Primero escribió sobre cadáveres, al dedicarse al periodismo de sucesos. Luego manipuló cadáveres en la mesa de autopsias como ayudante de un médico forense. Al decidirse por la novela negra, combinó ambos mundos: aplicó la ciencia a la narrativa del crimen mucho antes que
CSI o
Bones hicieran del laboratorio la perdición del culpable. Firme en el trono de mayor superventas mundial femenina del género,
Patricia Cornwell sigue fiel a la patóloga Kay Scarpetta como intérprete de esa caja negra que supone el cuerpo de la víctima. En su último caso se citan una psicópata vengativa, un reguero de crímenes indescifrables, una pirata informática, la pena de muerte y una ciudad supersticiosa. ¡Boom!