GÜNTER GRASS
"No quiero que nadie me excuse: fui de las S.S."
La polémica originada el pasado verano por la publicación de sus memorias de juventud ha dejado huella en Günther Grass, premio Nobel en 1999. Ahora publica los poemas que escribió cuando las críticas no le dejaban dormir mientras se reafirma en su decisión de hablar del pasado sin tapujos. La entrevista forma parte de la serie del Magazine dedicada a los Premios Nobel de Literatura.

La prensa del día trae la noticia de que se acusa a Ryszard Kapuscinski de haber colaborado con los servicios secretos de la Polonia comunista. Grass, nacido en Gdansk, entonces una ciudad alemana y hoy polaca, afirma que “el fervor cazacomunista de los hermanos Kaczynski es una recaída en lo peor de la historia polaca, es utilizar exactamente los mismos métodos que las dictaduras. Además, ¡qué absurdo! Es lo mismo que sucede en Alemania: se esgrimen los archivos de la Stasi, la temible policía secreta comunista, como si fueran la verdad absoluta. ¡Por favor! Hay gente que se cree a ciegas esos papeles, y olvidan que en muchos casos se trataba de informaciones falsas que proporcionaban soplones de baja catadura”.
Grass pasa una temporada en Polonia al menos cada dos años desde 1958 “porque pertenezco a los 14 millones de alemanes que perdieron su tierra natal como consecuencia de la guerra. El mayor logro de la posguerra fue integrar a tantos millones de refugiados. En las dos Alemanias se promulgaron leyes que obligaban a las familias a darnos cobijo. Siempre me he sentido muy vinculado a Polonia y es mi obligación ayudar en la protesta contra este gobierno. En España también he detectado un peligroso auge del integrismo católico, que quiere intervenir en política”.
De repente, llega Hans Grunert, uno de sus seis hijos, fotógrafo residente en Madrid, quien lo saluda afectuosamente. Grass nos recuerda entonces que “puse punto final a mi libro de memorias aquí, en Madrid, en un apartamento que alquilé en la plaza Mayor, donde dibujé las cebollas que ilustran los diferentes capítulos”. Pasamos a abordar la sinceridad con que, en el libro, ha abordado aspectos como la sexualidad.
-¿Es verdad que, en el ejército, un poco más y se vuelve homosexual?
-Bueno, a menudo nos tocábamos los unos a los otros pero esa experiencia no es nada especial, al menos en la época, con una educación militar muy temprana, con miles y miles de jóvenes que pasábamos nuestra pubertad encerrados en cuarteles exclusivamente con chicos. No tuve una relación sexual con una chica hasta los 18 o 19 años”. Pero confiesa que, cuando acabó la guerra, “en lo único que pensaba era en mujeres, dormido y despierto, todos los pensamientos iban dirigidos a lo mismo.
Grass sigue opinando, como siempre ha hecho, sobre política. Mantiene sus críticas a la reunificación alemana: “La realidad ha sido aún peor de lo que yo predije. Yo no me opuse a la unidad alemana, pero sí a que aquello fuera una anexión, una OPA a 16 millones de personas por parte del capitalismo vecino. Todo debía haberse hecho de forma más cuidadosa, lenta y sobre la base del federalismo. Yo propuse una liga de Estados alemanes. Me llamaron de todo: vendepatrias fue lo más suave... Pero ¿qué ha sucedido hoy? La cifra de desempleados es enorme en la gente del este, y el 90% de las propiedades inmuebles y del suelo de la ex RDA ¡está en manos de alemanes occidentales! Es algo terrible...” Sobre la gran coalición que gobierna su país (democristianos y socialdemócratas, los dos principales partidos), cree que “es una enorme aglomeración del poder, que obra por debajo de sus posibilidades. Por ejemplo, han rectificado totalmente su idea inicial de reforma del sistema sanitario, a causa de las presiones de los lobbies ―la industria farmacéutica, las asociaciones de médicos, los seguros médicos...―.
