13/09/2009

John Forbes

“La locura es un sueño del que se puede despertar”

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
John Forbes Nash estuvo 25 años fuera de la realidad. Su esquizofrenia le alejó de la racionalidad, pero de vuelta a ella recibió el Nobel de Economía y consiguió –y sigue en ello– traducir a lenguaje matemático una amplia lista de complejas relaciones humanas. Muchos le conocen por la película Una mente maravillosa, para él una buena historia de ficción, aunque sabe que su excepcional cerebro le ha ayudado a dar grandes pasos en el conocimiento.
“Me curé ignorando las voces. Las oía, pero llegó un momento en que ya no les hacía caso, hacía con empeño otras cosas”

Le llaman conservador.
Mmm… Confundir las aportaciones de la ciencia con la ideología política no es un procedimiento correcto. Mi trabajo como científico es contribuir al conocimiento general de cómo nos relacionamos entre nosotros. En cierto sentido, es como lo que hacía Maquiavelo en El príncipe, no es que aquellos fueran sus principios morales, es que se limitaba a describir cómo funcionaba la política de su época. Mis teorías intentan explicar, en el campo político, cómo funcionan las cosas de verdad. Pero, en estos temas, todos somos muy ingenuos: la gente clasifica a unos como buenos y a los otros como malos, satanizándolos, y, a partir de ahí, basa todas sus opiniones. Si yo analizo cómo se negocia a partir de movimientos de amenaza, no estoy afirmando que la amenaza sea moralmente buena o mala, estoy observando que se da en el trato entre personas y explico cómo funciona.

Pero usted es reivindicado por los conservadores, o por los liberales, por su defensa del individualismo y de un cierto egoísmo con efectos positivos en la comunidad.
No hay que confundirse, yo no soy fiel a ningún partido. No soy culpable de las manipulaciones interesadas que otros hacen de mis principios científicos. Simplemente he descrito a través de ecuaciones cómo un conjunto de individuos en el que cada uno intenta obtener su máximo beneficio o eficacia pueden acabar comportándose de una manera en que todos salgan beneficiados. Les voy a escribir una fórmula mía en la pizarra: ¿ven?

Ejem, ¿qué significa?
Es el comportamiento de tres personas que cooperan entre sí, aunque en realidad ellos están en un plano de competición. Esto es lo que han llamado el equilibrio de Nash: cómo un juego no cooperativo puede desembocar en un punto de equilibrio en el que todos ganan. Antes, se decía que para que uno gane otro ha de perder.

¿Obama es algo nuevo?
Sí. Es un gran cambio. No propiamente una revolución, porque ha accedido al poder siguiendo escrupulosamente los procedimientos constitucionales y no ha llevado a la cárcel al gobierno anterior, ¿verdad? Es una persona que ha provocado una apertura y creado un nuevo juego, con unas nuevas normas, pero sin heridos ni muertos. Su intención es realizar algunos cambios profundos, para los cuales no sé si está este país preparado.

Usted obtuvo el premio Nobel de Economía tras haber superado su enfermedad. ¿Cuál es la lección?
En términos de enfermedad mental, mi historia contiene una clara lección: la locura es un sueño del que se puede despertar. Y no es una cuestión de tomar los medicamentos correctos. Si te atiborras de pastillas, no te recuperas y acabas dependiente de esas medicinas, te conviertes en un adicto a los medicamentos.

Pero es muy peligroso dejar de medicarse…
Hay que estudiar seriamente en cada caso concreto cuál es la alternativa a los medicamentos. En la esquizofrenia paranoide, es muy importante la edad en que se declara, la profesión, los años que tenía el enfermo cuando le vino la primera crisis… Mucha pastilla no es buena, aunque a veces al principio no hay alternativa. Con los años, podríamos encontrar una droga mejor para la esquizofrenia, que funcionara como la que toman los enfermos de tuberculosis, y entonces sería perfecto, todos defenderíamos la droga. Pero, en las enfermedades mentales, no hemos avanzado mucho y, todavía hoy, los medicamentos crean muchos problemas. Es más: los mismos diagnósticos no están claros, porque hay cosas que no son exactamente esquizofrenia o trastorno bipolar sino que presentan elementos de ambas, como mi hijo. Es todo muy reciente, la palabra esquizofrenia data tan sólo de 1908. Estadísticamente, no es tan raro que alguien deje de padecer una enfermedad mental y vuelva a razonar de un modo normal, como a mí me sucedió. Antes sucedía muchísimo más, cuando no existían los tratamientos médicos, cuando no se medicaba a los enfermos con drogas tan fuertes…, había más casos de retorno. Lo que nos dicen las estadísticas es que, desde que se inició el tratamiento con drogas hasta hoy, no ha aumentado el porcentaje de personas que se recuperan de las enfermedades mentales hasta un punto en el que puedan vivir sin drogarse. La sociedad considera aceptable drogar a los enfermos de esquizofrenia, que vayan medio dormidos y que engorden de modo considerable. Pero no es algo tan bueno si se mantiene por un periodo de tiempo muy alto, porque si cada vez gana usted más peso eso va a repercutir desfavorablemente en su salud, tendrá problemas cardiovasculares y una vida más corta.

