Motin en la Bounty

John Boyne, con el viento a favor

12/10/2008

Texto de Antonio Lozano
Foto de Xavier Cervera
John Boyne, con el viento a favor
“La del niño con el pijama”, “La del pijama a rayas”, “La del pijama”… son algunas de las respuestas más extendidas el último año a la pregunta: ¿qué estás leyendo? Con un millón de ejemplares vendidos –de los tres globales en 35 idiomas–, El niño con el pijamas de rayas ha mantenido un idilio con los lectores españoles que sólo fenómenos paranormales como Follett, Ruiz Zafón y Falcones han logrado superar en pasión. El joven dublinés John Boyne empezó a escribir ficción con 13 años (“jamás tuve un plan B para mi vida”) y se licenció en literatura inglesa por el Trinity College. Había completado cinco novelas de marcado acento histórico y épico cuando, en un rapto de inspiración, dio un vuelco creativo y moldeó en tres febriles días un relato juvenil, a un tiempo cándido y desgarrador, sobre la pérdida de la inocencia, que adorarían los adultos.
La amistad infantil entre el alemán Bruno y el judío Shmuel, con el perfil de una fábula y un envenenado final de shock, se acercaba al holocausto con la capacidad de La vida es bella para encender y congelar la sonrisa. Feliz con una adaptación cinematográfica que ha respetado el espíritu del libro y de paso le ha reinyectado vitaminas comerciales, Boyne cifra su éxito en dos puntos: “El primero, que la gente se encariña con los personajes. Como se trata de un periodo terrible de la historia, en el aire flota una sensación de perdición y condena que inquieta al lector. En segundo lugar, el final es una sorpresa para la mayoría y eso les lleva a recomendar el libro a los conocidos para discutirlo después”. De cara a expulsarse este halo de fatalidad, para su siguiente proyecto quiso zambullirse en una novela de aventuras a la vieja usanza, que combinara drama y humor, tuviera el entretenimiento al timón y se aderezara con una “reflexión sobre el concepto de libertad”. Y le salió Motín en la Bounty, surcado también por un sentimiento de revisionismo con la más célebre rebelión a bordo. “Las películas sobre este conflicto están llenas de errores. Y yo he querido exponer los hechos con mayor veracidad. En el cine, el capitán Bligh es retratado como un monstruo, cuando no era severo ni ejerció apenas violencia sobre la tripulación, mientras que Fletcher Christian es visto como un héroe incólume.” De nuevo un niño es el hilo conductor, pues “quería a alguien que nunca se hubiera embarcado, que fuese como un espejo del lector y juntos aprendieran lo que significa convivir en un espacio tan restringido con una tripulación de marineros expertos”. En el horizonte, otra revolución, esta vez la rusa, como telón de fondo de su próxima obra, The House of Special Purpose. “Siempre soñé con escribir una historia de amor –confiesa– y se lo he entregado todo
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14 de marzo
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