27/07/2008
El paseo del arte
Texto de María del Mar Rodríguez
Fotos de Montserrat Velando
Madrid ha convertido el paseo del Prado en el epicentro de un despliegue cultural de primera magnitud. El propio museo del Prado, junto al Thyssen, el Reina Sofía y CaixaForum encabezan una oferta museística de valor incalculable que acabará por formar una unidad a lo largo del eje Prado-Recoletos

El museo del Prado, desde el paseo al que da nombre, que se ha convertido en un auténtico escaparate artístic
Hay una sensación extrañamente agradable de que algo único habita en este paseo. El arte ocupa cada palmo de realidad. Su presencia se alza por encima del gentío, del calor, del ritmo de la ciudad, del intenso tráfico y del ruido. Ese aura especial que desprenden sus obras maestras imprime a la avenida un carácter excepcional y universal que trasciende las circunstancias del presente y contagia al visitante. En general, se percibe un aire de satisfacción compartida por saberse en el único lugar del mundo donde se puede contemplar en una misma mañana Las Meninas, el Gernika y el retrato de Giovanna Tornabuoni. Sobre estas aceras desgastadas se siente este privilegio democrático del que disfrutan personas de toda condición, venidas de todos los rincones. Y cada vez son más. El Museo del Prado abandera una zona museística excepcional en el corazón de Madrid que ha multiplicado por diez su número de visitantes en los últimos años. Más de cinco millones de personas cruzaron las puertas de sus principales centros el año pasado: 5.200.000, más concretamente.
Como si Finlandia o San Petersburgo quedarán completamente desiertos y todos sus habitantes peregrinaran en masa por estos espacios. Pero por encima de las grandes cifras, las pinacotecas se esfuerzan al mismo tiempo en proporcionar “encuentros íntimos entre el visitante y la obra de arte”, explica el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza. Ahora se trata de procurar una experiencia placentera, única, casi personal, de quien, como Monet frente a Goya, como Alberti frente a Velázquez, se encuentra por primera aquí con el lenguaje de estos grandes maestros.
Esta tensión entre conseguir afluencias millonarias y proporcionar experiencias personales para poder disfrutar conforma una de las síntesis buscadas en el paseo.
Pero no es la única. Sin dejar de mirar a su espléndido pasado, sus protagonistas ambicionan entrar con decisión en el futuro. Liberado de pesimismos ancestrales, se percibe modernidad, dinamismo y energías renovadas. El resurgimiento del emblemático eje cultural no sólo ha traído más visitantes e inquietudes; también nuevos materiales nunca vistos, edificios que levitan, noches en blanco, riadas de noctámbulos con ganas de empacharse de arte, actividades sociales, ciclos de cine, franjas horarias gratuitas, jardines verticales que trepan al cielo abierto. El paseo se ha llenado de estrellas, y es difícil distinguir por ahora si ha cumplido el sueño renacentista de Villanueva o se ha sucumbido a los cantos de sirena de la era de los grandes acontecimientos mediáticos. “La ciudad vive un momento feliz”, proclama Jean Nouvel.
Como otros arquitectos de primera fila, el último premio Pritzker ha dejado su impronta en el proceso de ampliación y renovación de los equipamientos culturales del Paseo del Arte. Moneo ha hecho lo propio con el Prado; los jóvenes arquitectos catalanes del estudio Bopbaa trabajaron en el Thyssen. Hace un lustro, la vieja central eléctrica del Mediodía era un nido de ratas; hoy es el singular edificio de Herzog & De Meuron erigido para albergar la sede madrileña de CaixaForum. Álvaro Siza y Juan Miguel Hernández de León trabajan desde hace años en la reordenación urbanística de todo el paseo. En definitiva, algunos de los mejores arquitectos del mundo se han asomado con su talento a este bulevar.
Los nuevos tiempos juegan a favor. A la irresistible atracción de las nuevas arquitecturas en estos principios de siglo, se une la revalorización del arte y la cultura en la llamada economía de la experiencia, la movilidad mundial de ciudadanos, la competitividad internacional entre las ciudades, la búsqueda de valores diferenciados para brillar con luz propia en la era de la globalización, la posición de hub de comunicaciones de la que goza la capital de España. “Madrid es una ciudad de identidad media, pero culturalmente muy potente”, reconoce Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, que descubre una sociedad nómada dispuesta a pasar un fin de semana cultural en vuelos low cost. “Sin duda nos favorece tener el centro del AVE a tan sólo unos pasos”, señala Ricardo Rodríguez-Vita, director de CaixaForum. “Madrid encabeza el crecimiento turístico en el conjunto de España, con más de 9,3 millones de turistas en el 2007. La oferta cultural es uno de nuestros mayores atractivos. Por ello la Comunidad de Madrid ha unido las competencias de Turismo con las de Cultura y está potenciando la promoción exterior de la zona”, explica el barcelonés Santiago Fisas, responsable de ambas competencias en el Gobierno de Esperanza Aguirre.
