Mario Vargas Llosa
"Ningún gran escritor es feliz"
y en la Universidad de Princeton, para explicar su visión de la literatura, ese arte que “compensa las frustraciones de la vida cotidiana porque nos hace vivir intensamente otras vidas”

Pisar sobre el terreno
La imagen de Vargas Llosa en el peligroso Iraq de la posguerra no es algo insólito. Se ha manchado la camisa también en Afganistán, Pakistán, Congo, los Balcanes, en campos de Hamas... Lo ve como parte de su oficio: “Si quieres opinar con conocimiento de causa sobre temas internacionales de esta índole, debes tener una experiencia personal. No hay nada como la experiencia directa, ver y hablar con la gente. Si no, opinas con irresponsabilidad. Sobre todo, en un mundo en el que se nos escamotea la verdad y vivimos una horrible manipulación informativa por diversas razones: políticas, ideológicas, económicas... Ese es el tema de mi novela sobre Casement: la responsabilidad personal, cómo tratar de ir escarbando a ver si la verdad es apresable”.
En un perfecto inglés, ante la mirada atónita del portero del edificio y de una vecina con perrito y pamela colorada, Vargas Llosa explica que el premio Nobel distingue también a toda una lengua, la española, en proceso de expansión. Habla de la creación literaria como espacio de libertad, y entonces viene a la memoria del periodista lo que había comentado en Princeton sobre su amigo Julio Cortázar: “En la segunda etapa de su vida, descubrió unas experiencias que tenían que ver con la carne, con el sexo, y eso le llenó mucho la vida durante un tiempo, ya no le hizo tanta falta inventar mundos. Antes, su vida era más sobria, apartada, vivía en un universo que había creado, lleno de magia y de misterio.
A mí me comentó: ‘Lástima, Mario, que esto me pille ya tan viejo’. Pero, desde el punto de vista literario, sus libros perdieron originalidad, ese punto de vista inocente previo, el encanto y el misterio. Su obra se volvió mucho más premeditada. Yo creo que, de repente, se hizo feliz, y no se puede ser feliz y ser un gran escritor”.
–Vaya, usted debe de ser muy infeliz...
–Tienes que pasarla mal, algo tiene que faltarte profundamente para que anheles tanto una vida distinta hasta el punto de crearla, sí. Sin ninguna duda, las épocas más conflictivas y difíciles son las épocas en que tienes mayores fuerzas creativas. La insatisfacción es básica. Los escritores resignados, adaptados, pierden fuerza creativa. La insumisión da creatividad.
Tras un cuarto de hora, más bien largo, de declaraciones a televisiones y agencias de los cinco continentes, el escritor decide que es hora de volver a subir a su piso. En el ascensor hacia la planta 46 se le ve radiante, descansado, como si hubiera ganado un partido de tenis y acabara de recoger el trofeo. El hombre seguro de sí mismo sabe que, precisamente, por no haberle importado nunca tener al mundo en contra, esta mañana soleada y clara, que hace brillar los rascacielos de Manhattan de una forma extraña, ha venido el mundo a verle.°







