Isabel II
La reina a través del objetivo

Hojas de contacto de la familia real en Buckingham Palace. Cecil Beaton tomó estas imágenes en octubre de 1942
Isabel (Lilibet para sus familiares) no nació para reinar, pero cuando su tío Eduardo VIII dio la campanada y abdicó, en diciembre de 1936, para casarse con la divorciada norteamericana Wallis Simpson, se convirtió en la heredera al trono. Tenía 10 años, una hermana menor, la princesa Margarita, y estaba siendo educada en casa por institutrices supervisadas por su madre, la reina consorte (de soltera, lady Elizabeth Bowes-Lyon). Pronto empezó su aprendizaje como futura reina.
Pequeños actos públicos con sus padres, visitas e inauguraciones. Y su primer discurso, pronunciado a los 14 años, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en la BBC, solidarizándose con los niños evacuados por el conflicto. La princesa no tenía los terribles problemas de dicción que padeció su padre, y en la emisión se aprecia su voz aguda, aún de niña, con un acento por encima de lo aristocrático y un tono suave pero firme, que denotaba ya un precoz sentido del deber.
En los años sucesivos, Isabel salió airosa de esta y de otras muchas pruebas, como su contribución durante la guerra en la rama femenina del ejército británico y su boda, en noviembre de 1947, con el apuesto teniente Philip Mountbatten. Una ceremonia que los ingleses ya bordaban entonces, con las habituales carrozas doradas, soldados a caballo, himnos y multitudes. La entonces princesa se casó en la abadía de Westmister, donde, seis años después, protagonizó otra ceremonia aún más importante: su coronación. En el intervalo, ya había tenido dos hijos (los príncipes Carlos y Ana) y ya desarrollaba tareas de Estado. Fue precisamente durante un viaje suyo a Kenia cuando falleció su padre, el 6 de febrero de 1952. La historia ha contado muchas veces que Isabel se fue a dormir como princesa y despertó siendo reina. Por si este hecho no fuera lo suficientemente teatral, la monarca y su esposo se alojaban en un remoto hotel construido sobre un árbol, rodeado de elefantes y fieras salvajes.

La reina y su esposo, el príncipe Felipe de Edimburgo, observan a sus hijos Ana y Carlos en los jardines del palacio de Buckingham, en una imagen tomada por Snowdon en 1957
Fotógrafo y familiar
En sus más de 60 años de carrera, lord Snowdon (Antony Armstrong-Jones) ha retratado a muchos de los iconos del siglo XX, pero ninguno supera el poder mediático de su modelo estrella: Isabel II de Inglaterra. Entró a formar parte de la familia real inglesa en 1960 y, pese a su divorcio de la princesa Margarita, siempre ha mantenido buenas relaciones. Con 82 años, es objeto de un libro homenaje de su colega Koto Bolofo. Ambos conectaron en seguida –"¿Le apetece un trago?", le preguntó Snowdon en su primer encuentro, a las 11 de la mañana–. Esta cercanía aumentó la admiración de Bolofo por un personaje de quien se ha dicho que tenía más conexiones que talento. "Eso es absolutamente falso. Snowdon es genuinamente un fotógrafo: ya lo era antes de entrar en la familia real y siguió siéndolo... Morirá siendo fotógrafo", afirma
Nueva Zelanda, la Unión Sudafricana, Pakistán y Ceilán y de sus posesiones y los otros territorios”.
Fiel a su juramento y con grandes dosis de serenidad y paciencia, Isabel II ha cumplido sus deberes como cabeza de Estado de forma intachable. Pese a los escándalos de sus hijos y sus nueras; amenazas terroristas, intrusos en palacio, annus horribilis y la dramática muerte de Diana de Gales, la reina se ha mantenido incólume. Sigue siendo una figura muy respetada en su país, que celebra con ella en el 2012 el jubileo de diamante: sus 60 años de reinado. Todo un récord que se debe tanto a su profesionalidad como a la arraigadísima tradición monárquica de los británicos.
Pero en su andadura, la reina ha contado también con un importante aliado, clave para modelar el rostro público de la familia real: la fotografía. Sus antepasados fueron pioneros en su utilización. Ya en 1842 el príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria, fue el primer royal en dejarse fotografiar. Durante el largo reinado de Victoria se empezó a explotar el poder de este medio, y sus retratos se diseminaron por todos los rincones del imperio. Desde entonces, la efigie real se ha utilizado sin complejos en todo tipo de soportes, tanto oficiales como domésticos.

La reina Isabel II, con su tercer hijo, el príncipe Andrés, en 1960. Los retratos familiares de la reina de Cecil Beaton eran más sobrios que los oficiales y la hacían más cercana. Beaton fotografió a los cuatro bebés reales