Decimos que los enemigos de la democracia son la extrema derecha, la extrema izquierda, los islamistas... Pero, en realidad, podría probar que los que, realmente, están vaciando de contenido nuestras libertades son las grandes industrias, los bancos... fuerzas que actúan con éxito sobre el poder legislativo. Empresas que despiden a gente mientras sus acciones suben, una perversión escandalosa a la que nos hemos acostumbrado, y que dicen, además, cómo han de ser las leyes. Los políticos aceptan su chantaje; si no se les hace caso, amenazan con llevarse sus fábricas al extranjero, y eso da miedo. Una gran coalición habría podido ofrecer resistencia a esto, pero no lo hace”.
Antes de despedirnos, Grass explica que “jamás recibí tantas cartas de lectores como con este libro. ¿Y sabe qué me dicen? Que por fin han podido hablar de la guerra con sus nietos, con sus abuelos... Eso, al final, se sobrepone a toda polémica. Hay que hablar, incluso de lo más traumático, sacarlo todo. Yo no he podido o sabido hasta ahora, de acuerdo, pero estoy muy contento de haberlo hecho. Me resultó desagradable hablar con el joven que fui, pero me obligué a hacerlo. Mi generación nunca superará este tema, nunca habrá un punto final. Yo seguiré escribiendo sobre ello, se lo garantizo. Seguiré teniendo la boca abierta. Y mis enemigos tendrán que aguantarse”.
LA CAUSA
Por la memoria histórica
"Tengo curiosidad por ver cómo reaccionan los lectores españoles de mi libro. Ustedes tuvieron una experiencia histórica similar al nazismo, en muchos aspectos: un gobierno fascista que dominó a toda la sociedad. He observado que siguen debatiendo sobre la guerra civil y eso me parece bien: los jóvenes tienen derecho a saber cómo se pudieron destrozar tantas vidas y tantas conciencias. No lo duden: también España será alcanzada por su propia historia. Todavía tienen, en Madrid, el Valle de los Caídos, ¿verdad? ese gran monumento que Franco mandó construir a miles de prisioneros, bajo condiciones abominables, para exaltar su régimen. A pesar de ello, la gente todavía acude, se visita como cualquier atracción turística. Es algo que encuentro... extraño, muy extraño, no sé si podría suceder en cualquier otro país europeo, permitir que siga ahí un monumento franquista, sin reconvertirlo en otra cosa. Las personas que dejaron su vida en la edificación del Valle de los Caídos se merecen ser recordados de otra manera, ¿no creen? Todo eso va a volver, se va a debatir un día, quieran o no. Como la altísima cifra de condenados a muerte, incluso años y años después de la guerra civil. En Alemania, ciclicamente oímos a gente importante, políticos e historiadores, decir: 'Bueno, hay que pasar página ya del pasado'. Y siempre se equivocan. El pasado siempre vuelve. Hay que hablar del pasado".
“Desde el punto de vista temático, mis libros importantes siempre reflejan toda una década: los años 50 en 'El tambor de hojalata', los 60 en 'Años de perro', los 70 en 'El rodaballo', los 80 en 'La ratesa', los 90 en 'Es cuento largo'... Siempre incorporo en mis novelas todo lo que me rodea, los elementos clave de la sociedad del momento. Mis textos literarios son una mezcla de elementos ficticios y cuestiones de la política y la actualidad. Soy testigo del siglo, ahora también del XXI. También he escrito novelas más ligeras, poemas, obras de teatro, diarios de viaje...”. Y añade: “No me gusta que me apliquen etiquetas como esa de 'realismo mágico europeo'. A mí lo que me ha influido han sido dos cosas: la picaresca española, que también integraba elementos fantásticos, y el 'bildungsroman', las novelas que reflejan un mundo entero. Oskar, mi personaje de 'El tambor...', no es más que un pícaro moderno, metido en una novela que aspira a representar la totalidad del mundo”.
Algunas de sus obras traducidas son:
-”El tambor de hojalata” (1959)
-”El gato y el ratón” (1961)
-”Años de perro” (1963) -”El rodaballo” (1977)
-”La ratesa” (1986) -”Malos presagios” (1992)
-”Es cuento largo” (1995) -”Mi siglo” (1999)
-”A paso de cangrejo” (2002)
-”Pelando la cebolla” (2007)
















