07/06/2009

La ruta de los moriscos

Texto de Joaquim Roglan
Fotos de Marc Arias
El autor de La catedral del mar, uno de los escritores españoles que más venden en el mundo, recorre Córdoba para explicar su nueva novela, La mano de Fátima. Ildefonso Falcones cuenta en esta ocasión una historia de amor en la Andalucía del siglo de oro con la mezquita como principal escenario.

Ildefonso Falcones, en la mezquita de Córdoba, donde se hallan las claves de alguno de los muchos misterios históricos que narra en su nueva novela

El novelista se hospeda en el palacio del Bailio, siglo XVI, centro histórico. En su mesa, un vino fino. “Una ciudad con tanta historia exacerba la fantasía. Este patio fue la entrada del palacio de los Fernández de Córdoba, herederos del Gran Capitán. Aquí vivió la nobleza cordobesa, e impresiona pensar que estamos sobre los restos de un atrio donde vivía una familia romana. Todo eso te impregna cuando meditas un rato con una copa de vino y sin el ordenador”, evoca. Descubrió la ciudad de Séneca cuando era adolescente. “Camino de Tetuán en coche, poco antes de que muriese mi padre. Me impresionó porque es una ciudad llena de historia, tranquila, accesible y acogedora.”

Pausadamente, se encamina hacia la plaza de la Corredera. “Córdoba tiene un tipo de construcción que proviene de la domus, y la vida romana transcurría alrededor del patio, sin ventanas al exterior. La época visigótica dejó pocos vestigios, llegan los musulmanes y encuentran algo parecido a lo suyo, casas sin ventanas donde el paraíso es el agua y la vegetación. Pero antes hay el zaguán, preservando la intimidad familiar, porque el patio es un espacio muy íntimo.” Una mujer riega los geranios más altos con un bote atado a una caña. Como en los tiempos de Fátima, protagonista de su historia. “La plaza de la Corredera ya existía, pero no tal y como está. No era rectangular, y sólo quedan este edificio blanco y la antigua cárcel. Después, fue como si trasladasen aquí la plaza de Salamanca, pero no pega. Es una pista castellana en tierra andaluza, y en el subsuelo hay mosaicos romanos sensacionales.” Ya en la calle del Tornillo, recuerda que “Tornillo proviene del torno sobre el que dejaban a los niños en el hospital de los expósitos”.

Los pasos de Fátima conducen a la plaza del Potro. “Cervantes se refiere a ella en El Quijote, y en la época de mi novela construyeron la fuentecilla. Era el mercado de animales, había tabernas, la posada de don Quijote, mesones, líos, todo tipo de gente, soldados, vagabundos, aventureros, un hospital con un patio interior precioso y la mancebía. Córdoba tuvo unos cincuenta hospitales, todos pequeñitos, algunos de sólo seis camas para enfermos de venéreas, leprosos, ciegos…” Una placa en honor a Cervantes le llama “Príncipe de los Ingenios de España”. También hay los museos de Bellas Artes y de Julio Romero de Torres, el que pintó la mujer morena. En la novela, Fátima es “la de los grandes ojos negros”.

A orillas del Guadalquivir, Falcones visita otros enclaves de su historia. “Esta era la zona de los curtidores, y había dos molinos.” Uno se restauró y es un museo. Y allá por la tenería, se alza aún la ermita de los Santos Mártires. “La Córdoba califal fue la ciudad más importante de Occidente, tenía cientos de mezquitas y de pequeñas ermitas como esta, porque se ponían de acuerdo cinco o seis personas y construían su ermita.” Fuera de la muralla musulmana, la calle de la Feria delimita la medina de la axerquia, donde vivían los cristianos durante la dominación musulmana. “Fernando el Santo dividió la ciudad en doce parroquias, y si se compara esta zona con un plano de 1800, se ve que ha cambiado poco.”

El patio de los Naranjos era un huerto y se urbanizó en la época en la que transcurre la novela de Falcones.

En el mihrab de la mezquita  se integran dos religiones
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de: Francisco Moya Leiva | 10/06/2009
Se me presentó en un restaurante de Pampaneira (Las Alpujarras). Como un turista asturiano que hacía preguntas sobre don Juan de Austria, en el entorno de las Minas de Fátima que se encuentran allí mismo. Sin saber que estaba en la cuna del cristianismo, pues lo primero, después de vencer a Soliman, fue erigir un monumento al Padre eterno. No hay que olvidar que el vínculo entre el gato y el hombre tiene carácter eterno. En "La Lomilla del Aire", un lugar limpio gracias a su launa, el profeta Mahoma dejó descansar a su gato. Por cierto, que los autóctonos se llaman los gatos, pero, claro, con esto de Obama, Córdoba vende más.
de: CARLOS A. M. | 10/06/2009
Por fin. Ya era hora. Somos muchos los que estábamos esperando su nuevo trabajo. Con que fuera la mitad de bueno que el anterior ya sería increíble.

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portada 21 de marzo
portada 21 de marzo

Una historia de amor

 'La mano de Fátima' narra la vida de un joven morisco atrapado entre dos amores y dos religiones, así como la búsqueda de su libertad personal y la de su pueblo, en la Andalucía del siglo XVI. La novela aparece cuando se cumplen 400 años de la expulsión de los moriscos de España, en 1609.

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