22/04/2007
Rebeldía de Nobel. Orhan Pamuk
"No me escondo, vivo en Estambul"
Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Orhan Pamuk, el escritor que ha conseguido llevar a los lectores de todo el mundo por las calles y por el alma de Estambul, se ha convertido, a su pesar, en un símbolo de libertad. Amenazado por los ultranacionalistas turcos, se apoya en el humor para seguir recreando su mundo.

Pamuk pasea por el barrio de Cihangir, donde tiene su estudio y donde es muy querido.
"Yo no siento nostalgia. Precisamente todo aquello que me interesa conservar lo incluyo en mis libros, y así no se pierde. Ese es mi legado para las futuras generaciones"
En la calle, frente a un cartel futbolístico, Pamuk se confiesa seguidor del Fenerbahce, uno de los tres equipos importantes de la ciudad, junto al Galatasaray y el Besiktas. La conversación deriva de la Champions League a lo político: ¿debe Turquía entrar en la Unión Europea? Pamuk se siente "desencantado con el proceso. Todos los turcos estamos enfadados porque esto no funciona. A la vez y contradictoriamente, quizá los turcos también están contentos de que no ocurra. Cada vez los europeos desean menos a Turquía y los turcos desean menos a Europa".
A pesar de la intensa oposición de países como Francia, Pamuk recuerda que "en España, los intelectuales y la gente se identifican más con los turcos que con los franceses. Lo mejor lo escuché en Barcelona, con Juan Goytisolo, cuando me dijeron: 'Orhan, si nos cogieron a nosotros, también os llegará el turno a vosotros?. Espero que así sea".
- Pero ¿se siente usted europeo?
-No lo sé. No lo pienso así. Primero, yo me siento turco. Y un turco se siente tanto europeo como no europeo. Creo en una Europa que no esté basada en el cristianismo, sino en el Renacimiento, la Ilustración, la modernidad, la 'libertad, igualdad, fraternidad'... Esa es mi Europa. Creo en esas cosas y quiero formar parte de ellas. Pero si Europa es la civilización cristiana, lo siento mucho, caballero..., los turcos estamos fuera.
Pamuk afronta la escritura con un principio de honestidad radical, que le hace reconocer que puede ser una persona celosa y tener otros defectos de carácter. Eso le ha costado un disgusto con su hermano. "Dijo que no le habían gustado los capítulos de 'Estambul' donde él me pega. Le aprecio y respeto, es una buena persona y un historiador económico de prestigio mundial. Pero las cosas de mi libro sucedieron, no deseo esconderlas debajo de la alfombra. Así que tuve que hacerle algo de daño. En ese tiempo era normal en Turquía pegar a tu hermano, todavía sigue siendo normal en países mediterráneos, todos los hijos de mis editores italianos están haciendo lo mismo ahora. Eso dejó una marca en mi espíritu y tengo el derecho moral de escribir sobre mi vida."
Los celos que siempre ha sentido se refieren "a la idea de que en el cuarto contiguo, en otro sitio, en otra cultura, otro país, estén disfrutando algo más sexy, rico e interesante que lo que yo tengo". Nos explica que, incluso cuando fue padre (su hija tiene ahora 15 años), "me costó bastante tiempo tratar al bebé como un bebé. En mi próximo ensayo, 'Otros colores', que recopila mis textos breves, hablo de ello: al comienzo, estaba muy celoso de la atención que mi mujer le procuraba a ella. Yo deseaba ser el bebé. Deseaba toda la atención de la madre y cuando era para mi hija me enfadaba. Y tampoco sabía cómo manejar la responsabilidad".
A pesar de la intensa oposición de países como Francia, Pamuk recuerda que "en España, los intelectuales y la gente se identifican más con los turcos que con los franceses. Lo mejor lo escuché en Barcelona, con Juan Goytisolo, cuando me dijeron: 'Orhan, si nos cogieron a nosotros, también os llegará el turno a vosotros?. Espero que así sea".
- Pero ¿se siente usted europeo?
-No lo sé. No lo pienso así. Primero, yo me siento turco. Y un turco se siente tanto europeo como no europeo. Creo en una Europa que no esté basada en el cristianismo, sino en el Renacimiento, la Ilustración, la modernidad, la 'libertad, igualdad, fraternidad'... Esa es mi Europa. Creo en esas cosas y quiero formar parte de ellas. Pero si Europa es la civilización cristiana, lo siento mucho, caballero..., los turcos estamos fuera.
Pamuk afronta la escritura con un principio de honestidad radical, que le hace reconocer que puede ser una persona celosa y tener otros defectos de carácter. Eso le ha costado un disgusto con su hermano. "Dijo que no le habían gustado los capítulos de 'Estambul' donde él me pega. Le aprecio y respeto, es una buena persona y un historiador económico de prestigio mundial. Pero las cosas de mi libro sucedieron, no deseo esconderlas debajo de la alfombra. Así que tuve que hacerle algo de daño. En ese tiempo era normal en Turquía pegar a tu hermano, todavía sigue siendo normal en países mediterráneos, todos los hijos de mis editores italianos están haciendo lo mismo ahora. Eso dejó una marca en mi espíritu y tengo el derecho moral de escribir sobre mi vida."
Los celos que siempre ha sentido se refieren "a la idea de que en el cuarto contiguo, en otro sitio, en otra cultura, otro país, estén disfrutando algo más sexy, rico e interesante que lo que yo tengo". Nos explica que, incluso cuando fue padre (su hija tiene ahora 15 años), "me costó bastante tiempo tratar al bebé como un bebé. En mi próximo ensayo, 'Otros colores', que recopila mis textos breves, hablo de ello: al comienzo, estaba muy celoso de la atención que mi mujer le procuraba a ella. Yo deseaba ser el bebé. Deseaba toda la atención de la madre y cuando era para mi hija me enfadaba. Y tampoco sabía cómo manejar la responsabilidad".

