23/07/2006

Rebeldía de Nobel Naguib Mahfuz

La voz que el integrismo no pudo acallar

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Naguib Mahfuz llevó las tertulias y los cafés de El Cairo a todo el mundo, sobre todo al occidental, que descubrió con su obra la novela árabe. A los 95 años, con secuelas de un atentado integrista, sus ojos ciegos y casi sordo, sigue con sus tertulias, en otros cafés más seguros, y permanece atento ahora a sus sueños, a los que atrapa para convertirlos en textos cortos en un nuevo género literario. Mahfuz dice que los integristas que tanto le odiaron no están ganando la partida.

El Nobel fue atacado por un integrista en la puerta de su casa. Ahora hay allí una garita y vigilancia. El escritor sale con el doctor Hashem y sus guardaespaldas.

¿La muerte? “La verdad es que me estoy acostumbrando a ella, me he situado tan cerca de ella que a veces consigo verle la cara y ya no es una extraña para mí”.
Sobre las caricaturas danesas que ocasionaron un alud de protestas en todo el mundo islámico, opina que “ha sido un atrevimiento contra el islam, aunque quizás sin mala intención. Los ciudadanos de Occidente disfrutan de la libertad de expresión y así, utilizando esa libertad, es como se han referido a Mahoma, el más importante símbolo de los musulmanes. Ellos piensan que es un tema menor, algo que se puede superar con facilidad pero, en realidad, nos han herido y han provocado nuestra ira. Aun así, las reacciones de protesta han superado todos los límites de la exageración. Pero el ejercicio de la libertad de expresión no es, por sí mismo, suficiente: se necesita sabiduría e inteligencia y sopesar las posibles reacciones”. Hablamos de su novela “Hijos de nuestro barrio”, que fue impresa en Beirut y que nunca se ha publicado en Egipto al ser condenada por Al Azhar, la máxima autoridad de los musulmanes. En diversos medios de comunicación, hemos leído que Mahfuz se ha aproximado a las autoridades religiosas para conseguir finalmente que el libro se edite en su país. “En absoluto –desmiente–. Nunca he mantenido contactos con Al Azhar.

Lo que ha ocurrido es lo siguiente: en 1959, el responsable de la censura me dijo que la novela no podía ser impresa en Egipto, para evitar así las quejas de Al Azhar. Pero también me dijo que cualquier casa editorial en el extranjero me la aceptaría y que él no permitiría que se publicara ninguna crítica negativa en la prensa egipcia. Eso fue lo que ocurrió. Recientemente, al volverse a plantear la cuestión de la publicación en Egipto, yo dije que, para conseguirlo, debía obtenerse la aprobación de Al Azhar. Pero no mantengo contactos con ellos, creo queningún escritor debe pedir permiso a ninguna autoridad para publicar sus obras.” Por otra parte, “sé que la obra no es blasfema, no me considero un ‘infiel’ y, en su día, estaba dispuesto a defender el libro ante un comité religioso que tenía que venir a mi casa, pero jamás se presentaron. Es un libro que, irónicamente, culmina con un triunfo de la fe. Creo que un juez justo autorizaría la novela, pero ahora me siento demasiado cansado para defenderme”. Fue “Hijos de nuestro barrio”, precisamente, la novela que justificó el atentado de 1994. “No sé qué debería estar pensando el agresor, seguramente sus emires le hicieron creer que aquel libro humillaba el islam. Simplemente, obedecía. En sus declaraciones a las autoridades, aseguró no haber leído siquiera la novela”. –¿Qué recuerda del atentado? –No lo recuerdo. Si pudiera ver la cara del joven que me atacó, si pudiera recordarme extendiendo mi mano hacia él, para estrechársela, creyendo que era un admirador (me han dicho que eso es lo que hice), aquello tal vez me traumatizaría. Sólo me acuerdode que llegué a sentarme en el coche y nada más. Es una bendición divina poder desarrollar una amnesia selectiva sobre los detalles desagradables. En España, su editorial, Martínez Roca, acaba de publicar “Diálogos del atardecer”, libro de aforismos y alegorías que la sudafricana Nadine Gordimer ha considerado más valioso que una autobiografía, porque es la manera de conocerle por dentro.

Literariamente, Mahfuz ha puesto la lengua árabe en el mapa internacional, con sus más de 40 novelas, más de 350 relatos y cinco obras de teatro; de hecho, ha sido sólo a partir de él cuando los críticos occidentales han aceptado sin discusión la existencia de una novela árabe, del mismo modo que existe una rusa u otra francesa. Antes de Mahfuz, solamente existía una lengua literaria, arcaica, y el dialecto coloquial; él ha hallado la denominada “tercera lengua”. Humilde por naturaleza, su amigo Kafrawy nos explica una anécdota: “Un día de 1988, antes del Nobel, estábamos así reunidos, como ahora, y hablábamos de Hemingway y Faulkner. Él se consideraba muy inferior a ellos. Yo me enfadé y le dije: ‘¡Señor Mahfuz! ¡Nosotros hemos heredado también, en la lengua árabe, toda esa tradición! ¡Usted no es inferior a ellos, debe respetarse más!”. Se calló… ¡y, dos semanas después, le dieron el premio Nobel! Me alegré mucho porque, en nuestro mismo grupo, había gente que le desmerecía y esas actitudes cambiaron”. A Mahfuz le parece, todavía hoy, que hay otros escritores árabes que se merecen el premio: “De la antigua generación, Taha Hussein, Abbas Mahmud al Aqqad, Ahmed Hussein Heikal y Tafwik al Hakim. También tenemos a Gamal al Ghitani, entre la nueva generación. Además, el poeta palestino Mahmud Darwish y el poeta sirio Adonis… y otros cuyos nombres no recuerdo o conozco, dado que llevo años sin poder leer y me he perdido a la novísima generación”. ¿Piensa en la muerte?, le preguntamos a Mahfuz, un día antes de despedirnos. Y, tras un larguísimo silencio, nos responde: “La verdad es que me estoy acostumbrando a ella, me he situado tan cerca de ella que a veces consigo verle la cara, y ya no es una extraña para mí”
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30 de noviembre
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