En los ojos de Salgado
África

Namibia, 2005.
Un grupo de himbas nómadas cerca del río Katapati, en Marienfluss, en la región namibia de Kaokoland.
Sur de Sudán, 2006.
Un grupo dinka en el campamento ganadero de PagaruSuele decirse que una fotografía nunca miente, pero todos sabemos que aunque la imagen ahí está –"sin discusión"–, y lo que enseña es lo que hay, el fotógrafo sí que puede mentir. La fotografía, la verdad, es algo completamente subjetivo que dependerá de dónde se coloque el fotógrafo, de lo que enseña y de lo que esconde, de su técnica y su discurso estético, de su intencionalidad y su formación humanista, su sensibilidad y sus limitaciones: no sólo la luz pasa a través de la óptica de la cámara –en el caso de Salgado, los magníficos objetivos Leica–, sino que también lo hace a través de la mirada que la percibe y la proyecta.
El trabajo fotográfico de Salgado suele provocar un debate sobre la belleza de sus fotografías, y algunos consideran que abusa del esteticismo al retratar el sufrimiento humano, el dolor y la derrota, como si, al convertirlo en arte, comerciara con la pobreza.
África, sin duda, no es una realidad fácil de retratar, pues el grado de abandono y violencia que asolan el continente la convierten, como dice Mia Couto, en "el lugar de todos los lugares". En África se percibe la verdadera personalidad del nuevo mundo global donde cada vez son mayores las diferencias entre los pobres y los ricos. Allí no pueden camuflarse las falsedades y las contradicciones del libre mercado, el acoso a las riquezas naturales para las necesidades del Norte o el monopolio de la salud pública en manos de una industria que piensa más en los "clientes" que pueden pagar sus facturas que en los enfermos.
La atracción que un escenario similar tiene para el fotógrafo y el cronista es única. Pero incluso muchos de los que viajan allí con buena intención –la peor de las intenciones cuando viaja sin más equipaje– acaban cayendo en el sensacionalismo, la obsesión por "cazar" fotos sin sujeto –sólo dolor–, la falta de discurso y el cinismo. Salgado no sólo ha sobrevivido a esta pesadilla morbosa del espectáculo, sino que nos ha legado una mirada singular capaz de representar con una técnica y una sensibilidad artística y humana únicas la alegoría épica del continente a través de las personas y la estrecha relación que en África tiene el entorno, la geografía, la naturaleza, con la vida de las gentes.

Ruanda, 1991.
Recolección de té en pequeñas plantaciones. Los lugareños reciben plantones que después cultivarán en sus propias tierra.







