28/09/2008
Brad Pitt, bendita madurez en la vida real y en la ficción
BP
Texto de Juan Luis Álvarez
Veinte años atrás era un joven anuncio en busca de un buen papel. Ahora, cumplidos los cuarenta, es uno de los actores más cotizados de Hollywood y conjuga hábilmente su familia numerosa, junto a Angelina Jolie, con su compromiso social. Su último filme, Quemar después de leer, a las órdenes de los hermanos Coen, confirma su tirón mediático.

Hace algo más de dos décadas, un joven llamado William Bradley Pitt, nacido en Oklahoma pero emigrado a la soleada California en busca de fama y fortuna, daba saltos en plena calle embutido en un disfraz de plumas amarillas, con cresta y pico, para convencer a los viandantes de las delicias gastronómicas del restaurante El Pollo Loco, que le tenía contratado para tal menester.
En uno de los castings a los que se presentó en los ratos que le dejaba libre aquel alimenticio empleo, los creativos de la serie Dallas –la del legendario Jr– debieron de percatarse de que aquel atractivo chaval de ojos azules y rebelde flequillo rubio parecía destinado a robar corazones y llenar bolsillos. Lo contrataron. Estaban ayudando a nacer a un mito.
Veinte años después, Brad Pitt –ya entrado en la cuarentena– es uno de los actores más cotizados de Hollywood y una de las treinta personas más famosas del mundo según las listas que circulan por internet. Su presencia en el reciente Festival de Venecia para presentar su último filme, Quemar después de leer –junto a su amigo y coprotagonista George Clooney y los hermanos Coen, directores de la cinta–, es la última prueba de su tirón mediático. Remata así un año esencial en su carrera y en su peripecia personal.
En lo primero, destaca que la película haya coronado el hit parade americano en la semana de su estreno. Poco ha importado que tanto Clooney como él se hayan guardado su atractivo en el bolsillo para encarnar a dos empleadillos de gimnasio algo horteras. El destino les pone en las manos un disquete con las memorias de un agente de la CIA lleno de rencor con sus patrones a causa de su despido y con el que pretenderán hacer fortuna. Las críticas para esta parodia del cine de espías han sido excelentes, como lo fueron hacia su trabajo en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, gracias al cual consiguió la veneciana Copa Volpi, justo en la anterior edición del certamen, y por el que se rumoreó que sería candidato al Oscar.
En lo segundo, en el ámbito privado, le ha aumentado la familia. Desde julio pasado es padre de dos criaturas más –los mellizos Knox y Vivianne– a medias con Angelina Jolie, tan económicamente rentable, progresista, solidaria y deseada como él, si no más: las mencionadas listas la sitúan algo por delante de su pareja. Les llaman los Brangelina: atroz calificativo acuñado por esos paparazzi convertidos en su sombra. Así pretenden definir a ese trashumante clan que forman las dos estrellas y sus seis hijos –tres de ellos, adoptados– en busca de un lugar donde asentarse con algo de paz alrededor. Buscando, pues, un imposible. El château Mireval, en Brignoles, en la Provenza francesa, les ha ofrecido acomodo en los últimos meses, pero quién sabe si será el definitivo. De momento, los representantes de la administración del país han explicado que, como familia numerosa, pueden acogerse a las ayudas estatales a este efecto y que podrían llegar a los dos mil euros mensuales. Para hacérselo fácil.
En uno de los castings a los que se presentó en los ratos que le dejaba libre aquel alimenticio empleo, los creativos de la serie Dallas –la del legendario Jr– debieron de percatarse de que aquel atractivo chaval de ojos azules y rebelde flequillo rubio parecía destinado a robar corazones y llenar bolsillos. Lo contrataron. Estaban ayudando a nacer a un mito.
Veinte años después, Brad Pitt –ya entrado en la cuarentena– es uno de los actores más cotizados de Hollywood y una de las treinta personas más famosas del mundo según las listas que circulan por internet. Su presencia en el reciente Festival de Venecia para presentar su último filme, Quemar después de leer –junto a su amigo y coprotagonista George Clooney y los hermanos Coen, directores de la cinta–, es la última prueba de su tirón mediático. Remata así un año esencial en su carrera y en su peripecia personal.
En lo primero, destaca que la película haya coronado el hit parade americano en la semana de su estreno. Poco ha importado que tanto Clooney como él se hayan guardado su atractivo en el bolsillo para encarnar a dos empleadillos de gimnasio algo horteras. El destino les pone en las manos un disquete con las memorias de un agente de la CIA lleno de rencor con sus patrones a causa de su despido y con el que pretenderán hacer fortuna. Las críticas para esta parodia del cine de espías han sido excelentes, como lo fueron hacia su trabajo en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, gracias al cual consiguió la veneciana Copa Volpi, justo en la anterior edición del certamen, y por el que se rumoreó que sería candidato al Oscar.
En lo segundo, en el ámbito privado, le ha aumentado la familia. Desde julio pasado es padre de dos criaturas más –los mellizos Knox y Vivianne– a medias con Angelina Jolie, tan económicamente rentable, progresista, solidaria y deseada como él, si no más: las mencionadas listas la sitúan algo por delante de su pareja. Les llaman los Brangelina: atroz calificativo acuñado por esos paparazzi convertidos en su sombra. Así pretenden definir a ese trashumante clan que forman las dos estrellas y sus seis hijos –tres de ellos, adoptados– en busca de un lugar donde asentarse con algo de paz alrededor. Buscando, pues, un imposible. El château Mireval, en Brignoles, en la Provenza francesa, les ha ofrecido acomodo en los últimos meses, pero quién sabe si será el definitivo. De momento, los representantes de la administración del país han explicado que, como familia numerosa, pueden acogerse a las ayudas estatales a este efecto y que podrían llegar a los dos mil euros mensuales. Para hacérselo fácil.
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