Rose Byrne Una actriz para el futuro

Su gran potencial para seguir triunfando en los próximos años es lo que valoró el jurado del premio Women in Film Max Mara Face of the Future otorgado a la actriz Rose Byrne en Los Ángeles. Conocida, entre otras cosas, por su papel en la serie de televisión Daños y perjuicios, está a punto de estrenar Annie, su primer musical. En estas imágenes ejerce de modelo de la ropa de Max Mara para esta temporada.

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Acostumbrada a los reconocimientos, la actriz Rose Byrne, nacida en Sydney hace 35 años, se muestra especialmente satisfecha del premio que le fue concedido hace unos meses en la capital mundial del cine. Es porque “Women in Film (mujeres en el cine) –explica– es una organización extraordinaria (presidida por la productora Cathy Schulman) que se ocupa de todas las mujeres que trabajan en la industria cinematográfica, desde directoras y actrices hasta montadoras, maquilladoras o técnicas de sonido”. Si bien la gala en que se entregaban los premios no tuvo el esplendor de unos Oscar, el palmarés de reconocimientos estaba a la altura de aquellos, ya que acompañaban a Byrne las también actrices Cate Blanchett, Eva Longoria y Kerry Washington, la protagonista de la serie de televisión Scandal. Todas ellas consideran –y coincide Rose Byrne– que, aunque desde el punto de vista del espectador parezca increíble, todavía es necesario que exista una asociación como Women in Film, “porque desgraciadamente –asegura la australiana–, las mujeres no están todavía muy bien representadas en la industria del espectáculo. Ni siquiera las actrices”. Y aporta datos: ellas fueron protagonistas absolutas en sólo un 15% de las películas estrenadas en el 2012; en el 29% tuvieron papeles destacados, y representaron un 30% del total de los actores contratados ese año. “Y no hablemos –insiste–, de cuáles suelen ser los roles femeninos o los puestos de responsabilidad en los estudios, porque ahí el porcentaje de mujeres disminuye de forma alarmante”.

“Hay algo de mágico en ir a una sala de cine, donde reina la oscuridad y puedes concentrarte en lo que ocurre en la pantalla. Es una sensación que no encuentras frente al televisor”

Aunque, personalmente, no se queja. Empezó a trabajar en cine muy jovencita sin que ello perjudicara, afirma, su vida personal. “Para mí fue bueno, porque era una niña muy tímida y me ayudó a abrirme”, dijo. Después de estudiar Filología Inglesa, prosiguió con una carrera que le hizo dejar su Australia natal –donde asegura que se hacen buenas películas, pero en una industria muy reducida– para instalarse en Estados Unidos. No en Hollywood. “Me trasladé pronto a Nueva York porque era allí donde se grababa Daños y perjuicios (la serie de televisión protagonizada también por Glenn Close)”, señala. Y descubrió que la ciudad le encantaba, “porque puedes ir caminando a todas partes, por la diversidad de sus habitantes y porque no es un lugar donde todo tiene relación con el cine y el espectáculo como en Hollywood”. Acabada la serie, ya no dejó la ciudad, porque le permite llevar una vida “de lo más normal, aburrida incluso –bromea–: camino, voy de compras, al supermercado, cocino”. ¿También lava los platos? “Por supuesto que sí –casi se ofende–, y me gusta hacerlo. Soy muy doméstica”.

Aunque su papel en esa serie no ha sido el único relevante –en el 2000 conseguía la Copa Volpi del Festival de Cine de Venecia como mejor actriz por su papel en la poco conocida La diosa del asfalto–, las mayores alegrías se las debe a Ellen Parsons, la joven abogada que se ve inmersa en la controvertida forma de ejercer la abogacía de su jefa Patty Hewes (Glenn Close). Aunque varias veces nominada a los Globos de Oro y los Emmy en las cinco temporadas que se mantuvo en antena, no consiguió ninguno de ellos, pero sí otros muchos premios. No son imprescindibles, opina, “pero estimulan y te animan a seguir adelante”. Sabiendo que la entrevista se va a publicar en España, recuerda la película que hizo bajo la dirección de Juan Carlos Fresnadillo, 28 semanas después, y valora las virtudes de las películas de bajo presupuesto, “porque suelen permitirte hacer papeles más complejos y trabajados, aunque lo mejor es ir alternando con grandes producciones para no estancarte”.

Es también una firme defensora de las producciones televisivas –“están viviendo su edad de oro y no hay que acomplejarse por participar en ellas, hay series muy bien hechas, con temas interesantes, personajes bien definidos y medios técnicos que no tienen nada que envidiar a los del cine. Y excelentes papeles femeninos (sin ir más lejos, el suyo y el de Close)”–. Pero sigue pensando que “hay algo de mágico en ir a una sala de cine, donde reina la oscuridad y puedes concentrarte en lo que ocurre en la pantalla; es una sensación que no encuentras frente al televisor”. Y confiesa que sigue prefiriendo ese carácter de acontecimiento que todavía tiene ir a una sala de cine.

Se declara incapaz de decidir cuál de los papeles que ha interpretado es su favorito –“cada uno tiene sus peculiaridades y su interés”–. Y si se le plantea cuál le habría gustado hacer y aún no le han propuesto, responde que “muchísimos, aunque tengo la creencia de que todo está en el universo y que encajen o no depende en gran parte de la suerte, así que no me preocupo por esas cuestiones”.

En los últimos meses ha añadido otro papel a los muchos que está haciendo –está a punto de estrenar un remake del musical Annie– que nada tiene que ver con la interpretación. Como se puede apreciar en estas páginas, se ha puesto en la piel de una modelo. Se trata de una colaboración con la firma italiana Max Mara, patrocinadora del premio de Women in Film que ganó Byrne, para presentar su colección de este otoño-invierno.

Cuando se le pregunta qué papel tiene la moda en la vida de una actriz, responde que “es una decisión personal; que vayas bien vestido no significa que seas un buen intérprete. Pero es cierto que existe una larga historia de relaciones entre modistos de renombre y estrellas de cine, como Audrey Hepburn y Givenchy o Marilyn Monroe y Ferragamo... A mí de la moda me gusta esa vertiente de fantasía que tiene y también ese proceso de buscar tu propio estilo y el de tus personajes”. El suyo es sobrio. “Como vivo en Nueva York –justifica–, puedo permitirme vestir de manera informal para ir prácticamente a todas partes –vaqueros, shorts, deportivas–. Me he dado cuenta de que a medida que me voy haciendo mayor voy simplificando mi estilo, incluso cuando tengo que arreglarme para algún acontecimiento especial. Y aunque no me considero preocupada por la moda, disfruto cuando llevo ropa de grandes diseñadores”.