Imre Kertész
Con el holocausto en el alma
Imre Kertész
es la memoria viva del horror que vivió el mundo en el siglo XX: la barbarie nazi y la dictadura soviética, que para el escritor húngaro son el mismo totalitarismo. Su obra, premiada con el Nobel en el 2002, es el esfuerzo por convertir esa experiencia en energía positiva y por vencer el complejo de culpa de haber sobrevivido a los campos de concentración, donde muchos otros inocentes perecieron.
Un momento para comprar fruta en un colmado que despliega sus productos sobre la acera.
Más tarde, andando, volveremos a Charlottenburg y llegaremos a la Casa de Literatura, otro de los lugares favoritos del escritor. Es un lugar bucólico, un centro cultural con un restaurante y una librería a la que se accede bajando unas escaleritas. Allí encontramos libros de Hannah Arendt. "Su teoría sobre la banalidad del mal –que las personas que cometen los mayores horrores pueden hacerlo sin darle más importancia, como algo banal y cotidiano– es exactamente lo que yo viví en los campos", dice ante el enésimo café del día.
En muchas de las novelas de Kertész, la policía pide a los personajes que se conviertan en confidentes y les redacten informes. Esas escenas cobran actualidad cuando, en países como Polonia o Alemania, surgen voces a favor de una "caza de brujas" contra los colaboradores del comunismo. Para Kertész, es hipócrita escandalizarse: "Tras la caída del muro, nadie quiso aceptar que colaboró con el estalinismo. Ahora que han pasado tantos años, descubrimos que muchas personas de quienes no sospechábamos nada estaban ejerciendo de confidentes, como el escritor checo Bohumil Hrabal. Pero no podemos ser simplistas y encasillar a esta gente como si fueran lo mismo que los dirigentes totalitarios".
Tampoco Günter Grass, el Nobel que ha confesado su paso por las SS, es juzgado severamente por el húngaro: "Era un joven que vivía en un Estado en el que la radio, las películas y todos los mecanismos estatales iban en la misma dirección, y era natural que empezara a pensar así".
Mientras Anna Süveges –la intérprete que nos ha ido traduciendo el húngaro del escritor– explica a Kertész la situación lingüística en España, su esposa Magda nos cuenta, en inglés, cómo se conocieron: "Soy húngara, pero vivía en Chicago desde 1956. Volví hace 13 años a mi país para abrir una oficina del estado de Illinois en Centroeuropa, conocí a Imre en Budapest y ya me quedé". Ante una tarta de manzana y nata, conseguimos que nos revele algunos detalles de alcoba: "Muchas noches, abro los ojos y veo que ya no está en la cama... porque se ha ido a la habitación de al lado a escribir. Escribe de madrugada, ¡durante horas!". Él, cabizbajo, lo confirma: "Duermo muy poco... y no consigo tampoco estar de vacaciones. Me llevo el ordenador y, mientras mi mujer disfruta de la playa, yo trabajo. Es como una obsesión, una manía, siempre me pica...".

















