"Cada uno tiene que asumir su responsabilidad en la derrota"
Juan Gelman

¿Alguna vez empuñó un arma que no fuera la palabra?
No, nunca. Mi trabajo consistía en organizar. Y no, nunca maté a nadie. No crea, a veces lo lamento.
¿La poesía es un arma cargada de futuro o un arma cargada de pan duro?
No, la poesía no es un arma. Es resistencia contra el envilecimiento. Cumple un papel esencial, y es que el lector de poesía, como el que escucha música o mira pintura, descubre, gracias al arte, territorios interiores que no sabía que tenía y que por eso no tenía.
La dictadura le buscaba para matarle, la protodemocracia de Raúl Alfonsin quería someterle a juicio por delitos y crímenes de los montoneros, a los que usted perteneció, los montoneros le condenaron a muerte. ¿Cómo hizo para resultar incómodo a tanta gente, tiene vocación de rompebolas?
Sí, creo que sí –se ríe–. Tuve dos condenas a muerte, la de la dictadura y la de montoneros. Fue como las copas de los happy hours, dos por una. Yo tuve mi happy hour de condenas.
¿Por qué los montoneros quisieron acabar con usted?
Me opuse a la llamada contraofensiva militar, un grupo de compañeros estábamos en contra de pasar a una lucha armada que sólo sirvió como pretexto a la derecha para lanzar el terror. La cúpula de montoneros enviaba a la gente al sacrificio. Eso era lo principal, y había que oponerse. Acá, en Europa, los partidos socialdemócratas, que en aquellos años eran dominantes, salieron en mi defensa, y, en una muestra de generosidad, montoneros prometió que no me mataría en territorio europeo. Entenderá usted que esta generosa y pacífica decisión fue un consuelo para mí.
En España, Franco dio un golpe militar, y hubo una reacción que abrió una guerra de más de tres años hasta que la dictadura logró imponerse. En Argentina, en cambio, el golpe del 76 duró apenas hora y media. ¿Dónde estaba el pueblo argentino mientras los militares se instalaban en la Casa Rosada?
En el caso de ustedes, el ejército se dividió. Muchos militares se opusieron al golpe y lucharon para defender la República. En Argentina no hubo esa partición, y además la ciudadanía estaba controlada desde mucho tiempo antes por los alcaldes del conurbano bonaerense, instalados en más del 75 por ciento por la derecha peronista y sindical, por la patronal y por los radicales. Los únicos que no estaban en la conspiración eran socialistas y comunistas. Desde luego, tiene que haber una base social para que un golpe triunfe.
La palabra guerrilla se inventó en España y pasó a todos los idiomas. ¿Sucederá lo mismo con la palabra corralito, inventada en Argentina?
No, espero que no (vuelve a reírse), pero fíjese lo que está ocurriendo con la crisis, el Fondo Monetario Internacional está liderando las políticas. Sucedió lo mismo en Argentina, y esto dio paso a la suspensión de pagos del país y, sí, al corralito. Por lo visto, no aprendemos nada.