Como si Finlandia o San Petersburgo quedarán completamente desiertos y todos sus habitantes peregrinaran en masa por estos espacios. Pero por encima de las grandes cifras, las pinacotecas se esfuerzan al mismo tiempo en proporcionar “encuentros íntimos entre el visitante y la obra de arte”, explica el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza. Ahora se trata de procurar una experiencia placentera, única, casi personal, de quien, como Monet frente a Goya, como Alberti frente a Velázquez, se encuentra por primera aquí con el lenguaje de estos grandes maestros.
Esta tensión entre conseguir afluencias millonarias y proporcionar experiencias personales para poder disfrutar conforma una de las síntesis buscadas en el paseo.
Pero no es la única. Sin dejar de mirar a su espléndido pasado, sus protagonistas ambicionan entrar con decisión en el futuro. Liberado de pesimismos ancestrales, se percibe modernidad, dinamismo y energías renovadas. El resurgimiento del emblemático eje cultural no sólo ha traído más visitantes e inquietudes; también nuevos materiales nunca vistos, edificios que levitan, noches en blanco, riadas de noctámbulos con ganas de empacharse de arte, actividades sociales, ciclos de cine, franjas horarias gratuitas, jardines verticales que trepan al cielo abierto. El paseo se ha llenado de estrellas, y es difícil distinguir por ahora si ha cumplido el sueño renacentista de Villanueva o se ha sucumbido a los cantos de sirena de la era de los grandes acontecimientos mediáticos. “La ciudad vive un momento feliz”, proclama Jean Nouvel.
Como otros arquitectos de primera fila, el último premio Pritzker ha dejado su impronta en el proceso de ampliación y renovación de los equipamientos culturales del Paseo del Arte. Moneo ha hecho lo propio con el Prado; los jóvenes arquitectos catalanes del estudio Bopbaa trabajaron en el Thyssen. Hace un lustro, la vieja central eléctrica del Mediodía era un nido de ratas; hoy es el singular edificio de Herzog & De Meuron erigido para albergar la sede madrileña de CaixaForum. Álvaro Siza y Juan Miguel Hernández de León trabajan desde hace años en la reordenación urbanística de todo el paseo. En definitiva, algunos de los mejores arquitectos del mundo se han asomado con su talento a este bulevar.
Los nuevos tiempos juegan a favor. A la irresistible atracción de las nuevas arquitecturas en estos principios de siglo, se une la revalorización del arte y la cultura en la llamada economía de la experiencia, la movilidad mundial de ciudadanos, la competitividad internacional entre las ciudades, la búsqueda de valores diferenciados para brillar con luz propia en la era de la globalización, la posición de hub de comunicaciones de la que goza la capital de España. “Madrid es una ciudad de identidad media, pero culturalmente muy potente”, reconoce Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, que descubre una sociedad nómada dispuesta a pasar un fin de semana cultural en vuelos low cost. “Sin duda nos favorece tener el centro del AVE a tan sólo unos pasos”, señala Ricardo Rodríguez-Vita, director de CaixaForum. “Madrid encabeza el crecimiento turístico en el conjunto de España, con más de 9,3 millones de turistas en el 2007. La oferta cultural es uno de nuestros mayores atractivos. Por ello la Comunidad de Madrid ha unido las competencias de Turismo con las de Cultura y está potenciando la promoción exterior de la zona”, explica el barcelonés Santiago Fisas, responsable de ambas competencias en el Gobierno de Esperanza Aguirre.
de: Reme y Santi | 27/07/2008
La semana pasado hemos visitado el Reina Sofía, el Thyssen, el Prado, Caixa Forum y la Academia de BBAA de San Fernando. La variedad, calidad y cantidad de obras es impresionante. Las exposiciones temporales que complementan a las colecciones no les van a la zaga. ¿Quién dice que los museos son aburridos? Han sido unas jornadas extraordinaras que recomendamos encarecidamente. Si además se consigue alojamiento en el Barrio de las letras no será difícil que se os aparezcan las musas.







