09/04/2006

Rebeldía de Nobel. Kenzaburo Oé.

La conciencia crítica de Japón

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa

El primer estímulo para hacerse escritor fue percibir y explicar el dolor silencioso de un pez en un anzuelo. Kenzaburo Oé se siente hoy un profesional de la expresión del dolor humano. Crítico, amable, sincero, el Nobel japonés cuenta durante su paseo a pie y en metro por Tokio cómo su hijo, con una grave discapacidad, se convirtió en protagonista de toda su literatura y en una lección de cómo merece la pena encontrar todas las formas posibles de comunicación.   

Kezaburo Oé, en una taberna tradicional. Le gusta la cerveza tibia combinada con los chupitos.

En el Japón actual “hay muy pocos que tengan conciencia propia, que sean mentalmente independientes. Defiendo la existencia del individuo como ente pensante autónomo”

Frente al enorme edificio del Gobierno, cercano al hotel, Oé vuelve a hablar de su reaci ón con el dolor. "Desde niño tengo inter és en cómo nuestro limitado cuerpo encaja el sufrimiento. De pequeño, yo iba a pescar. Y me fijaba en el pez con el anzuelo clavado, que se movía mucho. Sufre horrores, pero en silencio: no grita. El niño que yo era pensaba: ¡cuánto dolor inexpresado! Ese fue el primer estímulo que me llevó a ser escritor, porque pensé que los niños tampoco podíamos hacernos entender bien. Me hice escritor para reflejar el dolor de un pez. Y hoy me siento un profesional de la expresión del dolor humano, que persigo mostrar con la mayor precisión posible." Un no al emperador Mientras nos dirigimos al concurrido templo budista de Asakusa, Oé cae en la cuenta de que hoy es el día de la cultura, en que el emperador otorga un premio a una trayectoria cultural ejemplar. "Es un premio muy codiciado, porque te da derecho a una pensi ón. Yo lo rechacé. Cuando era pequeño, viví cómo se consideraba al emperador una deidad, en el marco de un nacionalismo muy fuerte. Y eso me da miedo, es lo opuesto a la democracia. Para mí, rechazar ese premio era rechazar la potestad del emperador para reconocer mi obra y darme un galard ón. ¿Quién es él para decir que soy un buen escritor" A pesar de que renuncié a mi paga, grupos de ultraderecha y de derecha se manifestaron frente a mi casa: "¡Usted no es japonés!", gritaban, "¿Para qué tiene esas orejas tan grandes si no sabe escuchar!"... Salió mi mujer indignada y, con una voz más fuerte que los megáfonos, les gritó: "¡Pichascortas! ". A mi hijo le impactó tanto esa expresión que la memorizó y durante algún tiempo la estuvo repitiendo, incluso en las situaciones más inoportunas." Asakusa, un bullicioso ir y venir de turistas y fieles, es "un lugar muy importante para la fe. Yo no soy una persona religiosa, ni siquiera creyente. Pero, de pequeño, escuchaba las historias animistas de mi madre y mi abuelo, que rezaban a las fuerzas de la naturaleza. También he leído el Corán, la Biblia, "La divina comedia", a Blake"". Oé apuesta por la religiosidad privada que simboliza este lugar, frente al ultranacionalismo del templo sintoísta de Yasukuni. Al salir del templo, Oé nos lleva a una taberna tradicional "a beber un poquito". Aunque se nos clavan las miradas de las mesas vecinas, él las elude sentándose de espaldas a ellas, en una mesa del rincón. "Me gusta la cerveza tibia "sonríe", combinada con los chupitos, echo un chupito en la cerveza y me la bebo. Antes iba mucho a los bares, con gente de las editoriales, pero siempre acababa peleándome porque me decían que mi forma de escribir no era buena, y yo me enfadaba. Los escritores mayores me pinchaban con eso..." La botella de sake se va acabando al tiempo que la luz diurna abandona las calles de Tokio. Al salir de la taberna, Oé decide, ins ólitamente, volver a su casa en metro. ¿Pero no nos dijo que nunca lo toma" "Cuando era joven e iba en transporte público, aprovechaba el trayecto para escribir un diario. Hoy me apetece recordar esos días. Tomaré el metro y escribiré todo lo que me ha pasado durante el día con ustedes." Mientras la escalerilla mecánica lo hace desaparecer en el subsuelo, mueve su brazo derecho y nos grita: "¡Adiós, amigos!"

El escritor, en una zona comercial dentro del metro de Tokio. 

Los fantasmas personales y los mitos de Japón
A grandes rasgos, la obra de Oé se puede dividir en dos grupos: los libros dedicados a la convivencia con su hijo, y los protagonizados por personajes que tienen que ver con los mitos y la historia de su aldea de origen, en los bosques de la isla de Shikoku. Recientemente, se ha  ocupado de temas de actualidad, como el terrorismo, y, en Japón, acaba de aparecer “Adiós a mi último libro”, donde explora nuevos caminos creativos y recrea una catástrofe mundial. Aunque no es posible encontrar toda su obra traducida al español, citamos los títulos disponibles:
–La presa
–Una cuestión personal
–El grito silencioso
–Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura
–Arrancad las semillas, fusilad a los niños
–Cartas a los años de nostalgia
–Salto mortal
–¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!

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de: Nancy Ramirez | 25/05/2008
Oé es un excelente escritor, tiene una gran sutileza para mostrarnos como es la vida, cómo hay que enfrentarla, no quedarnos en un gran pozo, siempre encontrar la llave para salir, saber luchar por nuestras ideas propias... es uno de los mejores escritores.
30 de noviembre
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