07/10/2007
El Prado se multiplica
Texto de Mercè Ibarz
Fotos de Duccio Malagamba
El nuevo Prado del arquitecto
Rafael Moneo supondrá la renovación de la gran pinacoteca española. La ampliación ha incorporado al museo el claustro de la iglesia de los Jerónimos y ha inundado de luz natural el interior.
El nuevo vestíbulo principal de la zona ampliada, con una de las nuevas entradas al fondo.
A sus casi dos siglos de vida, la pinacoteca española está a punto de mostrar su renovación más moderna y da un salto de trampolín al siglo XXI. El próximo 31 de octubre se abrirá al público con nuevos contenidos e instalaciones. La luz natural iluminará las nuevas salas, y unas 500 obras saldrán de los almacenes para sumarse de forma gradual a la colección permanente. Aproximadamente un centenar de ellas hará que la permanente no acabe en Goya sino en el siglo XIX.
La ampliación del Prado supone casi la mitad más de superficie, 22.000 m2. Permite una distribución acorde con las necesidades actuales de los visitantes y los estudiosos del arte, ya sea para ver la colección permanente y las exposiciones temporales o para acceder a servicios hoy tan concurridos como la cafetería y la tienda, además de un nuevo auditorio. Se podrá acceder a la permanente por el viejo Prado y también por el nuevo.
Las obras terminaron esta primavera, y durante varios fines de semana los visitantes han podido valorar la arquitectura de los nuevos espacios y su luz natural. Ahora, el Prado acomete los contenidos renovados. El resultado es de altura y a la vez discreto. Se nota más en su interior que en el exterior, cuyo entorno no pretende dominar.
Cinco años han sido necesarios para el gran cambio. Las obras empezaron en el 2002, a partir del proyecto del arquitecto Rafael Moneo, centrado en sumar de forma armoniosa y funcional el claustro de la iglesia de los Jerónimos, a la espalda del museo. Ha diferenciado, de manera clara y útil para visitantes y profesionales, el museo histórico de las instalaciones dedicadas a las exposiciones temporales, los servicios del museo y, dentro de estos servicios, los dedicados a la conservación de las obras y a la difusión cultural del nuevo auditorio.
La ampliación del Prado supone casi la mitad más de superficie, 22.000 m2. Permite una distribución acorde con las necesidades actuales de los visitantes y los estudiosos del arte, ya sea para ver la colección permanente y las exposiciones temporales o para acceder a servicios hoy tan concurridos como la cafetería y la tienda, además de un nuevo auditorio. Se podrá acceder a la permanente por el viejo Prado y también por el nuevo.
Las obras terminaron esta primavera, y durante varios fines de semana los visitantes han podido valorar la arquitectura de los nuevos espacios y su luz natural. Ahora, el Prado acomete los contenidos renovados. El resultado es de altura y a la vez discreto. Se nota más en su interior que en el exterior, cuyo entorno no pretende dominar.
Cinco años han sido necesarios para el gran cambio. Las obras empezaron en el 2002, a partir del proyecto del arquitecto Rafael Moneo, centrado en sumar de forma armoniosa y funcional el claustro de la iglesia de los Jerónimos, a la espalda del museo. Ha diferenciado, de manera clara y útil para visitantes y profesionales, el museo histórico de las instalaciones dedicadas a las exposiciones temporales, los servicios del museo y, dentro de estos servicios, los dedicados a la conservación de las obras y a la difusión cultural del nuevo auditorio.
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