11/10/2009

El otro mapa de los sonidos de Tokio

Texto y fotos de Xavier Comas
Con 2.300 kilómetros de vías, 136 líneas, más de mil estaciones y un flujo diario de veinte millones de pasajeros, Tokio posee la mayor red urbana de trenes del mundo, que oculta una fascinante realidad en silencio tras el bullicio exterior

Generalmente, la individualidad en Japón se diluye en el grupo. Sin embargo, el espacio neutro del metro ofrece la oportunidad de apreciar la idiosincrasia del habitante de la megalópolis

La perplejidad es un estado casi permanente para el visitante de Tokio. No por el desfile de extravagancias o el caos de luces de neón, sino por sus habitantes: una anónima multitud en constante movimiento sometida a su frenético ritmo diario.

Las calles de Tokio son un espectacular escaparate consumista cuya engañosa seducción visual impide apreciar las realidades individuales. Sin embargo, estaciones y trenes albergan un rico y singular mundo interior, donde la multitud se dispersa en pequeños grupos de pasajeros. La agitada vida del ciudadano se detiene por unos momentos. Tiempo y espacio fluyen lentamente en trenes, el silencio reinante invita a la introspección. Una anciana con los ojos cerrados parece estar meditando. Alguien mira a través de la ventana, pensativo. Una pareja juguetea tímidamente.

Obligados a compartir el limitado espacio con extraños, sentados en silencio, los pasajeros japoneses tratan de preservar su intimidad inhibiendo sus sentidos, evitando el cruce de miradas. Es precisamente en esa voluntad por proteger la privacidad en la que se percibe una tenue muestra de sutiles interacciones. Un leve gesto, una postura reveladora, una discreta mirada. En un Japón donde las muestras de afecto son extrañas y reservadas a la esfera íntima, el metro ofrece un espacio vago e indefinido donde público y privado se yuxtaponen. En los pasadizos de Shinjuku, la estación más transitada del mundo, una elegante pareja en los cuarenta se abraza apasionadamente en un rincón, ajenos a la muchedumbre que les rodea. Permanecen así durante largos minutos, mientras él la envuelve intensamente entre sus brazos, como si temiera verla arrebatada por la marea humana.

Un hombre dormita en un tren de medianoche sosteniendo una botella de agua. Su pie descalzo emana un desagradable aroma en el silencioso vagón. Repentinamente, rompiendo el silencio con una ligera percusión, el tapón de la botella cae, rebota contra el suelo y se detiene en el inmaculado pavimento

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de: C. C. | 05/11/2009
Muy buenas fotos, Xavier.

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14 de marzo
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