A sus 83 años,
William Trevor conforma, junto con el poeta Seamus Heaney, el más venerable patrimonio de la literatura irlandesa. Hace décadas que abandonó la escultura, pero su prosa conserva la precisión y el detalle de un objeto tridimensional cargado de vida. En su última creación, un regalo desde su tan simple como bello título, posa su sensibilidad en las turbulencias amorosas que sacuden a un pueblecito de Irlanda durante un verano de los años cincuenta. Una lección sobre cómo el arrebato y la confusión pueden transmitirse a través de una delicadeza y naturalidad infinitas.