14/01/2007

Rebeldía de Nobel. Dario Fo

La sátira como obra de arte y libertad

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Cada uno de sus espectáculos se llena de risas, ironía, sarcasmo y voces de espectadores. Crea sobre la marcha, atendiendo a lo que ve y oye. Porque el gran bufón que recibió el Nobel cree en los ciudadanos y su participación. Dario Fo es un torbellino que forma tándem con su pareja, la actriz y senadora Franca Rame, con quien mantiene un profundo compromiso vital, artístico y político.
Fo, actuando para los alumnos e invitados de la Universidad de La Sapienza.
"Hay salas donde se representan mis obras que tienen precios carísimos. Quienes vienen a verme allí no son mi gente"
No sabemos muy bien cómo ha sucedido, pero son las dos de la madrugada y estamos en Roma, sentados en el suelo en un aula de la Universidad de La Sapienza, cantando "Bella ciao", "Bandiera rossa" y otros temas parecidos. La cosa no revestiría mayor interés de no ser por el personaje que, delante de nosotros, sonríe y ataca la estrofa "Avanti po-po-lo, a-lla ris-co-ssa. / Bandiera rossa trionfera", con un entusiasmo contagioso. Se trata del mayor "showman" jamás galardonado con el premio Nobel de Literatura, Dario Fo, que celebra su 80º cumpleaños con un grupo de amigos venidos de todos los rincones de Italia. Incluso Kim Manresa, el fotógrafo, parece emocionarse ("es que hacía mucho tiempo que no veía algo así"). A nuestro alrededor, un coro infinito de jóvenes estudiantes hace resonar el "Bella ciao, ciao, ciao" por las paredes de esta aula convertida, por ensalmo, en una especie de catacumba teatral revolucionaria. "Eso es lo que siempre he hecho –comenta, alegre, Fo–. Traer el teatro a lugares donde se supone que no debería estar: de estudiante, hice muchas funciones en el tren que me llevaba de casa a la escuela y viceversa, después representé mis obras en fábricas ocupadas, mercados, cárceles, plazas, escuelas..., cualquier lugar es bueno, porque el teatro es un arte popular. Hay salas donde se representan mis obras que tienen unos precios muy caros. Y agradezco el interés, pero, en el fondo, la gente que viene a verme a esos sitios no es mi gente".

Su esposa, Franca Rame, le jalea desde los bancos del público. El premio Nobel a Fo en 1997 fue también a la pareja que forma con la mítica actriz italiana, recién elegida senadora por el partido del juez Di Pietro, responsable de la operación Manos Limpias. Ambos parecen un solo autor de dos cabezas: tienen su propia compañía y escriben e interpretan juntos. Un dúo al que se suma a veces su hijo Jacopo. Fo reconoce, por ejemplo: "Ahora he acabado una obra sobre el Evangelio y las mujeres que empezó a escribir mi hijo. Es un poco como el libro ‘Tengamos el sexo en paz’, una historia familiar, porque lo escribió Franca, luego Jacopo añadió cosas, y al final he trabajado en ello yo también". Fo es el dramaturgo vivo más representado del mundo, pero es esta obra sobre el sexo cotidiano, escrita sobre todo por su mujer, la que ostenta el récord de funciones actuales. “En casa, yo siempre se lo digo, para que no se le suban los humos: "tú tendrás el Nobel, pero la obra que más se representa es la mía", apunta, divertida, Rame.

Dario Fo se acerca a conversar con los universitarios que acaban de interpretar una obra de la "commedia dell’arte".
Otra interpretación de los clásicos. El día anterior, el de nuestra llegada a Roma, fue más convencional, pensamos mientras Fo baila con unos estudiantes disfrazados de los personajes de la commedia dell'arte. Entonces nos tomamos un chocolate a la taza con Dario y Franca, en una terraza junto al teatro Vittoria. Para romper el hielo, Fo recitó un texto que mezclaba decenas de lenguas y dialectos y que, milagrosamente, se entendía. "Ja, ja –reía el Nobel–, así lo hacían los cómicos antiguos. En cada región se hablaba un dialecto diferente, y ellos debían asegurarse ser comprendidos en todas, y lo conseguían mediante la mímica y repitiendo las palabras clave en varios idiomas. Yo utilizo en mis obras casi todos los dialectos italianos: napolitano, calabrés, milanés, veneciano, lombardo".

