Ahora ha perdido parte de su virginidad"
"Cuando hicimos en busca del arca perdida el mundo aún era inocente
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Steven Spielberg nació en Cincinnati en 1946, en una familia judía de origen ucraniano. Debido al trabajo de su padre, que era ingeniero informático, se mudaron varias veces de ciudad. Steven era un niño raro que se sentía diferente a los demás. Desde pequeño se aficionó a rodar películas. Ya adolescente llamó la atención de directivos de la productora Universal. Tras rodar episodios de varias series televisivas, se dio a conocer con el telefilme hitchcockiano Duel (El diablo sobre ruedas). Tiburón, en 1975, lo consagró definitivamente. Tenía 29 años. Ha dirigido medio centenar de obras y ha producido un centenar. Tiene tres Oscar. Pocos han combinado como él el cine de masas con el cine histórico como La lista de Schindler (1993), Salvar al soldado Ryan (1998) o Munich (2005). En 1977, en una playa de Hawai, su amigo George Lucas le propuso rodar una trilogía de un arqueólogo aventurero. En 1981, rodó En busca del arca perdida, a la que siguieron El templo maldito en 1983 y La última cruzada en 1989. Spielberg está casado con Kate Capshaw, que interpretó a la acompañante de Indy en El templo maldito. Sumados, tienen ocho hijos.
(Es difícil no caer seducido por Spielberg. Sin duda, es un profesional del marketing; sabe que tan importante como rodar es vender. Y, sin embargo, llama la atención su amabilidad: se interesa por el entrevistador, escucha con atención, se esfuerza por formular respuestas originales. Su sonrisa tiene algo de
E.T.)
¿Comparte la distinción que suele hacerse entre sus películas serias y sus películas de entretenimiento?
Sí. Si pudiese, siempre haría películas históricas, porque la historia me fascina. Entré en el negocio de las películas con el deseo de tener éxito para así poder explicar historias sobre la historia. Y el éxito de Tiburón y E.T. me permitió arriesgarme al fracaso con películas como La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan, Amistad o Munich.
¿Todavía necesita hacer las películas de entretenimiento?
Sí. Además, mis hijos me repudiarían si no hiciese películas para las masas. Ellos quieren ver mis películas, pero algunas tienen la clasificación R (sólo pueden verla menores de 17 años acompañados por sus padres).
¿Piensa en sus hijos cuando rueda?
Siempre. Pienso: ¿cómo reaccionarán a esto?, ¿qué les hará reír?, ¿qué les hará cubrirse los ojos? También pienso en mí cuando era niño. No creo que haya una gran diferencia entre cómo reacciono ante las películas ahora y hace cincuenta años. El cine, y también la música, sacan al niño que llevamos dentro. Los medios de entretenimiento tienen la clave de nuestras infancias reprimidas. Por muy serio o pragmático que seas en tu vida real, las películas te devuelven a cuando eras un niño o una niña.
Podría decirse que usted ya lo ha hecho todo en el cine. ¿Qué le hace seguir rodando películas?
Una vez que empiezas no puedes parar. Me encanta hacer películas. Si tienes la capacidad de contar una historia, ¿por qué no hacerlo el resto de tu vida? Es lo que me hace levantarme por la mañana y lo que me hace regresar por la noche para poner a mis hijos a dormir contándoles historias.
Con el auge de internet y los medios digitales, ¿teme que desaparezca el cine como lo entendemos hoy, que algún día dejen de existir las salas de cine?
La gente siempre irá a ver películas porque no podemos evitar socializarnos. Somos seres sociales. Queremos compartir nuestro placer con otros aunque no los conozcamos. Queremos formar parte de un organismo vivo, que es el público reaccionando a un mismo estímulo. Por eso pienso que las salas de cine estarán siempre aquí. Pasaremos de la película al digital, y del digital a la holografía, con imágenes rodeándonos, lo que probablemente nos dará dolor de cuello. Habrá otras tecnologías para acceder al entretenimiento, pero lo más popular será el sistema que nos mete a todos en un espacio lleno de gente.
