26/02/2006

Rebeldía de Nobel. Nadine Gordimer.

La dignidad que derrotó el apartheid

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Menuda y fuerte, la sudafricana Nadine Gordimer, premio Nobel de Literatura de 1991, luchó y venció al
apartheid de su país. La escritora ha rememorado junto al Magazine el horror de aquellos años mientras defiende los avances de una joven democracia. Ahora está volcada en la lucha contra el sida y sigue escribiendo con disciplina cada mañana sobre la realidad que le envuelve.
En el salón de su casa, Nadine Gordimer acaricia una talla que representa un rinoceronte.
Era asidua de la biblioteca donde los negros no podían entrar. Si hubiera sido negra, no hubiera llegado a escritora, porque el único entrenamiento es la lectura”
La autora de "El conservador" siempre ha vivido en Johannesburgo, tanto en los tiempos poco propicios del apartheid como en los actuales, cuando es una de las ciudades con mayor criminalidad del mundo. "¿Pero qué tipo de comparación está usted haciendo? interrumpe- No podemos comparar el peligro de que te atraquen o secuestren con un sistema en que las leyes y el Estado te lo impiden todo por ser negro. Hoy estamos a salvo, no es el Estado entero un criminal que actúa contra sus ciudadanos." Si el otro Nobel sudafricano, J.M. Coetzee, ha abandonado el país (vive actualmente en Australia), como antes hicieron Doris Lessing y otros intelectuales, Gordimer da un voto de confianza al proceso de cambio: "Hace sólo un poco más de diez años que tenemos democracia, y las transformaciones no pueden darse de un plumazo". La casa donde estamos es grande y silenciosa.

"Aquí viví con mis hijos y marido "explica. Los hijos se han esparcido por el mundo, y mi esposo murió hace cuatro años." Tras su primer matrimonio, se casó en 1955 con el marchante de arte Reinhold Cassirer, huido de la Alemania nazi. La escritora "ya bisabuela" se ha embarcado, precisamente, en un proyecto literario centrado en la memoria de su marido fallecido. "Cuando él murió, encontré una enorme cantidad de cosas que pertenecieron a su madre, una dama de la alta sociedad berlinesa, así que he estado "espiando" ese mundo para saber cómo era la vida de mi marido antes de conocerme: trabajó para el servicio secreto británico, conoció París, Londres, Egipto, se codeó con intelectuales..."

La globalización y el desarrollo económico de Sudáfrica han tenido, como efecto, una transformación en las novelas de Gordimer. Ella siempre ha dicho que su prosa absorbe el entorno social, político y econó- mico, y que de ahí nacen "los personajes, la trama, la atmósfera, los sentimientos". Si sus primeros libros nos descubrían unos ambientes opresivos al tiempo que exóticos, realidades lejanas, ahora su épica cotidianatiene que ver con los mismos problemas y escenarios que encontramos en Europa: los mismos jóvenes, los mismos emigrantes sin papeles, la misma música, el mismo deterioro del medio ambiente e incluso las mismas drogas. "Es verdad que tengo muchos amigos jóvenes, treintañeros y cuarentones, que vienen a verme. Son actores, diseñadores " Me encantan sus comentarios, porque, como yo, no han perdido la pasión por el arte. Es curioso, cuando yo era una chica, me atraían las personas mayores a causa de sus intereses más amplios, y ahora ya ve".

En muchas de sus novelas, aparecen personas de razas diferentes que empiezan una historia de amor y afrontan por ello enormes problemas al tiempo que crecen interiormente. En "El encuentro" (joven blanca se enamora de su mecánico), aborda la emigraci ón ilegal: "Tenemos millones de personas entre nosotros que trabajan, comen, viven y aman", pero son "ilegales". Eso es un conflicto que va más allá de lo económico, es gente temerosa de que le pidan los papeles, que intenta mostrarse lo menos posible". En abril se publicará en España su última novela, "Atrapa la vida" (Ediciones B en castellano, Edicions 62 en catalán), centrada en las amenazas contra el medio ambiente. La novela se inspira en la central nuclear de Koeberg, muy cerca de Ciudad del Cabo, inaugurada hace unos años: "Por muy cuidadosamente que se emplee esa energía, siempre es peligrosa". En el libro, Paul, un ecologista blanco, lucha por salvar las marismas "en las que "el jefe de su mujer quiere construir un casino con lagos artificiales "y los territorios indígenas. De repente, descubre que padece un cáncer de la glándula tiroides.

El tratamiento recibido "unas fuertes dosis de radiación" le convertirá a él mismo en radiactivo, "como aquello contra lo que lucha". Al salir del Tribunal Constitucional, llueve. Bajamos las escaleras protegidos por un único paraguas, apretados a esta mujer que apenas rebasa el metro y medio, y pensamos en lo que le dijo un día el obispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz: "Es usted tan pequeña que podría guardarla en el bolsillo de atrás de mi pantalón, pero es un gigante en todos los demás aspectos".
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