28/06/2009
Un país de series
Texto de Juan Luis Álvarez
Fotos de Montserrat Velando
Son series consolidadas en sus comunidades autónomas, de cuidada factura y nutridas audiencias, que plantan cara a producciones más costosas de ámbito nacional. Historias cercanas y universales que han hecho populares a sus protagonistas. Ocho intérpretes encantados de ser profetas en su tierra y dispuestos a dar el salto a la gran pantalla.

Georgina Latre Ventdelplà (TV3. Cataluña)
Georgina Latre (Barcelona, 1988) es uno de los rostros más populares de la televisión en Cataluña, gracias al serial Ventdelplà –finaliza temporada en julio y vuelve en septiembre– y a un personaje, Isona, con el que dice tener poco que ver. “Es muy responsable, ha tenido que crecer muy rápido y es muy dulce, insegura, de maneras suaves. Nos iguala la edad, pero yo tengo bastante más carácter.” Atrapada por el teatro desde los once años, “donde comencé para quitarme la vergüenza y sin saber si ese sería mi futuro”, tuvo la suerte de que su familia la apoyara en todo momento. “Aunque me sugirieron que estudiara otra cosa, por si acaso. Algo normal, porque todos los padres sufren por el futuro de sus hijos.” A los 15 debutaba en el cine junto a pesos pesados como Cecilia Roth o Antonio Resines en la película Otros días vendrán, “encarnando a una adolescente bastante rebelde en apariencia. La verdad, me enteré poquito de lo que iba aquello. Tres años después, cuando hice Forasters con Ventura Pons, ya tenía más experiencia y me apliqué en ser esponja y aprender de quienes me rodeaban”, recuerda. Curiosamente, a diferencia de la mayoría de los intérpretes de su generación, triunfar en la gran pantalla no es su máxima aspiración. “Me gustan todos los ámbitos. Lo importante es que haya buenas historias que lleguen al público, independientemente de cuál sea el soporte. Mi formación es teatral, y soy de las que piensan que si sabes hacer bien teatro, sabes hacer todo lo demás. Aunque lo mejor de esta profesión es que nunca dejas de formarte del todo.”
Georgina Latre (Barcelona, 1988) es uno de los rostros más populares de la televisión en Cataluña, gracias al serial Ventdelplà –finaliza temporada en julio y vuelve en septiembre– y a un personaje, Isona, con el que dice tener poco que ver. “Es muy responsable, ha tenido que crecer muy rápido y es muy dulce, insegura, de maneras suaves. Nos iguala la edad, pero yo tengo bastante más carácter.” Atrapada por el teatro desde los once años, “donde comencé para quitarme la vergüenza y sin saber si ese sería mi futuro”, tuvo la suerte de que su familia la apoyara en todo momento. “Aunque me sugirieron que estudiara otra cosa, por si acaso. Algo normal, porque todos los padres sufren por el futuro de sus hijos.” A los 15 debutaba en el cine junto a pesos pesados como Cecilia Roth o Antonio Resines en la película Otros días vendrán, “encarnando a una adolescente bastante rebelde en apariencia. La verdad, me enteré poquito de lo que iba aquello. Tres años después, cuando hice Forasters con Ventura Pons, ya tenía más experiencia y me apliqué en ser esponja y aprender de quienes me rodeaban”, recuerda. Curiosamente, a diferencia de la mayoría de los intérpretes de su generación, triunfar en la gran pantalla no es su máxima aspiración. “Me gustan todos los ámbitos. Lo importante es que haya buenas historias que lleguen al público, independientemente de cuál sea el soporte. Mi formación es teatral, y soy de las que piensan que si sabes hacer bien teatro, sabes hacer todo lo demás. Aunque lo mejor de esta profesión es que nunca dejas de formarte del todo.”

