05/08/2007

J.M. Espinàs

“Viajar a pie es el arte de aceptar lo que pasa y la síntesis de muchas historias"

Texto de José Martínez Gómez
Fotos de Carlos González Armesto

J.M. Espinàs

ha cumplido ochenta años, y para celebrarlo ha recorrido una zona del interior de Murcia. Es su vigésimo viaje a pie desde que en agosto de 1956 hizo el primero por los Pirineos. España ha cambiado mucho desde entonces, pero Espinàs sigue siendo el joven octogenario de siempre: vital, abierto a toda aventura cultural, fiel al chocolate y a sus pipas.
“ En mis libros no hay romanticismo sobre el mundo rural; con lo que se ha progresado, ya no puedes hacer literatura de la desesperación”

Ésa ya no es cuestión de técnica literaria.

Ahí entraríamos en terrenos personales. De Cela recuerdo que él mismo me dijo un día: "Soy la General Motors en pequeño".

¿Usted sospecha que a los cuarenta y dos años Cela intuyó que ya no tenía nada que decir?
Eso sospecho, sí. Escribo en mi libro que Cela pertenecía a la generación de Albert Camus y otros notables escritores franceses, italianos, norteamericanos, preocupados por cuestiones políticas, religiosas, éticas, que Cela no tenía. No compartía los interrogantes que a mitad del siglo XX preocupaban e incluso angustiaban a sus colegas. Se sintió intemporal y se refugió en la lengua. Dicho esto añadiría que la mayor apertura mental de Delibes respecto a Cela la discutiría. Es cierto que Delibes es más de una pieza, más coherente que lo fue Cela, pero también es cierto que Cela entendió mejor que Delibes que hubiese gente que pudiese y quisiera escribir en catalán, en gallego o en euskera. Delibes eso no lo entiende. Es un castellano racial, y las otras lenguas son cosas raras que alguna gente habla por ahí. Delibes está tan ligado a su mundo que le cuesta entender mundos distintos. Es el misterio de la complejidad de la naturaleza humana.

Volviendo a la crisis del mundo rural, ¿hay mucha soledad?
No.

¿Cómo analizan los que se quedan que los pueblos se vacíen?
Con cierto fatalismo. A veces te explican que cuando eran pequeños acompañaban a sus abuelos o a sus padres a hacer esto, lo otro, o lo de más allá. Pero son muy conscientes de que antes vivían peor. En mis libros no hay romanticismo sobre el mundo rural. Hace treinta años, en la mayoría de esos pequeños pueblos no tenían electricidad, y las mujeres debían lavar la ropa, destrozándose las manos, en lugares alejados de sus casas. Si piensas en lo que se ha progresado en esos pueblos, ya no puedes hacer literatura de la miseria, de la desesperación. Si quieres ser fiel a lo que ves y lo que te cuentan, a la verdad que te encuentras a lo largo del camino, y yo quiero ser honesto, ese progreso se ha de valorar.

¿Los viejos que se quedan viven la ausencia de los hijos con nostalgia?
Sí, pero también con orgullo, porque han progresado en sus estudios, en sus trabajos. Se da una mezcla de sentimientos sobre los que no puedes aplicar tus criterios personales.

¿En ningún viaje maldijo la idea de iniciarlo?
Una vez. Lo recuerdo perfectamente. A las cinco de la tarde llegué a un paisaje catalán calcinado por un incendio. Era mi primer día de viaje. No había nadie. Sentado a la puerta del café, teniendo ante mi un paisaje desolado, me dije: "¿Y a ti quién te ha engañado? Con lo bien que estarías ahora en Barcelona con tus amigos, ¿qué haces aquí con la única compañía de un perro?". Pero me recuperé del desaliento y ya voy por mi caminata a pie número veinte. Es algo que crea adicción. Como una droga. No programo mis viajes. Me encuentro haciéndolos.

Es curioso: usted venga a caminar a pie por mundos rurales cuando en realidad es un urbanita diría que redomado.
Es cierto. Los paisajes que me gustan son aquellos en los que veo un puente, un pozo, una pared de piedra seca... rastros del paso del ser humano por el paisaje. Un día, almorzando con el filólogo Coromines y su hermano, éste me sugirió que hiciese un viaje por el Pla de Busa. Y Coromines, que me conocía muy bien, dijo: "¿Qué quieres que haga Espinàs en el Pla de Busa si allí no hay nadie?"