Un vecino reclama un taxi para el premio Nobel.
En este sentido, "tal vez el libro que más me ha impactado sean las 'Confesiones' de Jean-Jacques Rousseau. Me empujó a contar no la gran verdad, sino la verdad de mí mismo. Me importan poco los archivos secretos de la CIA o del KGB, me dejan indiferente las verdades históricas ocultas. Me importan las verdades que no han sido reveladas acerca de la humanidad y, para descubrirlas, todo lo que hay que hacer es explorarse interiormente de una manera honesta, franca, cándida y simple. Lo mágico de la literatura es descubrir cosas que todos sabemos, hacer emerger el carácter humano".
Orhan Pamuk procede de una familia rica posteriormente venida a menos, y de su pasado como estudiante de izquierdas conserva "un anhelo de igualdad y fraternidad. Y también un odio a los esnobs, a la gente de la alta sociedad que mira con desprecio desde arriba a la religión, a las creencias culturales, a las clases no privilegiadas. Me irrita la arrogancia de las elites. Gobiernan este país a través del orgullo y la soberbia, están destruyendo la democracia y la cultura. Es lo mismo que todas las estupideces que Occidente comete en Iraq y en otros países... La misma actitud arrogante y esnob de los que gobiernan el mundo".
Tras el paseo, este hombre de 1,89 metros ("¡los tabloides exageran sobre mi altura, no llego a 1,90!") vuelve a trabajar. En su estudio le esperan los folios manuscritos de su próxima novela, "Museo de la inocencia", que define como "una obra radical y ambiciosa que se desarrolla en Estambul entre el año 1975 y la actualidad, centrada en el amor que siente un hombre rico por una pariente lejana pobre. Es una atrevida exploración, un intento de indagar lo que significa el amor: ¿qué sucede dentro de nosotros cuando nos enamoramos? ¿Qué pasa si un hombre está absolutamente loco por una chica, pero ella no? Son las torturas del amor, por las que tanto he pasado y conozco muy bien. ¡Cuánto sufrimiento! De eso trata el libro".
Aunque las estadísticas desaconsejen seguir su ejemplo (sólo hay un premio Nobel entre varios miles de millones de escritores), Pamuk decidió a los 23 años que quería ser novelista y se encerró en su habitación. Tardó tres años en escribir su primer libro, y cuatro en que alguien se lo publicara. "No gané dinero hasta los 30 años, cuando empecé a dar alguna clase". Su madre estaba preocupada, pero él creía en sí mismo. "Mi padre -cuenta- me legó una gran autoconfianza; cuando tenía cinco años y dibujaba cualquier garabato, siempre exclamaba: '¡Este niño es un genio!', y, claro, me lo creí... y aquí estoy." Sigue en su habitación, sigue en Estambul.
Orhan Pamuk procede de una familia rica posteriormente venida a menos, y de su pasado como estudiante de izquierdas conserva "un anhelo de igualdad y fraternidad. Y también un odio a los esnobs, a la gente de la alta sociedad que mira con desprecio desde arriba a la religión, a las creencias culturales, a las clases no privilegiadas. Me irrita la arrogancia de las elites. Gobiernan este país a través del orgullo y la soberbia, están destruyendo la democracia y la cultura. Es lo mismo que todas las estupideces que Occidente comete en Iraq y en otros países... La misma actitud arrogante y esnob de los que gobiernan el mundo".
Tras el paseo, este hombre de 1,89 metros ("¡los tabloides exageran sobre mi altura, no llego a 1,90!") vuelve a trabajar. En su estudio le esperan los folios manuscritos de su próxima novela, "Museo de la inocencia", que define como "una obra radical y ambiciosa que se desarrolla en Estambul entre el año 1975 y la actualidad, centrada en el amor que siente un hombre rico por una pariente lejana pobre. Es una atrevida exploración, un intento de indagar lo que significa el amor: ¿qué sucede dentro de nosotros cuando nos enamoramos? ¿Qué pasa si un hombre está absolutamente loco por una chica, pero ella no? Son las torturas del amor, por las que tanto he pasado y conozco muy bien. ¡Cuánto sufrimiento! De eso trata el libro".
Aunque las estadísticas desaconsejen seguir su ejemplo (sólo hay un premio Nobel entre varios miles de millones de escritores), Pamuk decidió a los 23 años que quería ser novelista y se encerró en su habitación. Tardó tres años en escribir su primer libro, y cuatro en que alguien se lo publicara. "No gané dinero hasta los 30 años, cuando empecé a dar alguna clase". Su madre estaba preocupada, pero él creía en sí mismo. "Mi padre -cuenta- me legó una gran autoconfianza; cuando tenía cinco años y dibujaba cualquier garabato, siempre exclamaba: '¡Este niño es un genio!', y, claro, me lo creí... y aquí estoy." Sigue en su habitación, sigue en Estambul.
de: Lulymariaca | 12/06/2008
Espero se entretengan con los premios nobel y no se aburran. Están muy interesantes.
de: Marián Suárez | 14/10/2007
Gracias por tu honestidad, pero de mí no recibirás compasión, sólo admiración. Admiración por haber sabido dejar a un lado la imagen idealizada y edulcorada de Estambul. Admiración por conseguir que me interese aún más por la ciudad. Admiración por enseñarme a mirarla con otros ojos. Otra vez gracias.
de: rosario reina romero | 18/09/2007
Me han hablado muy bien del libro "Estambul" quiero leerlo antes de viajar allí. Gracias por dedicarnos esta entrevista. Salud.
