(Spielberg, sea como sea, no para. Ahora tiene en cartera una película sobre Tintín, al que descubrió después de leer una crítica que comparaba En busca del arca perdida con los cómics de Hergé. “Cuando empecé a leerlos, pensé: ‘¡Uau, Hergé lo inventó antes!’.” También prepara dos películas históricas: una sobre la figura de Abraham Lincoln y otra en torno al juicio contra siete activistas de izquierdas en Chicago en 1968 tras los disturbios que se produjeron en la convención demócrata de esa ciudad. Spielberg quiere “mostrar a los jóvenes lo importante que es su voto, hoy más que nunca”. “Entonces –prosigue– había tanto activismo en los campus contra la guerra de Vietnam, y en cambio ahora hay poco activismo contra la guerra de Iraq.”)
Usted ha apoyado a Hillary Clinton en las primarias demócratas, en las que se enfrenta a Barack Obama.
Sí. Hace más de 15 años que conozco al presidente y a la señora Clinton, cuando Bill Clinton era gobernador de Arkansas. Mi esposa y yo somos grandes admiradores de ellos. Mi esposa, sin embargo, vota a Obama, y mis hijos también. En casa soy el único que apoya a Hillary. Hay grandes debates cuando cenamos. Todos contra mí.
¿Es optimista respecto a Estados Unidos?
Sí. Es el mejor país del mundo.
Pero han sido tiempos difíciles.
Sí. Durante los últimos siete años, la Administración Bush ha creado división y ha recreado una especie de unilateralismo e imperialismo que nunca antes he visto. Ha dividido familias, ha creado dificultades económicas, y hemos perdido más de cuatro mil jóvenes en Iraq. Uno de los dos demócratas tiene que ganar en noviembre.
¿Se imagina haciendo una película sobre Iraq?
No. Necesitas tiempo y distancia. John Wayne hizo los Boinas Verdes en medio de Vietnam, pero nadie fue a verlo. Estaban demasiado cerca, los tiempos eran demasiado dolorosos. No fue hasta que Oliver Stone hizo Platoon que fue posible volver a mirar a Vietnam y verlo a través de los ojos de Oliver y de los veteranos que finalmente hablaron de sus experiencias a raíz de la película.
Quería preguntarle por China y Darfur.
(Spielberg se pone serio y niega con la cabeza. Es el único momento tenso de la entrevista. El pasado febrero, el cineasta renunció al cargo de asesor de las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímplicos de Pekín, que se celebran este verano. Lo hizo en protesta por el papel del régimen chino en las matanzas de la región sudanesa de Darfur. “Mi conciencia no me permite seguir como si nada”, escribió en un comunicado en el que justificaba su decisión. Spielberg había recibido fuertes críticas de activistas pro Darfur, entre otras de la actriz Mia Farrow, que le comparó con Leni Riefenstahl, la cineasta favorita de Hitler, que dirigió Olympia, la película propagandística de los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936.)
Sigamos hablando de esto y de Indiana Jones –responde.
¿Por qué no quiere hablar de China y Darfur?
Porque ya hice una declaración escrita. Esta es mi declaración.
Alguien le comparó con Leni Riefenstahl. ¿Le dolió?
No, porque la comparación era tan ridícula e idiota que no me lo tomé en serio.
(Cambio de tercio, pues. La hora pactada llega a su fin. Le pregunto por la Fundación Shoah, que ha recopilado testimonios de miles de supervivientes del holocausto y ahora se prepara para hacer lo mismo en Ruanda, Sarajevo, Sudáfrica y Darfur. La idea es que estos testimonios se utilicen en escuelas de todo el mundo. “Los chavales –dice– aprenderán de los supervivientes reales, no sólo del profesor, de memorizar fechas y hechos. Cuando miras a los ojos de un superviviente, tiene poder para cambiar una vida. El odio se aprende, no se nace con él. Si conseguimos difundir estos testimonios en escuelas de Estados Unidos y de todo el mundo, podemos contener el odio y la intolerancia.”)
Es un proyecto ambicioso.
Sí, pero he dedicado mi vida a esto. Y hasta ahora hemos tenido un gran éxito. La lista de Schindler abrió la puerta.
¿Puede el cine de ficción superar estos testimonios?
No. Ninguna película de ficción puede igualar el testimonio de un superviviente del holocausto.









