Rebeldía de Nobel Naguib Mahfuz
La voz que el integrismo no pudo acallar

El Nobel fue atacado por un integrista en la puerta de su casa. Ahora hay allí una garita y vigilancia. El escritor sale con el doctor Hashem y sus guardaespaldas.
Lo que ha ocurrido es lo siguiente: en 1959, el responsable de la censura me dijo que la novela no podía ser impresa en Egipto, para evitar así las quejas de Al Azhar. Pero también me dijo que cualquier casa editorial en el extranjero me la aceptaría y que él no permitiría que se publicara ninguna crítica negativa en la prensa egipcia. Eso fue lo que ocurrió. Recientemente, al volverse a plantear la cuestión de la publicación en Egipto, yo dije que, para conseguirlo, debía obtenerse la aprobación de Al Azhar. Pero no mantengo contactos con ellos, creo queningún escritor debe pedir permiso a ninguna autoridad para publicar sus obras.” Por otra parte, “sé que la obra no es blasfema, no me considero un ‘infiel’ y, en su día, estaba dispuesto a defender el libro ante un comité religioso que tenía que venir a mi casa, pero jamás se presentaron. Es un libro que, irónicamente, culmina con un triunfo de la fe. Creo que un juez justo autorizaría la novela, pero ahora me siento demasiado cansado para defenderme”. Fue “Hijos de nuestro barrio”, precisamente, la novela que justificó el atentado de 1994. “No sé qué debería estar pensando el agresor, seguramente sus emires le hicieron creer que aquel libro humillaba el islam. Simplemente, obedecía. En sus declaraciones a las autoridades, aseguró no haber leído siquiera la novela”. –¿Qué recuerda del atentado? –No lo recuerdo. Si pudiera ver la cara del joven que me atacó, si pudiera recordarme extendiendo mi mano hacia él, para estrechársela, creyendo que era un admirador (me han dicho que eso es lo que hice), aquello tal vez me traumatizaría. Sólo me acuerdode que llegué a sentarme en el coche y nada más. Es una bendición divina poder desarrollar una amnesia selectiva sobre los detalles desagradables. En España, su editorial, Martínez Roca, acaba de publicar “Diálogos del atardecer”, libro de aforismos y alegorías que la sudafricana Nadine Gordimer ha considerado más valioso que una autobiografía, porque es la manera de conocerle por dentro.
Literariamente, Mahfuz ha puesto la lengua árabe en el mapa internacional, con sus más de 40 novelas, más de 350 relatos y cinco obras de teatro; de hecho, ha sido sólo a partir de él cuando los críticos occidentales han aceptado sin discusión la existencia de una novela árabe, del mismo modo que existe una rusa u otra francesa. Antes de Mahfuz, solamente existía una lengua literaria, arcaica, y el dialecto coloquial; él ha hallado la denominada “tercera lengua”. Humilde por naturaleza, su amigo Kafrawy nos explica una anécdota: “Un día de 1988, antes del Nobel, estábamos así reunidos, como ahora, y hablábamos de Hemingway y Faulkner. Él se consideraba muy inferior a ellos. Yo me enfadé y le dije: ‘¡Señor Mahfuz! ¡Nosotros hemos heredado también, en la lengua árabe, toda esa tradición! ¡Usted no es inferior a ellos, debe respetarse más!”. Se calló… ¡y, dos semanas después, le dieron el premio Nobel! Me alegré mucho porque, en nuestro mismo grupo, había gente que le desmerecía y esas actitudes cambiaron”. A Mahfuz le parece, todavía hoy, que hay otros escritores árabes que se merecen el premio: “De la antigua generación, Taha Hussein, Abbas Mahmud al Aqqad, Ahmed Hussein Heikal y Tafwik al Hakim. También tenemos a Gamal al Ghitani, entre la nueva generación. Además, el poeta palestino Mahmud Darwish y el poeta sirio Adonis… y otros cuyos nombres no recuerdo o conozco, dado que llevo años sin poder leer y me he perdido a la novísima generación”. ¿Piensa en la muerte?, le preguntamos a Mahfuz, un día antes de despedirnos. Y, tras un larguísimo silencio, nos responde: “La verdad es que me estoy acostumbrando a ella, me he situado tan cerca de ella que a veces consigo verle la cara, y ya no es una extraña para mí”
















