06/07/2008

Tal como los conocí

Jean-François Revel

Texto de Jaime Arias
“El político -dice Revel en sus memorias- igual puede ser amo que  esclavo de la comunicación. Pero de la información, sólo puede  ser esclavo. La democracia, a veces,  necesita de la  comunicación, porque no basta tener la razón para tener el poder. Pero necesita sobre todo  de la información, pues no basta tener el poder para tener razón.”
Basado en esta justa reflexión  que relaciona la política con el periodismo, justificaba su entrega a un noble oficio.
fue un contestatario que escudaba sus divergencias recordando que “comprender no significa aprobar"

Revel era mucho Revel para intentar siquiera sintentizar la personalidad de un hombre de superior inteligencia y de enciclopédica cultura, un controvertido profesor de filosofía, un pensador profundo, lúcido, comprensivo y escéptico, un fértil escritor de humor y prosa volterianos, un periodista muy documentado, crítico agudo y polémico, liberal, radical y antitotalitario, un trabajador perseverante y un espíritu vitalista que encontraba compensaciones en su pasión por el arte , los viajes y los placeres de la gastronomía, de la que fue un auténtico experto. En suma, un perfecto e inconformista intelectual francés de todos los tiempos.

Era de esos intelectuales que, sobre todo para un informador profesional, más vale haberles leído antes de abordarles, porque la celebridad les asedia de tal manera que les cuesta salir de un comprensivo y defensivo mutismo, antes que repetirse sin cesar o responder con perogrulladas. A diferencia de Dalí o Cocteau, que eran adictos a la publicidad y lo tenían claro: aguzando el ingenio, buscaban la manera de contentar al prójimo con fórmulas divertidas o incongruentes con tal de convertirlas en noticia inédita. Por eso mismo, Revel, cuyas conferencias solían ser de singular actualidad e interés, también evitaba ser aburrido y era orador ocurrente, incluso tertuliano jovial rodeado de entendidos y en torno a una mesa bien provista.

Lo conocí en distintas circunstancias y ambientes, con la ventaja de haber seguido a ese valiente maître à penser en buena parte de su producción literaria y periodística, en especial en sus etapas de director de L’ Express y de colaborador de Le Figaro y Le Point. No siempre estuve de acuerdo con sus papeles, en los que encontré una sistemática crítica a De Gaulle. Impropia de un resistente francés, aunque fuera aplicada a la forma de presidir la V República, que fue, sin embargo, la manera de poner remedio a la ingobernabilidad del anterior sistema, que adolecía de las consecuencias de la descolonización del imperio. Cierto es que, luego, Revel fue aún más virulento con Mitterrand, de cuya presidencia se desmarcó siendo consejero áulico. Por eso Revel distinguía entre lo presidencial y el presidencialismo.

Con más o menos razón, pero siempre con argumentos sólidos, Revel fue un explicable contestatario que escudaba sus divergencias recordando que “comprender no significa aprobar”. Un filósofo y espectador de la escena política universal que, con el visionario Bertrand de Jouvenel, tiene la humildad de reconocer “la incapacidad de la inteligencia  humana de comprender la historia en la que vive”. De ahí que no entendiera que tantos intelectuales coetáneos hubieran acabado en sumisos devotos del estalinismo y otras similares ideologías absolutistas, en contraste con muy bravos disidentes que prefirieron la humillación del internamiento en clínicas psiquiátricas o la deportación siberiana.

Tuvo ocasión Revel de experimentar una forma de presidencialismo. El que ejerció el PRI desde la revolución. Actuó de profesor en el Instituto Francés de la capital mexicana, lo que le familiarizó con las historias precolombinas y la conquista hispánica, y trabó grandes amistades con Octavio Paz, Luis Buñuel y Carlos Fuentes. Lo que le permitió profundizar en el conocimiento del exilio español, su cultura enciclopédica y democrática posrepublicana. Acaso fue eso mismo lo que le permitió valorar el éxito de nuestra transición política y el decisivo papel que le cupo al Rey. A don Juan Carlos no le regateó elogios este intelectual siempre tan remiso en otorgarlos. En Italia, en donde también ocupó cátedra,  coincidió su juancarlismo con sus  exigentes amigos y colegas Indro  Montanelli y Arrigo Levi.

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30 de noviembre
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