuántas tesis doctorales ha dirigido?
Más de sesenta. Algunas, desde el punto de vista administrativo. Dirigí la del doctor Valentí Fuster, que ahora es muy mediático. Y, entre otras cosas, ¡le enseñé a tomar la presión arterial! Bromeamos con eso. Yo digo que ese acto resume mi currículum vital en cardiología. Él duerme menos que yo. Creo que yo duermo más y peor.

Leyendo su currículum real, tan denso, parece que haya dos vidas en una.
Eso hay que tomarlo con cierta reserva, con moderación. Estos homenajes siempre tienen aspectos hiperbólicos. En vida, se prestan mucho a no ser objetivos. Mi esposa me dice: “Bueno, esta es la cara. Ahora deberían publicar la cruz”.

¿De toda su trayectoria, de qué se siente más orgulloso?
Nunca tendí a un sentimiento de satisfacción excesivo. Siempre intenté estar contento con lo que me tocara. Y creo de verdad que, a veces, la gente no es feliz porque se pone unas metas demasiado altas. No me siento muy orgulloso de nada en especial, pero estoy contento del equilibrio final. Y de haber creado escuela, de que me sientan como maestro. Porque un profesor que da clases no es un maestro. Es maestro el que es capaz de tener discípulos mejores que uno mismo. Yo me siento orgulloso de ellos.

En las clases, usted les repetía: “Deben ustedes aprender a aprender”.
Es crucial. Ahora se discute mucho sobre Bolonia y el espacio universitario común. Nuestros planes de estudio están mal. En Medicina, nuestros estudiantes pasan seis cursos… ¿para aprender Medicina? No. Para pasar el MIR. Y el MIR es algo puramente cognitivo, un examen que habría que eliminar. Ser médico es mucho más: hay que tener actitudes, habilidad, explorar, adquirir un aspecto ético. Deberíamos implantar nuevos planes de estudio. Sólo si has aprendido a aprender por ti mismo sigues interesado en los avances, en reciclarte. Porque vive en ti el espíritu ético de avanzar.

¿Usted cree más en el médico integral que en el especialista?
Los especialistas son muy necesarios, básicamente porque son los que permiten progresar en medicina Pero si quieren visitar enfermos, deben conservar una parte de troncalidad. Yo no acepto que un médico diga “esto no es de mi incumbencia”.

¿Qué decirle?
Este no debe ponerse delante de un enfermo. El médico, sea neumólogo o cardiólogo, da igual su especialidad, debe ser capaz de hacer una primera visita de un enfermo no clasificado previamente por un diagnóstico. La medicina interna, primaria, es crucial. Porque muchas veces el proceso de lo que te explica el enfermo está a distancia, a kilómetros, de lo que realmente le ha ocurrido. Muchos de mis pacientes tenían la causa de su enfermedad muy lejos de la razón por la que se quejaban. Lo he explicado muchas veces: “No se puede visitar por trozos”. El hombre, desde el punto de vista biológico, no es una suma de sistemas. Es una unidad.

¿Cómo espera que sea el resto de su vida?
Vamos a ver... He cumplido 79 años, no lo escondo. Me encuentro en buena forma física y mejor mental, y mi agenda está tan llena que aún tengo que rechazar actos. Estoy dispuesto a morir cualquier día.

...
Encantado de morir, porque es algo que tampoco tiene tanta importancia, vivo tranquilo, al día. Y cuando llegue… pues bienvenida sea. Que me juzguen con caridad.°

Entrevistas anterior 1 | 2 |
de: María García Carrasco | 31/03/2009
Necesito urgentemente una consulta con el doctor Rozman, ¿dónde tengo que llamar? Quiero ir rápido, ya que es muy urgente. Gracias, me han dicho que hay consultas privadas en el Clinic.
de: Francisco Quintana Carrasco | 01/03/2009
Recomiendan los místicos orientales, para vacunarse contra la soberbia: "Sé humilde para alcanzar la sabiduría; y sé todavía más humilde cuando la hayas alcanzado". Mi recordado y buen amigo, el poeta José Jurado Morales, escribió: " Bien vale en esta vida el intercambio/ del fruto del pensar, entre los seres./ Ofrecer al que sufre la palabra/ que le ayude a barrer dolor y pena". Creo que estas nobles premisas, de humildad y compasión, debe tenerlas presentes un buen médico frente a su paciente. Usted, dr. Rozman, las acredita con creces. Salud y larga vida para tan honorable ser humano.
de: Isabel Marín Gomila | 18/02/2009
El profesor Rozman es un ser extraordinario. Tengo un mieloma múltiple y me orientó hace cinco años en manos de quien debia ponerme. Es obvio que le hize caso y aquí estoy. Le visito una vez al año, ya que sólo con verle y tener el privilegio de ecucharle me dá fuerzas para seguir luchando. Hay personas que se levantan todos los dias pensando en hacer el bien y trabajar para mejorar nuestra salud, ellos hacen que creamos en los seres humanos. Gracias a todos saben que tienen nuestro eterno agradecimiento.
de: Guillermo Santos | 14/02/2009
Me ha encantado. Cuanta humildad, sentido común y conocimiento juntos. Verdaderamente es un maestro. Gracias.
de: Joan Barri | 03/02/2009
Fui su alumno a principios de los años 70. Gran ejemplo de médico y persona. Me hizo apasionar por la medicina más de lo que ya estaba. Siempre dispuesto a recibir y escuchar a cualquier estudiante. Nos ayudó mucho en un problema que tuvimos con unos exámenes. Sigo consultando su libro muchas veces. Por favor, no se retire nunca. Si le quiere jubilar algún ingnorante de gestor avíseme que iré a protestar. Un gran abrazo. Gracias por todo.

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