21/06/2009
Bebe vuelve a la cuna
Texto de Javier Lorbada
Fotos de Montserrat Velando

GORRA DE LOEWE, VESTIDO DE LA ARTISTA, MALETAS DE LOUIS VUITTON. MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA MAURO SACCOCCINI (CHANEL)
La cantante extremeña ha vuelto cinco años después de editar su primer álbum, con el que vendió más de medio millón de copias, que fue disco de oro en Estados Unidos, Italia, Argentina y Colombia y la convirtió en la artista revelación del momento al ganar premios como el Ondas o el Grammy Latino. Ahora regresa con su nuevo trabajo, titulado simplemente Y., un espléndido cuaderno de viaje de su etapa de retiro voluntario, rebosante de sexo e historias íntimas, a veces susurradas o gritadas, pero siempre con esa rabia contenida que destila en todas sus sílabas.
Un esperado trabajo concebido como una unidad, ya que todas las canciones están relacionadas. “Lo concebí como un viaje –explica Bebe–, y quería que tuviera un principio y un final.” La fama le sorprendió demasiado pronto, y decidió marcharse a Nueva Zelanda antes de convertirse en otro muñeco roto: “A los cuatro años de toda esta movida que me superó me fui muy lejos, donde poder encontrar unos ojos que no supieran nada de mí”. Ansiaba volver a ser anónima, disfrutar de esa libertad que le robó el éxito. “Era necesario tomar perspectiva de las cosas para poder valorarlas. Antes de marchar, metí mis problemas en un armario, eché ochenta llaves y no me llevé nada de lo que no me gustaba. Ya estuve bastante tiempo amargada. Había dejado de ser un poco yo, me agobiaba por si me ponía gorras o si llevaba algo que llamara la atención. Ahora, si quiero ir con un gorro, con un sombrero o con las bragas al aire, ¡que me miren los demás!: yo no tengo que dejar de ser un bicho raro porque sean unos inoportunos.” Bebe se fue a las antípodas completamente sola. “Me ha ayudado mucho el estar libre y salvaje. La fama es muy peligrosa. A mí se me fue la pinza para abajo. Si no tienes una vida que te llene, es normal que cuando llegues aquí y te pase algo así, te sientas reconfortado porque, claro, todo es mucho más fácil (aparentemente). Pero si tienes vida anterior, la fama es una mierda porque te jode lo que tenías, tu familia, tu intimidad, lo que te habías trabajado.”
La cantante y actriz también sabe bien lo que es sentirse perseguida por los paparazzi. “Hay cosas que, por mucho que quieran saber, les van a dar por el culo –añade–. No me sale de los cojones dar ciertas explicaciones o contar ciertas movidas. Soy extrema y dura, soy muy perra y muy leona. Tengo clarísimo mi territorio, y por ahí no pasa ni Dios.”
Por las impactantes letras de su segundo disco, parece que lo ha estado pasando en grande: “He querido coger la parte menos triste y oscura. Sí, he recuperado mi humor, ahora es aún más negro que antes”. El sexo y el amor inundan buena parte de sus nuevos temas. “Es algo necesario para todos. Y ya sea con dos, con tres o con los que quieran participar. ¡Arriba el sexo, siempre!, y bien hecho, ¡mejor!” En la última canción del disco, Uh,uh,uh,uh,uh, Bebe canta su amor hacia dos hermanos y opta por montárselo con ambos: “Si esta canción la interpretara un chico, no sería tan bárbara, ¿verdad? Pues entonces, si dicen, ¡que digan! Si yo hubiera vivido una historia así, claro que me parecería una opción factible, ¿por qué no? Me identifico totalmente con lo que canto. No me gusta decir que las canciones hablan de mí porque son más bien sensaciones. Prefiero que la gente las haga suyas y no se centre tanto en lo que yo siento o pienso”.
