17/06/2007

La era de las fotos infinitias

Texto de Gabi Martínez
Fotos de Àlex García

En cinco años el mundo se  convirtió a la foto digital olvidando carretes y revelados. Cámaras y móviles han transformado a uno de cada tres españoles en fotógrafo de los otros dos. Cualquier fenómeno queda registrado.

Fotos marinas en el túnel del Aquarium de Barcelona.

"Hoy he visto esto", dice un hombre en la barra del bar. Teclea el teléfono móvil y enseña varias fotos a sus amigos. "Estamos ante un cambio de lenguaje histórico", coinciden los analistas. Uno de cada tres españoles (18 millones) puede dispararle a usted en cualquier momento. O puede ser usted quien dispare. Desde el boom de las cámaras digitales ya nadie pide permiso para sacar una foto en la calle; la industria del revelado se recicla a marchas forzadas; en la plaza de San Pedro miles de fieles se secan las lágrimas con una mano mientras con la otra obtienen instantáneas del Papa; y el artista Joan Fontcuberta proclama llegada la hora del "homo photographicus". "Antes, a los fotógrafos solían preguntarnos si íbamos todo el día con la cámara encima. Ahora podemos responder que sí. Yo voy todo el día con al menos una cámara en el bolsillo. Y tú. Y él. Y él", dice Txema Salvans, que trabaja un proyecto basado en fotos tomadas con teléfono móvil. "Ahora la gente dispara por nada, por instinto. Antes, una foto resultaba algo más íntimo", dice Àlex García, otro profesional del sector que investiga la eclosión digital. Àlex sabe que la primera cámara sin película se patentó en 1972, aunque no fue hasta 1994 cuando Apple la comercializó por debajo de los 1.000 dólares.

De todos dos modos, en la España del año 2000, el 96% de las cámaras vendidas eran todavía analógicas. En el 2005 esas ventas habían caído al 8%. Es decir, que lo digital ha arrasado en ¡cinco años! aupando al mercado español al top del crecimiento mundial.

¿Por qué?:
a) La calidad de definición de las cámaras digitales ya es equiparable a la de las analógicas;
b) su tamaño compacto y en general reducido las hace cómodamente portátiles;
c) una tarjeta con capacidad para 468 imágenes evita transportar trece carretes de 36 fotos;
d) (gran quid) permite un visionado instantáneo de la foto y eliminarla si no gusta, y e) las imágenes pueden enviarse de inmediato a otros receptores que compartan la tecnología. Aparte de
f) un precio asequible.

¿Y qué se fotografía?
Cristina Gallego,
coordinadora del concurso fotográfico del Magazine, recibió la cifra récord de 16.743 imágenes para la edición de este año, "sólo unas 800 en formato papel. Los temas no variaron demasiado respecto a los de ediciones anteriores: fotos del verano. Paisajes exóticos, familias, animales domésticos...". Pero la edad media de participantes resultó más joven. "Si antes había una cámara en la casa y la manejaban los padres, ahora los hijos también la utilizan o tienen la suya propia." Según el experto en fotografía digital Tom Ang, "probablemente se estén sacando más fotos en un año que en los anteriores 160 años de la fotografía juntos". La multiplicación de cámaras las ha hecho más incontrolables. Como indica Àlex García, "hasta hace poco prohibían entrar con cámaras en concierto y sitios así, pero eso se acabó". Manuel López, director de la revista "Foto", asegura que la omnipresencia de los objetivos es un ejemplo de "democracia cultural, un paso más hacia la libertad".

Gracias a estas cámaras se pudo denunciar las torturas en Abu Ghraib y documentar mejor los atentados en el metro de Londres el 7-J. Incluso un fotógrafo amateur captó tan bien la devastación de los tsunamis que ganó el World Press Photo 2005, premio hasta entonces reservado a los profesionales. Los reporteros reconocen que a partir de ahora no podrán competir con la inmediatez y la oportunidad de las personas presentes en determinados acontecimientos. Pero, como la fotógrafa Lourdes Segade, recuerdan que "no es fotógrafo el que hace fotos como no es escritor el que escribe ni
filósofo el que piensa. Tiene que haber una motivación clara detrás de la imagen.

Autofoto en el Empire State.

El gran problema es la durabilidad. La mayoría de las fotos digitales flotan en el mundo virtual sin llegar nunca a ser tangibles.

Un proyecto". "Una cultura de visión e inteligencia descriptiva", añade Fontcuberta. De cualquier modo, hay quien no acaba de asimilar el cambio. El retratista Joan Tomàs dice que las digitales homogeneizan la mirada. Todas las fotos son más parecidas.Se está perdiendo una forma de mirar. No soporto al que dispara y, en lugar de seguir atento, empieza a mirar lo que

acaba de fotografiar". Aunque Joan Tomàs acepta la inexorable marginalidad de su técnica, cavila la posibilidad de impulsar un manifiesto por la preservación de las cámaras analógicas, "un patrimonio cultural". "No se puede ir en contra de los tiempos –dice el coleccionista Enrique Ordóñez–. Todos los avances tecnológicos están al servicio del artista. Después se trata del uso que cada cual haga de ellos."