Miguel Barberá L’alqueria blanca (Canal Nou. Valencia)
Con su 1,90 de estatura y su atractivo rostro a lo Hollywood clásico, Miguel Barberá ha resultado la elección perfecta para encarnar al galán romántico de L’alqueria blanca: “Una especie de Romeo, enamorado de una Julieta de la que lo separan los prejuicios de clase tan marcados en los años sesenta y en el ámbito rural”. El éxito de la serie –que se despide en julio y regresa en septiembre– le ha convertido, a sus 27 años, en el hombre del momento en la región valenciana, “un problema si voy a comprar a un centro comercial con prisas, pero que a la vez me resulta tan agradable como inesperado”. Y es que iba para jugador de baloncesto cuando una lesión lo apartó de las canchas. “Primero, en un partido me hirieron con una botella en un ojo. Me recuperé, pero después me rompí la rótula, y eso ya fue definitivo.” Estudió Topografía –“que me gustaba poco”– y después Administración de Empresas –“que me gustaba menos todavía”–, hasta que, siguiendo el consejo de su amigo Miguel Ángel Silvestre, se presentó al concurso de Míster Castellón y lo ganó, en el 2004. Después probó fortuna en el mundo de la moda y llegó a desfilar para Francis Montesinos en la Pasarela Cibeles. “De las dos experiencias me quedo con lo positivo; me sirvió para abrir caminos y ampliar horizontes y, gracias a la gente que conocí, ahora tengo casas en todo el país.” Estudió Interpretación en Madrid, donde compartió piso con Silvestre, “que es para mí como un hermano”. El serial de Canal Nou ha sido su primera gran oportunidad, “aunque exige tanta dedicación que apenas me queda tiempo para nada más”. La reciente Nueve meses, de Miguel Perelló, ha sido su primera incursión en el cine.
Con su 1,90 de estatura y su atractivo rostro a lo Hollywood clásico, Miguel Barberá ha resultado la elección perfecta para encarnar al galán romántico de L’alqueria blanca: “Una especie de Romeo, enamorado de una Julieta de la que lo separan los prejuicios de clase tan marcados en los años sesenta y en el ámbito rural”. El éxito de la serie –que se despide en julio y regresa en septiembre– le ha convertido, a sus 27 años, en el hombre del momento en la región valenciana, “un problema si voy a comprar a un centro comercial con prisas, pero que a la vez me resulta tan agradable como inesperado”. Y es que iba para jugador de baloncesto cuando una lesión lo apartó de las canchas. “Primero, en un partido me hirieron con una botella en un ojo. Me recuperé, pero después me rompí la rótula, y eso ya fue definitivo.” Estudió Topografía –“que me gustaba poco”– y después Administración de Empresas –“que me gustaba menos todavía”–, hasta que, siguiendo el consejo de su amigo Miguel Ángel Silvestre, se presentó al concurso de Míster Castellón y lo ganó, en el 2004. Después probó fortuna en el mundo de la moda y llegó a desfilar para Francis Montesinos en la Pasarela Cibeles. “De las dos experiencias me quedo con lo positivo; me sirvió para abrir caminos y ampliar horizontes y, gracias a la gente que conocí, ahora tengo casas en todo el país.” Estudió Interpretación en Madrid, donde compartió piso con Silvestre, “que es para mí como un hermano”. El serial de Canal Nou ha sido su primera gran oportunidad, “aunque exige tanta dedicación que apenas me queda tiempo para nada más”. La reciente Nueve meses, de Miguel Perelló, ha sido su primera incursión en el cine.

Alberto Rodríguez Terapia de grupo (Televisión del Principado de Asturias)
Alberto Rodríguez es una auténtica celebridad en Asturias. Una tira cómica titulada El chigre –inserta en el programa Terapia de grupo– ha catapultado a este actor de vivo ingenio y verbo fácil. La acción se desarrolla en un bar “lleno de personajes al límite en el que interpreto a una especie de Homer Simpson de por aquí, liante, bribón y prejubilado de todo”. El espacio emite reposiciones en verano y vuelve a la programación en septiembre. El actor confiesa que como humorista “me encanta pasarme tres pueblos: que me paren otros”. Así nació la marquesina, quizá su personaje más celebrado; una abuela asturiana “muy parecida a la mía”, de sabiduría al borde del surrealismo y con sentencias que “se han agarrado en el día a día de los asturianos y que sólo reflejan lo duro que trabajamos los que hacemos el programa para dar la vuelta a todo con un humor que no caiga en la obviedad ni en lo fácil”. Antes de este momento dulce, “en el que tengo el privilegio de aprender algo cada día”, Rodríguez, nacido en Mieres hace 36 años, se había fogueado en diversos frentes: desde lo que los actores llaman la BBC –bodas, bautizos y comuniones–, hasta el trabajo con las mejores compañías de teatro regionales. El último personaje sobre las tablas ha sido el Ricardo III de Shakespeare, que le reafirma en su idea de que “ser actor me soluciona las pequeñas miserias y me permite vivir todas las vidas que me gustaría sin dispersarme, porque soy muy ansioso y necesito concentrarme en algo en lo que crea”. Carne de gallina y La torre de Suso –en la que daba voz al protagonista– son sus créditos cinematográficos más destacados.
Alberto Rodríguez es una auténtica celebridad en Asturias. Una tira cómica titulada El chigre –inserta en el programa Terapia de grupo– ha catapultado a este actor de vivo ingenio y verbo fácil. La acción se desarrolla en un bar “lleno de personajes al límite en el que interpreto a una especie de Homer Simpson de por aquí, liante, bribón y prejubilado de todo”. El espacio emite reposiciones en verano y vuelve a la programación en septiembre. El actor confiesa que como humorista “me encanta pasarme tres pueblos: que me paren otros”. Así nació la marquesina, quizá su personaje más celebrado; una abuela asturiana “muy parecida a la mía”, de sabiduría al borde del surrealismo y con sentencias que “se han agarrado en el día a día de los asturianos y que sólo reflejan lo duro que trabajamos los que hacemos el programa para dar la vuelta a todo con un humor que no caiga en la obviedad ni en lo fácil”. Antes de este momento dulce, “en el que tengo el privilegio de aprender algo cada día”, Rodríguez, nacido en Mieres hace 36 años, se había fogueado en diversos frentes: desde lo que los actores llaman la BBC –bodas, bautizos y comuniones–, hasta el trabajo con las mejores compañías de teatro regionales. El último personaje sobre las tablas ha sido el Ricardo III de Shakespeare, que le reafirma en su idea de que “ser actor me soluciona las pequeñas miserias y me permite vivir todas las vidas que me gustaría sin dispersarme, porque soy muy ansioso y necesito concentrarme en algo en lo que crea”. Carne de gallina y La torre de Suso –en la que daba voz al protagonista– son sus créditos cinematográficos más destacados.
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