Dan Brown
Manos de oro

En estos tiempos globalizados, el éxito de una novela no se mide por su lugar en las listas de más vendidos, ni por las lenguas a las que se ha traducido. Hoy un libro es un boom si sus escenarios dan pie a una ruta que justifique la visita de fans de todo el mundo. Ha sucedido en el Barri Gòtic barcelonés gracias a La sombra del viento y en Estocolmo tras el éxito de la serie Millenium. El código Da Vinci provocó una proliferación de webs con direcciones y consejos (www.sacred-destinations.com/da-vinci-code., y www.ehow.com/how2227621_retrace-steps-da-vinci-code), y los atascos para acceder al Museo del Louvre fueron históricos. Ángeles y demonios también generó sus circuitos de interés. El oficial se detalla en www.angelsanddemons.it., que invita a conocer plazas e iglesias romanas clave para los illuminati. El símbolo perdido no puede vanagloriarse de ser la novela que más rápido se ha vendido del mercado anglosajón (Harry Potter manda), pero sí la que ha generado la ruta más expeditiva: www.washington.org/visiting/experience-dc/the-lost-symbol. En ella se apuntan lugares que todo lector ya pisaría por mero sentido común, pero además contiene alguna sorpresa que el fan agradecerá.
Superventas globales
Dos conclusiones saltan de inmediato a la vista al repasar la lista de las cinco obras de ficción más vendidas en el mundo en los últimos cinco años.
1. Si un escritor quiere aspirar a un éxito demencial, que le permita colgarse la medalla de autor de reconocimiento verdaderamente global, debe escribir en inglés.
2. Dan Brown puede sacar pecho de que lo suyo con El código Da Vinci es lo más cercano que la industria del libro ha estado en el siglo XXI de lo que la industria de la música alcanzó con Thriller de Michael Jackson en el siglo XX.
Es indudable que el joven mago surgido de la imaginación de la británica J. K. Rowling ha supuesto el mayor acontecimiento literario desde el punto de vista comercial de un tiempo hasta parte. Sin restar méritos a una serie que a priori contaba con el inconveniente de dirigirse a un público juvenil, en los rankings se contabilizan los siete títulos de los que constó. Algo similar ocurre con la última reina de los vampiros con acné, una Stephenie Meyer que lleva vendidos 10 millones de ejemplares menos que Brown, aunque se trata de una trilogía. Si este cumple su optimista promesa de perpetuar por muchos años las aventuras de Langdon, llegará el día de reconsiderar todo el asunto.
Aunque lejos de las cifras de sus predecesores en las listas, los casos de Stieg Larsson y Carlos Ruiz Zafón encierran un mérito enorme. Para empezar, porque escribieron sus libros en un idioma que no fue el inglés, lo que dificulta una barbaridad su penetración en la gallina de los huevos de oro que es el mercado anglosajón, y segundo, porque sus tramas más adultas y la mayor exigencia de su prosa limitaba sus posibilidades de hacer caja.