Fo, hijo de ferroviario, vivió de niño en diversos lugares de Italia, "e iba en tren a todos sitios, tenía los billetes gratis, y así conocí a mucha gente interesante, siempre en tránsito. Ya lo decía el psicólogo Bettelheim a sus pacientes: "Cuénteme usted sus primeros siete años de vida, allí está
todo' el resto se lo puede quedar"’.

Dario Fo se vistió, un día, el mono de trabajador de la literatura y decidió desmontar pieza a pieza la tradición y hacernos ver que los textos clásicos no eran aquello que creíamos. Ya se trate de los evangelios, de los misterios medievales, de los mitos griegos o de los cuadros del Renacimiento. Con todos ha hecho lo mismo: ir a los originales y demostrar que existe otra interpretación que la que nos ha llegado, "vinculada al discurso del poder". Para Fo, "no hay una cultura alta y una cultura baja, como nos hacen creer en la escuela, hay la misma dignidad en todas las culturas, basta con conocer sus claves para darse cuenta".

- Usted ha escrito mucho sobre la Biblia. ¿Por qué se lleva tan mal con el Vaticano?
- No soy nada anticlerical. La religiosidad forma parte de mi cultura, he crecido con ella, respeto la fe y siento una auténtica pasión por las iglesias. Pero hubo un momento en el que me di cuenta de que los curas me estaban contando fábulas... Tenía 25 años y descubrí que el original del Evangelio era en griego, y que lo que nos ha llegado es una versión de una versión de una versión... Hay errores garrafales. Descubrí que existía una cadena de transmisión oral de los evangelios mucho más fiel a los originales que la versión escrita que maneja la Iglesia, con toda esa ideología conservadora que le añadieron. El Evangelio fue escrito por emigrados a Grecia, personas que no habían nacido en Palestina sino en el mundo griego, e introdujeron costumbres y usos propios de su entorno. ¿Quiere ejemplos? Cuando Cristo dice: "Bebed de mi sangre", eso no puede ser porque para un judío beber la sangre es algo aberrante, como para los musulmanes. Otro ejemplo es cuando un apóstol pregunta si tienen que pagar las tasas a los romanos. Cristo le pide a Pedro que mire una moneda para ver qué aparece en ella y Pedro contesta: "Es la cara de César", y entonces Cristo pronuncia la famosa frase: "Dadle al César lo que es del César...". Eso es imposible, ¡las monedas de los judíos no tenían ninguna cara impresa! ¡Repudiaban la reproducción de figuras humanas! Y así podríamos seguir...

Antes del acto en la universidad, habíamos cenado con Fo, Rame y sus viejos amigos, entre ellos Giovanna Marini, la gran dama de la canción popular napolitana. Con ellos aprendimos letras como "La bella lava al fosso", en dialecto lombardo-véneto, de notable trasfondo erótico, y temas que los obreros cantaban en las fábricas en los años sesenta y setenta. Tras los postres, los estudiantes de La Sapienza representan una divertida obra de enredos amorosos, y después arranca el espectáculo de canciones, en una sencilla sala abarrotada de un público joven que, puesto en pie, ovaciona a Fo.
Dario Fo despide a su esposa, Franca Rame, en la puerta del Senado, donde ella ocupa un escaño.
“No hace falta bajar el nivel para que se pueda reír hasta el último imbécil que haya en la platea. Utilizar el término sexual explícito es una banalidad, una falta de sutileza y de fuerza expresiva”
Teatro asamblea. El escritor interrumpe a menudo a los cantantes para explicar qué hay detrás de cada tema, y lo cuenta, además, con muecas, onomatopeyas, inflexiones de voz, saltitos y gesticulaciones que se meten al auditorio en el bolsillo ("no entiendo la palabra sin el gesto", nos dirá más tarde). Es una especie de jam-session en la que su mujer, Franca, le va gritando cosas y el público acaba haciendo lo mismo, dándole pie a ingeniosas réplicas. "Hubo una época -recordará después- en que era el público quien directamente me dictaba los temas de mis obras, al acabar la función organizaba una asamblea y les preguntaba de qué querían que hablara. Así nació, por ejemplo, '¡Aquí no paga nadie!’', sobre unas mujeres que deciden saquear los supermercados al no poder comprar sus productos".

En un determinado momento, habla de una canción campesina: "Ésta hay que cantarla así, con este movimiento del cuerpo, como si segaran la hierba. Es una armonía gestual que reduce el esfuerzo, y el ritmo musical también es ideal para cortar hierba. ¿Se dan cuenta? El sentido de la armonía, del ritmo, era propio del pueblo, y no de la aristocracia, como se ha enseñado siempre".