En las nuevas canciones de la cantante, criada entre Zafra y Montijo (Badajoz), también sorprende la constante presencia de la muerte. “Pienso mucho en ello, pero no como algo dramático –aclara–. La muerte me acompaña, la de la guadaña siempre viene cerca, la hice compañera y cómplice, tengo muchas calaveras. Si fuésemos más conscientes de que vamos a morir, haríamos más cosas, seríamos más libres, tendríamos alas para ser más valientes. Todo tiene solución en esta vida menos la muerte.”
Bebe ya está pensando en sus próximos conciertos en directo. “Serán a partir de septiembre u octubre en teatros, porque me gusta mucho su acústica. Puede que haya también algún festival, aunque la mayoría no me gustan. El de Viñarock, sí, porque siempre me quedo después. Los conciertos no los veo. A mí me apetece quedarme fuera, en mi furgo, o en las raves donde hay un musicón increíble.” En su última actuación en el Viñarock fue recibida por el público con pitos: “Fue atrevido porque canté canciones que nadie conocía. Me apetecía jugar; si no, no me pongo las pilas. Querían que volviera a cantar Jesucristo García (de Extremoduro), y dije: ¡y una leche, que piten! Ahora toca ‘muñequita ponte tacón’ (Más sexy, de Coz). Creo que es más estimulante para unos y otros, así no nos confiamos. Si siempre cantas lo que la gente va a aplaudir, es cómodo y engañoso. Si te la juegas, corriges por aquí y metes más caña por allí. ¡Joder, si no, es un aburrimiento!”.
Puede posar con los vestidos y las joyas más caras del mercado o asistir a algún desfile de moda, pero Bebe no parece muy interesada por los placeres más materiales. “Fui al de Loewe porque soy supercolega de José Enrique Ona Selfa, su diseñador de entonces. Tengo un par de vestidos suyos, como el que me puse en los Goya, porque para mí son sus joyas, es como si él comprara mi disco, pero no compro todo el rato ropa de marca, para nada, sino en el H&M y en los mercadillos. Me gusta mucho la ropa antigua, pero igual la cojo de la basura, cuando la encuentro y me interesa, que la pago si merece la pena. No soy de tener muchas cosas de mucho dinero. Mis mayores joyas son vestidos que me han costado dos duros. El dinero es importante, pero sólo lo justo: en exceso te da problemas. No necesito tanto para vivir, soy muy desprendida. El dinero es para gastarlo.”
Un esperado trabajo concebido como una unidad, ya que todas las canciones están relacionadas. “Lo concebí como un viaje –explica Bebe–, y quería que tuviera un principio y un final.” La fama le sorprendió demasiado pronto, y decidió marcharse a Nueva Zelanda antes de convertirse en otro muñeco roto: “A los cuatro años de toda esta movida que me superó me fui muy lejos, donde poder encontrar unos ojos que no supieran nada de mí”. Ansiaba volver a ser anónima, disfrutar de esa libertad que le robó el éxito. “Era necesario tomar perspectiva de las cosas para poder valorarlas. Antes de marchar, metí mis problemas en un armario, eché ochenta llaves y no me llevé nada de lo que no me gustaba. Ya estuve bastante tiempo amargada. Había dejado de ser un poco yo, me agobiaba por si me ponía gorras o si llevaba algo que llamara la atención. Ahora, si quiero ir con un gorro, con un sombrero o con las bragas al aire, ¡que me miren los demás!: yo no tengo que dejar de ser un bicho raro porque sean unos inoportunos.” Bebe se fue a las antípodas completamente sola. “Me ha ayudado mucho el estar libre y salvaje. La fama es muy peligrosa. A mí se me fue la pinza para abajo. Si no tienes una vida que te llene, es normal que cuando llegues aquí y te pase algo así, te sientas reconfortado porque, claro, todo es mucho más fácil (aparentemente). Pero si tienes vida anterior, la fama es una mierda porque te jode lo que tenías, tu familia, tu intimidad, lo que te habías trabajado.”
La cantante y actriz también sabe bien lo que es sentirse perseguida por los paparazzi. “Hay cosas que, por mucho que quieran saber, les van a dar por el culo –añade–. No me sale de los cojones dar ciertas explicaciones o contar ciertas movidas. Soy extrema y dura, soy muy perra y muy leona. Tengo clarísimo mi territorio, y por ahí no pasa ni Dios.”