Todos los libros de viajes a pie escritos por Josep Maria Espinàs han sido editados en catalán por La Campana, salvo el primero, el viaje por el Pirineo de Lleida en compañía de Camilo José Cela, que editó Selecta. Han sido traducidos al castellano el viaje por Castilla (editado por Salamandra) y los recorridos por Extremadura, Galicia, Andalucía y la Costa da Morte (editados por Edhasa).



Tiempo de lectura (por Antonio Lozano)
La de Josep Maria Espinàs es una forma artesanal de viajar que está en vías de extinción, pero hay otros modelos románticos de acercarse a la diversidad del planeta que ya pasaron a mejor vida. He aquí tres libros que recrean grandes gestas en la cartografía del globo terráqueo, cuando no existían GPS, el mundo desconocido era un extenso y gran enigma y uno ponía su vida en juego al aventurarse en él.

Mundos para explorar
Hubo un tiempo en que había rincones del mundo que escapaban a la cartografía, en que el globo era peinado por máquinas de vapor, caravanas de camellos y globos estratosféricos, en que aventureros románticos abandonaban durante años toda comodidad para aventurarse por el Sahara, la Siberia ártica o las junglas de Borneo. Las páginas de la revista "National Geographic" eran el canal privilegiado con el que el ciudadano de a pie accedía a estas exóticas maravillas. En esta obra se reúnen 54 historias clásicas aparecidas durante los primeros cincuenta años de la publicación, firmadas por figuras como Theodore Roosevelt, Thor Heyerdal, Anne Morrow Lindbergh o Jacques Costeau, e ilustradas con más de cien mapas e impactantes fotografías.
Autor: Mark Jenklins
Editorial: National Geographic
512 páginas. 22 euros.

Hacia los confines del mundo 
El origen del ser humano se dirimió en una tensa expedición científica por Tierra del Fuego, islas Galápagos, Malvinas, Tahití, Nueva Zelanda y Sudáfrica que se extendió entre 1831 y 1836, y tuvo como protagonistas a dos antagónicas personalidades: la del oficial escocés Robert FitzRoy, dispuesto a demostrar la igualdad de los hombres, y la del naturalista Darwin, que maduraría a bordo su revolucionaria teoría de la evolución. Thompson lleva a la ficción el que seguramente fue el viaje más importante de la historia, aquel del navío "Beagle", en la que el maestro Bernard Cornwell ha calificado de "mejor novela histórica que he leído".
Autor: Harry Thompson
Editorial: Salamandra
832 páginas. 24,5 euros.

La conquista del norte
Cuando, a falta de ser pisado por el primer ser humano, aún era considerado "un punto sin extensión, magnitud o grosor alrededor del cual gira el eje terrestre", el polo Norte disparaba conjeturas como que acogía una isla de basalto o un enorme mar cálido. Esta apasionante crónica se vuelca en el desmantelamiento de estas teorías, es decir, en una de las hazañas más épicas de la humanidad: la llegada a los 90° de latitud norte, oficialmente atribuida a la expedición de Robert Edwin Peary en abril de 1909, y que dejó por el camino muchas vidas por culpa del escorbuto, los mares helados y también los delirios de grandeza de exploradores iluminados.
Autor: Fergus Fleming
Editorial: Tusquets
508 páginas. 24 euros.
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de: Xaverio Algarra de la Vega | 03/09/2007
Gracias al Magazine por descubirme a Espinàs. Veremos si está a la altura de D. Ciro Bayo (¡qué injusticia ha perpetrado la España pseudointelectual con este hombre, a quien debe aplicarse el epitafio compuesto por el gran Machado -D. Manuel, claro, que tuvo un hermano que al parecer era también poeta- en recuerdo de Alejandro Sawa!) y de los Baroja (viajes de Ricardo en Gentes de la Generación del 98, de D. Pío en sus memorias). Dejo aparte a Pla, socarrón y telúrico; Cela depende de todos ellos, pero es, en efecto, artificioso. Ya sólo los conocemos cuatro gatos.
23 de noviembre
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