Roma celebraba, en los días que duró nuestro encuentro, diversos homenajes a la pareja formada por Dario Fo y Franca Rame, que llevan cincuenta años trabajando juntos. Fo recuerda, en la puerta de su casa, junto al Panteón: "Comencé esto como un juego, vengo de una región donde la fabulación está a la orden del día, donde los chavales empiezan ya muy temprano a buscar situaciones grotescas para transformarlas en caricatura o sátira. Yo hice arquitectura y trabajé en ello, pero un día descubrí que mi estudio conseguía los encargos gracias a los sobornos y comisiones a la administración y los partidos políticos. Me chocó tanto que sufrí una depresión. Fui a un médico, un buen amigo, que me dijo: 'Haz alguna cosa que te guste, algo en lo que siempre hayas soñado'. Y fue así como el teatro me salvó de acabar en un manicomio. Tenía ya 24 años y empecé una nueva vida".

Aunque Fo vive en Milán, acude cada vez más a Roma, para estar con su esposa senadora. "No quiero que suene a lamento porque yo he nacido en Milán, si no físicamente, sí como actor, director y escritor, y le debo mucho. Pero allí Franca y yo no existimos. Recogemos muestras de afecto por toda Italia: Calabria, Sicilia, Nápoles, Roma, Florencia... Nunca Milán, que fue la vanguardia europea tras la Segunda Guerra Mundial, con importantísimos autores, artistas, pintores, directores de teatro o de cine... Todo eso ha desaparecido, por voluntad propia de la ciudad, que sólo conserva ya la mitad de los teatros que existían entonces. En Roma, en cambio, en el mismo lapso de tiempo, el número de teatros se ha duplicado, y hay muchas más exposiciones, manifestaciones, ideas..."

El gran acto de homenaje que la capital dedica a Fo, en el aula magna de la misma Universidad de La Sapienza, finaliza con un gran castillo de fuegos artificiales y convoca a una selección de la intelectualidad progresista italiana (como la cineasta Sabina Guzzanti, directora de "Viva Zapatero").

En un momento de los fastos, le regalan a Fo una máscara antigua, y éste comenta, desde el patio de butaca: "Es un regalo muy peligroso. Una vez, conocí a un gran actor de este país que solía hacer de Arlequín y que, al final, no sabía representar nada si no se colocaba la máscara. E incluso la llevaba puesta fuera del escenario. Finalmente, consiguió darse cuenta de que lo importante es hacer las cosas sin ella. El peligro que nos acecha, a los actores, es ése: no ser nadie sin la máscara".

Más tarde, Fo salta al escenario, fuera de guión, para representar, en una especie de "sketch" medieval, basado en textos de época, el papel de un recién casado que busca por los campos y la casa de su suegra la "papaia tópola" de su esposa. El público no tarda en comprender que, con esa insólita expresión, el bufón se está refiriendo a los genitales femeninos. ¿Por qué no los llama por su nombre?, le preguntaremos al día siguiente, paseando por las ruinas del centro de Roma. “Uso términos de dialectos antiguos porque me permiten evitar lo vulgar. Por ejemplo, nada me horroriza más que este gesto -dice mientras mueve los brazos simbolizando el acto sexual-, que tanto se ve en televisión. Un encuentro amoroso o ciertas partes del cuerpo son cosas importantes, dignas. Para referirme a ello prefiero utilizar juegos de palabras, la fantasía, la transposición. Lo contrario -excúseme el término- es una mierda. No hace falta bajar el nivel para que se pueda reír hasta el último imbécil que haya en la platea. Utilizar el término sexual explícito es una banalidad, una falta de sutileza y de fuerza expresiva. Es mejor reinventar la manera de llamarlo y darle a la escena un aire metafísico donde todo sea sorpresa y elegancia. Los 'fabliaux' medievales, la mayoría cómicos, hablaban de sexo en positivo, de amor, no tenían esa idea de sexo animal, vulgar y rebajante con que se leen hoy. Entiéndame, no se trata de puritanismo, tengo el récord de haber sido censurado en 41 ocasiones y detenido otras muchas".
Los Premios Nobel 1 | 2 | siguiente
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.
30 de noviembre
30 de noviembre

Otros artículos relacionados

Rebeldía de Nobel. Dario Fo

Dario Fo es un torbellino que forma tándem con su pareja, la actriz y senadora Franca Rame, con quien mantiene un profundo compromiso vital, artístico y político.
Publicidad
Buscar en