Palabra de Estopa
Estopa sigue creciendo a partir de sus raíces. Los hermanos Muñoz presentan un nuevo disco, Allenrok , que juega con el nombre de su ciudad (Cornellà) dicho al revés y en el que han querido componer hasta los arreglos. Fieles a sí mismos y a su mundo.

Ante la puerta del bar La Española, que regentaron sus padres durante quince años y que ahora
han traspasado a un vecino
De vuelta al bar la española
Aunque todo ha cambiado en su vida y en su entorno, los hermanos Muñoz siempre vuelven al bar La Española, allí donde José era un crío tan pequeño que se subía a una caja de cervezas para poder llegar al fregadero, lavar vasos y ayudar a su padre, Pablo, y a su madre, Paula. Ahora regenta el bar Santi, que es el vecino del piso de arriba y proviene de Chillón, un pueblo extremeño cercano a Zarza Capilla, de donde emigró la familia Muñoz para ganarse la vida en Cataluña. “Nos da cierta pena, porque cuando vemos a Santi es como si nos viésemos a nosotros mismos, y es que vivimos aquí desde los siete hasta los veintidós años. Pero Santi sigue cocinando el cochinillo de Chillón como mi padre hacía su famoso cochifrito. Y mi padre también le pasó la receta secreta de aquellos caracolillos que venía a comer gente de toda Barcelona y hasta de Badalona…” Era cuando se ganaban la vida apretando miles de tornillos cada día en una cadena de montaje
y ayudando en el bar. “Nuestro
único futuro era la fábrica y el bar.”
Hace cinco años que sus padres traspasaron La Española, que sigue decorado con fotografías de Estopa, aunque se llevaron los discos de oro, de diamante, de platino y se mudaron de un piso pequeño en un bloque vertical a una casa del vecino municipio de Sant Feliu de Llobregat. También David se ha ido a vivir a la vecina población de Esplugues, donde acaba de ser padre. “Nunca imaginé que a causa de un hijo mi casa sería un espacio sin humo y tendría que salir al balcón o a la calle para fumar…” Y José se ha trasladado al barrio barcelonés de Les Corts. “Pero todos vivimos a cinco minutos, en casa de nuestros padres tenemos el estudio de música y componemos las canciones, y en Cornellà tenemos los amigos, jugamos a basket, nos tomamos las cervecitas y salimos de noche. Muchos amigos también se han casado y se han ido a vivir a Viladecans y Sant Boi, y es normal, pero todos volvemos porque llevamos Cornellà en el corazón, igual que hace cuarenta años que nuestro padre vive en Cataluña y lleva Zarza Capilla en el alma.”
En este tiempo, la familia Muñoz ha aumentado con un niño, “me va a querer más que a nadie, ya tenía ganas de ser abuelo”, promete Pablo Muñoz. Pero se les ha muerto la abuela Juliana, que en la primera maqueta de Estopa gritaba: “¡Que os calléis!”. Desde aquella primera maqueta, en cada nuevo disco sus nietos citan alguna frase de la abuela Juliana. “Aún nos queda la abuela Antonia, pero la abuela Juliana nos crió, porque nuestros padres se pasaban la vida trabajando. Ella nos decía frases como ‘cuerpo triste, que por donde entraste saliste’ o ‘ya voy, ya voy, pero quieto me estoy”, cuando llegábamos a las tantas de la noche y nos levantábamos a media tarde. Pero su frase más repetida era: ‘Callaros ya, ¿pero os pensáis que os vais a ganar la vida tocando la guitarra?’.”








