28/06/2009
Un país de series
Texto de Juan Luis Álvarez
Fotos de Montserrat Velando
Son series consolidadas en sus comunidades autónomas, de cuidada factura y nutridas audiencias, que plantan cara a producciones más costosas de ámbito nacional. Historias cercanas y universales que han hecho populares a sus protagonistas. Ocho intérpretes encantados de ser profetas en su tierra y dispuestos a dar el salto a la gran pantalla.

Eloísa González En clave de Ja (Televisión Canaria)
En clave de Ja es la joya de la corona de Televisión Canaria, en la que Eloísa González ejerce de actriz-presentadora “porque ese es mi papel; aunque tenga cabida la improvisación, están escritos todos los puntos y todas las comas”. Forma parte de la compañía Instinto Cómico, responsable del programa –que emite reposiciones en verano y regresa en septiembre–, y se considera el contrapunto “de las parodias que realizan mis compañeros, inteligentes, divertidas y muy cercanas”. Su historia es la de una niña que aspiraba a ser cantante, pero que, “por casualidad, por un amigo que trabajaba en una televisión local”, consiguió iniciar una carrera que pasa por TVE y que culmina al frente de Supermodelo 2008 en Cuatro, recientemente.
“Yo vivo esa dualidad entre la actriz y la presentadora con mucha tranquilidad. Mis compañeros me animan a que cada vez asuma más retos e interprete nuevos personajes en el programa, pero mientras espero que Pedro Almodóvar me descubra como la nueva Penélope Cruz –que lo dudo mucho–, disfruto de lo que tengo, que es mucho.” Las galas de En clave de Ja, que se realizan en diversos teatros de las islas, han llegado a convocar a 6.500 personas, “seguidores que hacen cola desde las cinco de la mañana para estar con nosotros. Ahí es donde se nota que nos quieren. Ahí y en la calle; somos para ellos como de la familia”. Nació en Tenerife “hace 28 castañas”, y su empeño actual es demostrar que el fenómeno del que disfruta sería un éxito en todo el Estado “porque el humor es el mejor de los denominadores comunes”.
En clave de Ja es la joya de la corona de Televisión Canaria, en la que Eloísa González ejerce de actriz-presentadora “porque ese es mi papel; aunque tenga cabida la improvisación, están escritos todos los puntos y todas las comas”. Forma parte de la compañía Instinto Cómico, responsable del programa –que emite reposiciones en verano y regresa en septiembre–, y se considera el contrapunto “de las parodias que realizan mis compañeros, inteligentes, divertidas y muy cercanas”. Su historia es la de una niña que aspiraba a ser cantante, pero que, “por casualidad, por un amigo que trabajaba en una televisión local”, consiguió iniciar una carrera que pasa por TVE y que culmina al frente de Supermodelo 2008 en Cuatro, recientemente.
“Yo vivo esa dualidad entre la actriz y la presentadora con mucha tranquilidad. Mis compañeros me animan a que cada vez asuma más retos e interprete nuevos personajes en el programa, pero mientras espero que Pedro Almodóvar me descubra como la nueva Penélope Cruz –que lo dudo mucho–, disfruto de lo que tengo, que es mucho.” Las galas de En clave de Ja, que se realizan en diversos teatros de las islas, han llegado a convocar a 6.500 personas, “seguidores que hacen cola desde las cinco de la mañana para estar con nosotros. Ahí es donde se nota que nos quieren. Ahí y en la calle; somos para ellos como de la familia”. Nació en Tenerife “hace 28 castañas”, y su empeño actual es demostrar que el fenómeno del que disfruta sería un éxito en todo el Estado “porque el humor es el mejor de los denominadores comunes”.