La apuesta de la industria es sin duda digital. Su velocidad para procesar fotos está liquidando fulgurantemente lo analógico. La tecnología de captura remota permite tomar una foto y, si la cámara está conectada a un ordenador con alguien al teclado, enviarla ipso facto a un destinatario a la espera. El periodismo deportivo o la publicidad –con los clientes visionando en tiempo casi real las fotos de sus campañas– son grandes beneficiarios de este sistema.

Como indica Manuel López, "el salto de la industria húmeda del laboratorio a la seca de la informática" ha implicado el derrumbe o reciclaje de empresas clásicas como Konica, Minolta, Polaroid o Kodak,
que este verano anunció el fin de su producción de papel fotográfico en blanco y negro. Así, artistas como Annie Leibovitz y renombrados integrantes de la agencia Magnum han decidido comprar carretes para el resto de su vida, antes de que se extingan.

"Lo que está claro –dice Fontcuber
ta– es que las más beneficiadas han sido las gallinas, porque ya no hará falta forzarlas a poner los huevos con los que se fabrica la gelatina de las películas." Fontcuberta resalta el valor ecológico de lo digital, pero también señala el gran obstáculo de esta tecnología: la durabilidad de las imágenes. Archivadas en iPods, teléfonos, ordenadores, CD o internet, la mayoría de las fotografías flotan en el mundo virtual sin llegar nunca a ser tangibles, pese a que "hay tintas de impresora –dice Manuel López– que ya duran más que las copias de negativo". Sin embargo, la falta de copia física hace que un cambio de ordenador o de sistema operativo pueda dar al traste con miles de imágenes por simple pereza del usuario. Mantener una colección obliga a grabar con frecuencia. Nimiedades para un amateur como el veinteañero Guillem Guasch, que dispara unas 300 fotos semanales por afición y por colgar alguna en su ventana de fotolog.com, que renueva a diario. A través de este espacio internauta, miles de aficionados muestran y comentan sus imágenes inaugurando amistades con colegas mozambiqueños, chinos o del cíber de la esquina...

"Es una nueva forma de chat", dice Guasch.
Otra versión en internet sería flicker.com, cuya página de álbumes de fotos se cuenta entre las 100 más visitadas del mundo. Lo digital ha hecho posible ver desde treinta hombres en un festival erótico enfocando un clítoris a la vez hasta millares de manifestantes fotografiando y grabando a los policías que hacen lo propio con ellos. Pero el valor más encomiable de esta tecnología es "cómo nos acerca a lo íntimo, lo espontáneo. Por eso el teléfono móvil resume al máximo esta proximidad", dice Txema Salvans, que sigue aumentando su colección de fotos de señoras en zapatillas y hombres cuidando plantas. El proyecto empezó por invitación de Nokia, que le regaló un móvil con cámara integrada. (El 60% de los móviles ya cuenta con una cámara integrada.) Si Josep Pla viviera, sería un gran disparador de móviles. Como no vive, este proyecto lo protagoniza Txema Salvans. "El móvil es un objeto cotidiano, no pretencioso, y mi trabajo trata de reflejar esa cotidianidad, esos momentos singulares que no son noticia –ha dicho el fotógrafo–. Esta cámara es adecuada para recoger lo mejor que nos pasa: regar las plantas, bañar a tu hijo... Y aquí hago mía esa frase de Robert Doisneau, que dice que él no fotografía el mundo como es sino como le gustaría que fuera. Eso es. Lo digital nos ayuda a desnudar nuestra parte blanca."
de: Sebastián Terrasa | 26/11/2007
Nokia, por favor, seguid investigando y perfecccionando el móvil con pantalla retráctil tipo n 93, es básico para poder trabajar en fotoperiodismo.
de: SEBASTIÁN TERRASA CARBONELL | 28/08/2007
Soy profesional y actualmente mi cámara más querida , más deseada y más utilizada en un simple teléfono móvil, un NOKIA N 93. Es mi mejor arma para trabajar y conseguir fotos muy especiales llenas de emoción. Lo recomiendo.
de: César Pereira | 27/08/2007
No soy profesional, como mucho me defino como aficionado medio, tengo una kodak DX6490. Estaba leyendo este reportaje con gran afán, hasta que me paré por el comentario de Joan Tomàs e intenté probar. Cogí mi cámara digital, desactivé la opción de vista previa y saqué una foto, y me di cuenta enseguida que faltaba algo... necesito ver lo que acabo de retratar. Durante un segundo tengo que verla. Aunque yo tengo mi parte, lo que no soporto es fotografiar a gente, individual o en grupo, a la cual tardas un rato en colocar, y que acto seguido a ser fotografiados se amontonan a tu alrededor para ver cómo han salido y dar el visto bueno. ¿Quién decide si la foto está bien o mal? ¿tú, o yo?
23 de noviembre
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