En la adolescencia, el amor es una cuestión de vida o muerte. Y si no, que se lo digan a Bella Swan y Edward Cullen, pues para consumar el suyo él debería morderle la yugular a ella y convertirla en vampira. Esta compleja relación, con un pie en el romance y otro en el terror, es la base del fenómeno literario más histérico y globalizado del momento. Todo empezó el 2 de junio del 2003, cuando Stephenie Meyer, una mormona de Hartford (Connecticut) de 29 años, soñó que una chica y un chupasangres recreaban en clave sobrenatural el mito de Romeo y Julieta. Casi sin formación literaria, en tres meses tuvo a punto Crepúsculo, título inaugural de una tetralogía que ha tenido el acierto de afrontar las angustias del teenager –los lazos de amistad, la primera vez, la rebeldía contra los padres...– en una narración muy visual que mezcla sensibilidad y acción con un suspense sobrecogedor: ¿cederá Bella a los encantos suicidas que le despierta Edward? Amanecer, ya a la venta, es la entrega final de la serie, si se confirman los rumores de que una filtración vía internet ha causado el enfado de Meyer hasta el punto de descartar la publicación de una quinta obra, Sol de medianoche, que expresaría el punto de vista del joven vampiro. El desenlace vendió en Estados Unidos 1,3 millones de ejemplares en 24 horas, mientras que en España las tres obras anteriores han sumado 600.000. Pero la medida del fenómeno está sobre todo en el ánimo participativo y la imaginación de sus fans en todo el mundo, que abarrotan las presentaciones vestidos como los personajes, multiplican foros y blogs (comunidadcrepusculo.blogspot.com), cuelgan sus versiones de la historia on line o siguen al minuto la página oficial, donde la llamada nueva J.K. Rowling o Anne Rice para pubescentes vuelca sus gustos musicales (Muse, Coldplay...). En el 2009, Alfaguara traducirá su novela de ciencia ficción The Host, dirigida a un público más adulto.