Richard Avedon

Carrera meteórica
Se convirtió en el primer fotógrafo en plantilla de la que se considera una de las mejores revistas del mundo. Su carrera fue meteórica: con poco más de 20 años fue descubierto por el director de arte de Harper’s Bazaar.
Eran los años 40, la década de las cinturas de avispa, los guantes largos y los sombreros. París era la capital mundial de la moda, y allí Avedon pasaba largas temporadas retratando los diseños recién salidos de las casas de costura. En una época en la que imperaban las hieráticas poses en estudio, Avedon rompió moldes al fotografiar al aire libre: en estaciones, cafés, plazas e incluso circos. De los 40 y los 50 datan algunas de sus imágenes más sofisticadas, con sonrientes modelos que parecían cisnes, como Dovima, Dorian Leigh y su primera mujer, Doe.
También fue pionero en trabajar con modelos orientales y negras: amenazó con marcharse de Harper’s cuando, en 1956, la revista se negó a contratar a China Machado, una maniquí chino-portuguesa. Al final, Harper’s claudicó y abrió sus páginas couché a mujeres de belleza distinta. Aunque parte de su vida estaba dedicada a buscar y plasmar la hermosura, Avedon siempre fue muy consciente de que este don era un arma de doble filo.
Belleza y deformidad
La vida de su hermana Louise, quien fue su primera modelo, fue la trágica prueba. Era tan guapa que, una vez, Avedon oyó como su madre le decía a su hermana que con un rostro así “no necesitaba abrir la boca”. Sin embargo, Louise murió muy joven, internada en un manicomio, arrastrando un historial de problemas mentales. El destino de su hermana marcó al fotógrafo, quien en una entrevista en 1984 aseguró que “la belleza puede ser tan alienante como la genialidad o la deformidad”. Quizás por ello, una de sus obsesiones fue la de transmitir la personalidad, el alma del modelo, no solamente un rostro hermoso.









