14/09/2008
Scarlett, la musa perfecta
Texto de Juan Ignacio Francia
Fotos de Annie Leibovitz
La actriz que inspira ahora el talento de Woody Allen se ha ganado un puesto en el olimpo de Hollywood gracias a su personalidad y su imagen. Intérprete y además cantante, comprometida políticamente, Scarlett Johansson es ya un icono de mujer moderna e independiente.

Scarlett Johansson, fotografiada en la costa de Big Sur, en California
La musa de la españolización de Woody Allen, plasmada en Vicky Cristina Barcelona, es, otra vez, Scarlett Johansson. El director de las oscarizadas Annie Hall y Hanna y sus hermanas no duda respecto de su vedette favorita: “Cada cierto tiempo, en mi vida profesional, encuentro a una actriz con el tipo de talento que me inspira para crear papeles para ella”.
Asomada a su sonrisa Marilyn; como una Audrey Hepburn que se hubiese dejado en casa el academicismo; más chalada que Liv Ullman pero menos que Jean Seberg y con el sexy de Carol Baker, Johansson es, hace mucho, la actriz de moda, la que enloquece a sus fans con esa voz enronquecida, envolvente, a lo Bette Davis, a quien tanto admira. O la de Marianne Faithfull de la primera época, en esa versión de Brass in the Pocket, de Pretenders, que se marca en Lost in Traslation. Porque también canta.
Ha grabado un disco, Anywhere I Laid My Head, con versiones de Tom Waits y David Bowie, y el año pasado, cantó con el grupo escocés The Jesus and Mary Chain, en el festival de Coachela.
Políticamente contraria al presidente Bush, hace cuatro años apoyó al candidato demócrata John Kerry y ahora lo hace con Barack Obama. Ha afinado, junto a otros artistas, en el videoclip de la campaña: Yes, We Can (sí, podemos), donde se entremezcla la letra con los discursos de Obama. Y si este llega a presidente, ¿le cantará por su cumpleaños, conocidas sus aptitudes, el Happy Birthday, para que su parecido con Marilyn Monroe sea aún mayor?
Para redondear semejanzas, además de haber actuado también ante las tropas yanquis en conflicto, se cuenta que es una actriz difícil para trabajar con ella. Pero, a diferencia de las razones escandalosas y posteriormente dramáticas que hicieron de Norma Jean una verdadera pesadilla de directores y productores, sus motivos son puntillosos.
Allen, perversamente, cuenta en los diarios de rodaje de Vicky Cristina Barcelona: “2 de abril.– Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y, más adelante, por su madre, con quien se lleva bien. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambió de agentes… y después cambió de madre. Tiene talento, pera da mucho trabajo”.
Nacida en 1984 en Nueva York, como los personajes que representa con Woody Allen, miss Johansson, en un registro más neutro, reconoce la química existente entre ellos. “Creo que Woody y yo tenemos una sensibilidad y un sentido del humor muy parecidos. Cuando leo sus guiones siento que conecto con él. Creo que sencillamente nos valoramos como artistas y disfrutamos trabajando juntos, porque siempre estamos riendo y pasándolo bien.”
En mayo de este año, la revista People anunciaba la intención de la estrella de casarse con su actual pareja, Ryan Reynolds. Su haber, en este apartado, no es excesivamente llamativo: Tras el estreno de Lost in Translation, reconoció sus preferencias por los hombres maduros. Al parecer mantuvo una relación con el Che Benicio del Toro, 17 años mayor que ella. También se la ha vinculado a Jared Leto y a Josh Hartnett. A pesar de tal palmarés, declaró que “es duro para los actores enrollarse entre sí, porque son jodidamente caprichosos”, añadiendo a esta declaración de principios sus dudas sobre la veracidad de la monogamia.
Asomada a su sonrisa Marilyn; como una Audrey Hepburn que se hubiese dejado en casa el academicismo; más chalada que Liv Ullman pero menos que Jean Seberg y con el sexy de Carol Baker, Johansson es, hace mucho, la actriz de moda, la que enloquece a sus fans con esa voz enronquecida, envolvente, a lo Bette Davis, a quien tanto admira. O la de Marianne Faithfull de la primera época, en esa versión de Brass in the Pocket, de Pretenders, que se marca en Lost in Traslation. Porque también canta.
Ha grabado un disco, Anywhere I Laid My Head, con versiones de Tom Waits y David Bowie, y el año pasado, cantó con el grupo escocés The Jesus and Mary Chain, en el festival de Coachela.
Políticamente contraria al presidente Bush, hace cuatro años apoyó al candidato demócrata John Kerry y ahora lo hace con Barack Obama. Ha afinado, junto a otros artistas, en el videoclip de la campaña: Yes, We Can (sí, podemos), donde se entremezcla la letra con los discursos de Obama. Y si este llega a presidente, ¿le cantará por su cumpleaños, conocidas sus aptitudes, el Happy Birthday, para que su parecido con Marilyn Monroe sea aún mayor?
Para redondear semejanzas, además de haber actuado también ante las tropas yanquis en conflicto, se cuenta que es una actriz difícil para trabajar con ella. Pero, a diferencia de las razones escandalosas y posteriormente dramáticas que hicieron de Norma Jean una verdadera pesadilla de directores y productores, sus motivos son puntillosos.
Allen, perversamente, cuenta en los diarios de rodaje de Vicky Cristina Barcelona: “2 de abril.– Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y, más adelante, por su madre, con quien se lleva bien. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambió de agentes… y después cambió de madre. Tiene talento, pera da mucho trabajo”.
Nacida en 1984 en Nueva York, como los personajes que representa con Woody Allen, miss Johansson, en un registro más neutro, reconoce la química existente entre ellos. “Creo que Woody y yo tenemos una sensibilidad y un sentido del humor muy parecidos. Cuando leo sus guiones siento que conecto con él. Creo que sencillamente nos valoramos como artistas y disfrutamos trabajando juntos, porque siempre estamos riendo y pasándolo bien.”
En mayo de este año, la revista People anunciaba la intención de la estrella de casarse con su actual pareja, Ryan Reynolds. Su haber, en este apartado, no es excesivamente llamativo: Tras el estreno de Lost in Translation, reconoció sus preferencias por los hombres maduros. Al parecer mantuvo una relación con el Che Benicio del Toro, 17 años mayor que ella. También se la ha vinculado a Jared Leto y a Josh Hartnett. A pesar de tal palmarés, declaró que “es duro para los actores enrollarse entre sí, porque son jodidamente caprichosos”, añadiendo a esta declaración de principios sus dudas sobre la veracidad de la monogamia.
de: Oscar Llorens Sanchez | 12/09/2008
A mí me parece que Scarlett Johansonn es una verdadera musa del cine y de la vida real. Nada más verla se te van los ojos con su escultural físico y creo que no hay nada más que decir: Scarlett, ojalá no cambiaras nunca.