Tita Planells Llàgrima de sang (IB3. Baleares)
Nació en Eivissa y transita por la treintena, aunque prefiere definirse como una mujer sin edad. “Tengo la del personaje que me corresponda interpretar; ni un día más, ni un día menos.” El último, una enóloga envuelta en un triángulo amoroso en Llàgrima de sang. La serie, que se despide esta semana y continúa en septiembre, se emite en la televisión balear, donde la actriz ya participó en el primer serial realizada allí: Valterra. “Entonces no había medidores de audiencia, pero te dabas cuenta de cómo la gente la seguía en el momento en que ponías un pie en la calle.” Aunque no es consciente de haber sentido una vocación temprana, sí reconoce tener un aspecto “exhibicionista” que demostró participando en espectáculos del Casino de Eivissa o ejerciendo como modelo. “Pero pronto me di cuenta de que no podía expresar lo que yo quería y decidí probar fortuna como actriz”, añade. De su debut en TVE, en la serie Calle nueva, sólo recuerda “la cantidad de gente que había allí esperando a que metiera la pata. ¡Eso pensaba yo!, pero no era verdad; era pura inseguridad”. Su rostro se hizo popular en títulos siempre vinculados a la televisión como La verdad de Laura –“en la que hice de mala, que es algo que te purga por dentro y te quedas nueva”–, o la reciente El síndrome de Ulises. El cine todavía no ha llamado a su puerta, “aunque lo estoy deseando, igual que reencontrarme con el teatro, que es algo que tengo muy abandonado”. Algo tendrá que ver el nacimiento de su hija María –el padre es Borja Tous, el Saúl de Yo soy Bea–, “que me ha hecho sentir la mujer más especial del mundo y enfrentarme de lleno con el famoso problema de la conciliación”.
Nació en Eivissa y transita por la treintena, aunque prefiere definirse como una mujer sin edad. “Tengo la del personaje que me corresponda interpretar; ni un día más, ni un día menos.” El último, una enóloga envuelta en un triángulo amoroso en Llàgrima de sang. La serie, que se despide esta semana y continúa en septiembre, se emite en la televisión balear, donde la actriz ya participó en el primer serial realizada allí: Valterra. “Entonces no había medidores de audiencia, pero te dabas cuenta de cómo la gente la seguía en el momento en que ponías un pie en la calle.” Aunque no es consciente de haber sentido una vocación temprana, sí reconoce tener un aspecto “exhibicionista” que demostró participando en espectáculos del Casino de Eivissa o ejerciendo como modelo. “Pero pronto me di cuenta de que no podía expresar lo que yo quería y decidí probar fortuna como actriz”, añade. De su debut en TVE, en la serie Calle nueva, sólo recuerda “la cantidad de gente que había allí esperando a que metiera la pata. ¡Eso pensaba yo!, pero no era verdad; era pura inseguridad”. Su rostro se hizo popular en títulos siempre vinculados a la televisión como La verdad de Laura –“en la que hice de mala, que es algo que te purga por dentro y te quedas nueva”–, o la reciente El síndrome de Ulises. El cine todavía no ha llamado a su puerta, “aunque lo estoy deseando, igual que reencontrarme con el teatro, que es algo que tengo muy abandonado”. Algo tendrá que ver el nacimiento de su hija María –el padre es Borja Tous, el Saúl de Yo soy Bea–, “que me ha hecho sentir la mujer más especial del mundo y enfrentarme de lleno con el famoso problema de la conciliación”.

Pedro Alonso Padre Casares (TVG. Galicia)
Cuando el vigués Pedro Alonso fue jaleado como uno de los nuevos valores de nuestro cine tenía 24 años y acababa de estrenar Alma gitana, aquel West Side Story a la española entre un payo y una joven de la etnia del título. Ha tenido que esperar 13 años para que aquel éxito profesional que todos daban como seguro cristalizase de verdad. “Las páginas de las revistas están llenas de cadáveres de jóvenes promesas. La travesía ha tenido para mí momentos delicados, oscuros y confusos. De tocar fondo y querer abandonar. De crecer a base de golpes, equivocándote a la vista del público, hasta que consigues olvidar todo el ruido de fondo que se ha creado a tu alrededor y encuentras tu propia voz como actor.” El momento es este. La serie que protagoniza, Padre Casares, arrasa en cuanto a audiencias en la televisión gallega “porque ha sido capaz de dar universalidad a los líos de un cura joven, en la Galicia rural actual; con humor y con afán de conciliación. Es un moderno Tintín; noble y generoso”. Alonso, que actualmente graba los nuevos capítulos que se emitirán en septiembre, se siente satisfecho con lo que hace: “Ahora que he aprendido a asumir mis limitaciones y anular cualquier expectativa al encarar un nuevo trabajo”. Y no reniega de su participación en Niño nadie, dirigida por Borau, o en series nacionales como A las once en casa o gallegas como Rías Baixas o Maridos e mulleres. “Es que todo ha servido para que ahora me sienta relajado con respecto a mi profesión, aunque haya vivido momentos nada agradables.” Por eso y por lealtad al equipo con el que ahora trabaja, “desde luego, no pienso abandonarlos así como así”.
Cuando el vigués Pedro Alonso fue jaleado como uno de los nuevos valores de nuestro cine tenía 24 años y acababa de estrenar Alma gitana, aquel West Side Story a la española entre un payo y una joven de la etnia del título. Ha tenido que esperar 13 años para que aquel éxito profesional que todos daban como seguro cristalizase de verdad. “Las páginas de las revistas están llenas de cadáveres de jóvenes promesas. La travesía ha tenido para mí momentos delicados, oscuros y confusos. De tocar fondo y querer abandonar. De crecer a base de golpes, equivocándote a la vista del público, hasta que consigues olvidar todo el ruido de fondo que se ha creado a tu alrededor y encuentras tu propia voz como actor.” El momento es este. La serie que protagoniza, Padre Casares, arrasa en cuanto a audiencias en la televisión gallega “porque ha sido capaz de dar universalidad a los líos de un cura joven, en la Galicia rural actual; con humor y con afán de conciliación. Es un moderno Tintín; noble y generoso”. Alonso, que actualmente graba los nuevos capítulos que se emitirán en septiembre, se siente satisfecho con lo que hace: “Ahora que he aprendido a asumir mis limitaciones y anular cualquier expectativa al encarar un nuevo trabajo”. Y no reniega de su participación en Niño nadie, dirigida por Borau, o en series nacionales como A las once en casa o gallegas como Rías Baixas o Maridos e mulleres. “Es que todo ha servido para que ahora me sienta relajado con respecto a mi profesión, aunque haya vivido momentos nada agradables.” Por eso y por lealtad al equipo con el que ahora trabaja, “desde luego, no pienso abandonarlos así como así”.
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