23/03/2008
El fórum del arte
Texto de Llàtzer Moix
Fotos de Duccio Malagamba
Una antigua central eléctrica de Madrid ha sido reconvertida por los arquitectos Herzog & De Meuron en un nuevo enclave cultural que se suma a los prestigiosos reclamos museísticos del paseo del Prado. La sede madrileña de CaixaForum es un edificio que parece flotar sobre el vacío.

Una escalera muy abierta de hormigón blanco une todas las plantas.

Un vestíbulo de aires futuristas conecta con el acceso mediante una escalera construida en acero inoxidable. A la derecha, el acero corten se prolonga sobre el ladrillo visto de la antigua central eléctrica. En el ángulo superior puede verse la chapa perforada imitando los agujeros que hubiera producido una oxidación natural. Con este recurso se consigue una celosía para la cafetería situada en la última planta
El resultado arquitectónico es muy vistoso en el exterior
y esconde en su interior un alarde de ingeniería sin precedentes
CaixaForum Madrid, el nuevo centro social y cultural de La Caixa, es un edificio que, literalmente, parece flotar en el aire. Ocupa el mismo caserón de ladrillo que se construyó a finales del siglo XIX como sede de la antigua central eléctrica de Mediodía, que abasteció de energía durante décadas a la zona sur de Madrid. Pero, tras ser desprovisto de su zócalo, coronado con un casco de acero corten (que duplica su altura) y totalmente reformado, el viejo edificio da la sensación de estar suspendido, levitando.
La magia de esta transformación, presupuestada en 60 millones de euros, se debe a los arquitectos suizos Jacques Herzog & Pierre de Meuron, cuya experiencia previa en la Tate Modern de Londres –otra vieja factoría eléctrica reconvertida en centro artístico– les granjeó el encargo madrileño. Su estrategia fue sencilla: liberar el edificio de ladrillo –que, al estar catalogado, no podía ser demolido y sustituido por otro– de la estrecha trama urbana en la que estaba aprisionado, sustituir una gasolinera que lo separaba del paseo del Prado por una plaza pública y prolongar ese espacio comunitario bajo el edificio, abierto a cuatro vientos. Los arquitectos de CaixaForum han establecido un diálogo con el Jardín Botánico, situado enfrente, mediante un vistoso jardín vertical que ha servido para ocultar una pared medianera contigua que quedaba a la vista. Se trata, además, del primer jardín de estas características plantado en España, integrado por 25.000 plantas de 125 especies distintas que crecen merced a un riego de agua en el que se suspenden los elementos nutrientes.
“CaixaForum parece flotar como una nube –indica Jacques Herzog–, pero lo significativo es que atrae a los paseantes hacia su interior, como si fuera un imán.” “Hemos logrado –agrega Harry Gugger, socio de Herzog & De Meuron y encargado de la dirección de esta obra, como en su día lo fue de la Tate Modern– un edificio con cualidades cívicas, que invita al diálogo y la cultura. Ese era nuestro objetivo, y creo que lo hemos alcanzado con creces.”
La magia de esta transformación, presupuestada en 60 millones de euros, se debe a los arquitectos suizos Jacques Herzog & Pierre de Meuron, cuya experiencia previa en la Tate Modern de Londres –otra vieja factoría eléctrica reconvertida en centro artístico– les granjeó el encargo madrileño. Su estrategia fue sencilla: liberar el edificio de ladrillo –que, al estar catalogado, no podía ser demolido y sustituido por otro– de la estrecha trama urbana en la que estaba aprisionado, sustituir una gasolinera que lo separaba del paseo del Prado por una plaza pública y prolongar ese espacio comunitario bajo el edificio, abierto a cuatro vientos. Los arquitectos de CaixaForum han establecido un diálogo con el Jardín Botánico, situado enfrente, mediante un vistoso jardín vertical que ha servido para ocultar una pared medianera contigua que quedaba a la vista. Se trata, además, del primer jardín de estas características plantado en España, integrado por 25.000 plantas de 125 especies distintas que crecen merced a un riego de agua en el que se suspenden los elementos nutrientes.
“CaixaForum parece flotar como una nube –indica Jacques Herzog–, pero lo significativo es que atrae a los paseantes hacia su interior, como si fuera un imán.” “Hemos logrado –agrega Harry Gugger, socio de Herzog & De Meuron y encargado de la dirección de esta obra, como en su día lo fue de la Tate Modern– un edificio con cualidades cívicas, que invita al diálogo y la cultura. Ese era nuestro objetivo, y creo que lo hemos alcanzado con creces.”

Una escalera muy abierta de hormigón blanco une todas las plantas.
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