Por las impactantes letras de su segundo disco, parece que lo ha estado pasando en grande: “He querido coger la parte menos triste y oscura. Sí, he recuperado mi humor, ahora es aún más negro que antes”. El sexo y el amor inundan buena parte de sus nuevos temas. “Es algo necesario para todos. Y ya sea con dos, con tres o con los que quieran participar. ¡Arriba el sexo, siempre!, y bien hecho, ¡mejor!” En la última canción del disco, Uh,uh,uh,uh,uh, Bebe canta su amor hacia dos hermanos y opta por montárselo con ambos: “Si esta canción la interpretara un chico, no sería tan bárbara, ¿verdad? Pues entonces, si dicen, ¡que digan! Si yo hubiera vivido una historia así, claro que me parecería una opción factible, ¿por qué no? Me identifico totalmente con lo que canto. No me gusta decir que las canciones hablan de mí porque son más bien sensaciones. Prefiero que la gente las haga suyas y no se centre tanto en lo que yo siento o pienso”.
En las nuevas canciones de la cantante, criada entre Zafra y Montijo (Badajoz), también sorprende la constante presencia de la muerte. “Pienso mucho en ello, pero no como algo dramático –aclara–. La muerte me acompaña, la de la guadaña siempre viene cerca, la hice compañera y cómplice, tengo muchas calaveras. Si fuésemos más conscientes de que vamos a morir, haríamos más cosas, seríamos más libres, tendríamos alas para ser más valientes. Todo tiene solución en esta vida menos la muerte.”
Bebe ya está pensando en sus próximos conciertos en directo. “Serán a partir de septiembre u octubre en teatros, porque me gusta mucho su acústica. Puede que haya también algún festival, aunque la mayoría no me gustan. El de Viñarock, sí, porque siempre me quedo después. Los conciertos no los veo. A mí me apetece quedarme fuera, en mi furgo, o en las raves donde hay un musicón increíble.” En su última actuación en el Viñarock fue recibida por el público con pitos: “Fue atrevido porque canté canciones que nadie conocía. Me apetecía jugar; si no, no me pongo las pilas. Querían que volviera a cantar Jesucristo García (de Extremoduro), y dije: ¡y una leche, que piten! Ahora toca ‘muñequita ponte tacón’ (Más sexy, de Coz). Creo que es más estimulante para unos y otros, así no nos confiamos. Si siempre cantas lo que la gente va a aplaudir, es cómodo y engañoso. Si te la juegas, corriges por aquí y metes más caña por allí. ¡Joder, si no, es un aburrimiento!”.
Puede posar con los vestidos y las joyas más caras del mercado o asistir a algún desfile de moda, pero Bebe no parece muy interesada por los placeres más materiales. “Fui al de Loewe porque soy supercolega de José Enrique Ona Selfa, su diseñador de entonces. Tengo un par de vestidos suyos, como el que me puse en los Goya, porque para mí son sus joyas, es como si él comprara mi disco, pero no compro todo el rato ropa de marca, para nada, sino en el H&M y en los mercadillos. Me gusta mucho la ropa antigua, pero igual la cojo de la basura, cuando la encuentro y me interesa, que la pago si merece la pena. No soy de tener muchas cosas de mucho dinero. Mis mayores joyas son vestidos que me han costado dos duros. El dinero es importante, pero sólo lo justo: en exceso te da problemas. No necesito tanto para vivir, soy muy desprendida. El dinero es para gastarlo.”
de: Ana Vega | 26/07/2009
Me parece muy sincera y me sorprendió lo que ha pasado por su fama, yo la conozco antes de todo ese revuelo de éxitos y me parece genial que haya sobrepasado eso. Es auténtica por eso la quiero.
de: M. | 22/06/2009
¡Qué buena idea! Me encantaría escuchar a Bebe versionando a Extremoduro. En serio.