Usted ha vivido los momentos más altos tanto en el pensamiento racional como en la irracionalidad. ¿Cómo ha vivido ese contraste?
Hubo un momento en mi vida en que pasé del pensamiento racional y científico al pensamiento alucinatorio propio de mi trastorno. Durante mi locura, sentía que había sido investido de una importante misión; del mismo modo que Mahoma era el profeta de Alá y transmitía sus mensajes, yo me veía a mí mismo como mensajero de alguien superior, en un mundo repleto de partidarios nuestros y también de enemigos, que me perseguían. Creía que el Papa de Roma y los comunistas conspiraban contra mí. Creía recibir mensajes cifrados de los extraterrestres a través de las páginas del The New York Times, me fui a Europa pidiendo asilo político. Caí enfermo en 1959 y me divorcié de Alicia en 1963, aunque nos volvimos a casar en el 2001; yo, gracias al Nobel, ya tenía una buena posición…

Pero ¿cómo se curó? ¿solo?
Ignorando las voces. Las oía, pero llegó un momento en que ya no les hacía caso, hacía con empeño otras cosas. Me harté del pensamiento irracional y lo combatí con fuertes dosis de pensamiento racional: hacía cálculos, operaciones, etcétera. Decidí rechazarlas: “Ya podéis hablar, ya, que yo voy a lo mío”. La consecuencia de ignorarlas como si fueran un sueño fue que al final desaparecieron.

Usted dijo que “la cordura es una forma de conformidad”. ¿Lo sigue creyendo?
Sí, lo es. Cordura tiene que ver con ser normal, es decir, ser como los demás. Si cordura es normalidad, locura significa anormalidad, los libros de psicología señalan eso. Y normalidad y conformidad son conceptos extraordinariamente cercanos. La conducta normal es una conducta conformista. Yo he vuelto al pensamiento racional científico, afortunadamente, pero ello no es una fuente de alegría similar a la del ciego que recupera la vista porque también me doy cuenta de que el modo en que nosotros razonamos ahora impone unas limitaciones notables en cuanto a la conexión de uno mismo con el cosmos.

Las personas que hacen grandes cosas ¿no son nunca normales?
Existen diferentes grados de anormalidad. No podemos considerar meramente la anormalidad como un síntoma de excelencia. Yo, por ejemplo, si no me hubiera salido tanto de la norma, a lo mejor no habría enfermado, pero también es cierto que existe una conexión clara entre la anormalidad y el pensamiento creativo. No habría sido tan buen científico sin ello. Uno puede tener una vida exitosa y ser absolutamente normal, mediocre. No fue el caso de Van Gogh, ¿verdad?

¿Qué consejo daría a los jóvenes estudiantes?
Que encuentren la felicidad en realizar la actividad académica en sí, que esta no dependa de los resultados, a menudo tan pendientes del azar y de elementos que escapan al control de una persona. En mi caso, uno de los descubrimientos que me hicieron ganar el Nobel no me sirvió en su día ni para obtener una plaza de profesor. Y les diría que se arriesguen, porque en la ciencia sucede igual que en los negocios: si te la juegas y ganas, el beneficio es espectacular; el descubrimiento, mayúsculo. Por esa razón, no deben temer al fracaso, no es algo negativo, es un paso más hacia la solución del problema, no deben desanimarse ante un fracaso. Que piensen que tener éxito haciendo lo que hace todo el mundo resulta, al final, un no éxito. No se trata de hacer mejor lo mismo que otros ya hacen, no, se trata de hacer otra cosa. Nadie es el mejor sin arriesgar. Y lo importante no es ir a clase, ni los exámenes, sino trabajar y pensar por sí mismos. Que extraigan el conocimiento directamente de la observación del mundo, no de lo que dicen otros. Aprender cosas de segunda mano ahoga la creatividad y la originalidad.

¿Qué impacto tuvo el Nobel en su vida?
Enorme. Ya no trabajaba, en aquella época, y volví a cotizar a la seguridad social.

Stephen Hawking afirmaba no hace mucho en este Magazine que cree en la vida extraterrestre. Usted, que pasó años oyendo y viendo cómo le enviaban mensajes, ¿qué piensa ahora de ello? ¿Existen?
Para saberlo, tendríamos que salir a explorar mucho más lejos de lo que hemos llegado hasta ahora, darnos unos paseos por lugares del espacio a los que jamás hemos llegado. No hay nada claro al respecto. Todo son profecías, elucubraciones, pero nos falta el trabajo de campo. Sin trabajo de campo, no hay conocimiento científico. En los últimos 40 años, nos hemos limitado a pisar una vez la Luna, eso es un triste balance. Yo creo que sí debe de haber elementos de vida en algún lugar del espacio, pero de lo que no estoy tan seguro es de que se trate de vida inteligente. Decirle que sí o negárselo no serían afirmaciones racionales. Es un tema de probabilidad: según las matemáticas, no es imposible que si usted sienta infinitos monos ante una máquina de escribir un día uno no le escriba Hamlet.

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de: Ramon Valencia Aquino | 21/01/2010
Me gusto mucho ese consejo a los estudiantes. Ojalá se incluyera en los textos de los libros de educación en México y ojalá le entiendan nuestros profesores.
de: Harold Kuhn | 30/09/2009
The following text is completely false: "Sylvia Nasar (...) me había prometido que, cuando tuviera redactado el libro, me lo daría a leer antes de su publicación, por si hubiera cometido algún error y este pudiera ser rectificado antes de la imprenta. Ese era el pacto. Y se lo saltó. No leí nada hasta que estuvo en la calle..." John Nash refused to have any contact with Sylvia Nash during the period during which the book was written. There was no agreement to let him read it before it was published.
de: Xavi Mira Sánchez | 28/09/2009
¿Porque no nos governará gente con un coeficiente intelectual que se asomara a una cuarta parte a la del grandísimo señor John Forbes Nash?
de: Mª Dolores Pastor | 20/09/2009
Estoy totalmente de acuerdo.
de: José María Álvarez | 15/09/2009
Por fin, alguien que sabe lo que dice.

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