Cien años de moda para la historia
Coco Chanel
Ningún diseñador de moda ha sido tan influyente como Coco Chanel. Cuando se cumplen cien años de su debut en este oficio, el legado de esta mujer genial y polémica perdura en las pasarelas. Un libro editado por Karl Lagerfeld, actual director creativo de la firma, con las fotos tomadas en 1962 por Douglas Kirkland, recuerda el que considera su último verano como reina de la moda, y una película protagonizada por Audrey Tautou muestra su juventud y primeros años en la profesión.

Coco Chanel, con casi 80 años, ultima en una modelo lo que en moda se conoce como su famosa prueba de la manga
.Fue la primera diseñadora en lanzar su perfume, en colgarse el bolso en bandolera y en crear una línea de bisutería. Sustituyó las pieles caras por las de conejo. Ideó las sandalias con suela de corcho. Acortó las faldas y, a la vez, su melena, que ocultaba bajo sus sombreros encasquetados, secos y sobrios como ella. Con ellos debutó como diseñadora, alrededor de 1909, abriendo una sombrerería en París. Sus diseños, libres de las plumas y las hortalizas de moda entonces, causaron sensación. Ella desterró el exceso. Porque, como contó al escritor Paul Morand, autor de El aire de Chanel, hasta entonces “la mujer sólo era un pretexto de riquezas, puntillas, martas cibelinas, chinchillas y materiales demasiado caros”.
Pero si como creadora su trayectoria es apasionante, también lo es su biografía personal. Nacida en 1883 en una aldea de Francia, Gabrielle Bonher Chanel perdió a su madre a los seis años y, poco después, fue abandonada por su padre. Su infancia estuvo marcada por la soledad que experimentó tanto en sus estancias en el orfanato como en la casa auvernesa de sus severas tías. Una orfandad que la marcó para siempre. “La soledad –confesó a Morand– ha formado mi carácter, que es malo; endurecido mi corazón, que es orgulloso, y mi cuerpo, que es resistente.”

A la derecha, rodeada de su equipo y algunas de las modelos, minutos después del desfile.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que pasó refugiada en el Ritz parisino, cerró su casa de costura. Debido a su amistad con un oficial nazi, su reputación salió tocada tras la contienda. Pero Chanel decidió volver a su profesión. Ya era entonces una leyenda. Una mujer poderosa y mordaz a la que un joven fotógrafo norteamericano, Douglas Kirkland, fue a retratar por encargo de la revista Look. Ocurrió en el verano de 1962; “en cierto modo, su último verano como la reina de la moda. Los tejanos y las minifaldas estaban camino de invadir el mundo”, escribe Karl Lagerfeld. El que hoy es director creativo de Chanel prologa Mademoiselle, el último de los libros dedicados a ella. El volumen recopila las imágenes de Kirkland, que la muestran como la trabajadora incansable que siempre fue. Con su cigarro en los labios, ya sea probando a las modelos o en la mítica escalera de su maison, ella es el eje. Pero, como relata Lagerfeld, lo más sorprendente de las fotografías es la calidez que desprende Mademoiselle. “Nunca hizo grandes esfuerzos con las mujeres, pero ese joven era un blanco perfecto para probar por última vez sus legendarios poderes de seducción. Hay muy pocas fotos suyas, incluso cuando era joven, con esa sonrisa encantadora, con esa expresión luminosa.” Para Lagerfeld, Kirkland logró plasmar lo que Coco fue antes de convertirse en la “formidable Chanel”, un mito que perdura un siglo después. Eva Millet

Abajo, otro ajuste antes del desfile. Para Chanel, el arte de la moda consistía en saber favorecer.










