Caetano Veloso "Espero que el mundo no salte por los aires"

A sus 74 años, Caetano Veloso, creador del tropicalismo, que refundó la música tradicional brasileña, se reafirma en su espíritu comprometido, aquel que le llevó a la cárcel y al exilio de su país natal a finales de los años sesenta. Ahora celebra medio siglo de éxitos con una gira internacional.

FERNANDO YOUNG

Caetano Veloso, brasileño de Bahía de firmes raíces, pero ciudadano del mundo gracias al suave deje de su voz y a su personal universo creativo, mantiene, a sus 74 años, la energía necesaria para acometer su actual gira internacional. A punto de celebrar sus bodas de oro con la música, Caetano –el cariño con el que es tratado allá donde va hace tiempo que le hizo perder el apellido– es un auténtico icono en su país y fuera de él. Creador, con Gilberto Gil, del movimiento ­tropicalista, su canción E proibido proibir le confirió estatus de artista comprometido y le llevó a vivir cárcel y exilio en tiempos oscuros en los que su música no era ni tolerada ni permitida en Brasil. El destino se lo ha compensado con una carrera llena de grandes momentos, haciéndole acreedor a cinco premios Grammy y permitiéndole emocionar a los públicos más diversos con sus originales versiones de clásicos como Fina estampa o Cucurrucucú paloma.

Presenta en esta gira –prácticamente mundial– a la vocalista Teresa Cristina. ¿Llega el momento de apoyar, con su veteranía, a nuevos talentos?
Y es un enorme placer. He colaborado con colegas de diferentes edades y en prácticamente todas las ocasiones de forma muy satisfactoria. Además, cada vez ha sido por una razón muy distinta. Lo mejor de mi trabajo es que siempre llega algo a mi vida sin que lo espere o lo planee. A Teresa la conozco desde hace años y es una diosa de la samba carioca extraordinariamente elegante. Enseñé una grabación suya en vivo al presidente de mi compañía en Estados Unidos, y para darla a conocer se nos ocurrió este modelo de concierto. La presento, queda sola en el escenario con el guitarrista de samba Carlinhos Sete Cordas, luego voy yo con algunas canciones mías y de otros autores que me dieron ganas de cantar y luego nos volvemos a juntar en los bises.

“Fueron tiempos muy difíciles los de la dictadura militar en Brasil. Estar preso fue duro, pero aun así pude escribir algunas canciones. Poder expresar
así las emociones siempre es un alivio”

Cuando se refieren a usted como “el maestro” Caetano, ¿le complace?
Mucho. Me hace reír, de hecho. En mi país se aplica a señores de pelo largo y alborotado con una batuta en la mano frente a una sinfónica. Me hace gracia pensar en mí en ese lugar. Nada más alejado de lo que hago. Dicho en portugués, mestre, no me parece tan solemne; es un término respetuoso, cariñoso y algo burlón. Seguramente el portugués es un idioma menos enfático que el castellano.

Se cumple este año el cincuenta aniversario de su primer disco. ¿Cómo recuerda al chaval que era entonces?
Eran mediados los sesenta y todo apuntaba a que iba a cambiar el mundo de una vez por todas; a que se daban las circunstancias en un gran número de países. Y bueno, muchas cosas efectivamente variaron, pero no siempre para bien. Desde luego, no como esperábamos y nunca todo de una sola vez. Yo entonces no tenía claro del todo si me iba a dedicar a la música, aunque me gustara mucho cantar. Quería dedicarme al cine, pero después la música se impuso; se hizo mucho más fuerte.

En 1969 fue encarcelado por su oposición a la dictadura militar brasileña…
Fueron tiempos muy difíciles. Allí dentro, encerrado, me sentía cohibido, pero incluso así pude escribir algunas canciones. El hecho de poder colocar en un papel en blanco pensamientos y emociones siempre tiene algo de aliviador. Fue triste enterarme de que el hombre había llegado a la Luna por una fotografía de un periódico que me pasaron a la celda. Tampoco fue agradable tener que ir después cada semana a firmar en comisaría, y tanto Gilberto Gil, al que también metieron preso, como yo no encontrábamos más que inconvenientes en el día a día y en el trabajo. En cuanto pude me exilié en Londres.

¿Sigue vigente ese Está prohibido prohibir que dio título a su primer gran canción?
Esa, como sabe, es una frase muy rotunda que los estudiantes franceses pidieron prestada a los que formaban el movimiento surrealista, y estos a su vez, a otros que también protestaban y que llegaron antes. Tiene vigencia. Ese prohibido prohibir es eterno y se mueve de forma circular; a un tiempo de libertad le sigue otro de represión.

¿Se la cantaría a Trump, para que tome nota?
No tengo ningún deseo de cantarle nada a ese señor.

“De joven no tenía nada claro que yo tuviera talento para la música. Hoy admito que no todo lo que he hecho ha sido insustancial. Por eso cada vez pongo más atención en lo que hago”

¿Cree que estamos viviendo un momento de regresión democrática en prácticamente todo el mundo?
Sin duda hay muchos aspectos en regresión; los tenemos muy presentes porque los estamos viviendo en el día a día. Las libertades democráticas son recortadas ante nuestros ojos por más que eso tenga una contestación social como nunca antes gracias a las nuevas formas de comunicación. Pero cuidado. Quizás estemos viviendo la transformación de la democracia tal y como la conocíamos hasta ahora. Muchas cosas ya no valen; les ha llegado la vejez. El mundo cambia a una velocidad vertiginosa. Pero espero que no salte todo por los aires. Tengo tres hijos y dos nietos a los que adoro. Y yo mismo soy un enamorado de la vida.

¿Mantiene aquel compromiso de juventud?
Está conmigo. Mi lucha era por la libertad; por conseguir lo que no teníamos, por poder expresarnos, pero nunca estuve alineado con compromisos políticos definidos o con una ideología. Precisamente por eso pienso que mis sentimientos, mis intuiciones, mis miedos y mis esperanzas en lo social y en lo político siguen estando aquí como el primer día.

¿Qué se ha dejado por el camino entonces?
Además del cine, la pintura y mis estudios de filosofía, ha habido muchas vidas posibles. A veces siento curiosidad y pienso qué habría pasado si en lugar de unas decisiones hubiese tomado otras.

¿Y qué ha ganado con los años?
Quizá tenga hoy mayor estima por mi profesión. Cuando era joven creía que mi pequeña inclinación hacia la música sólo me dejaría producir cosas irrelevantes. No tenía nada claro que tuviera ningún talento. Hoy admito que no todo lo que he hecho ha sido insustancial; que ha habido cosas que sí tienen interés. Por eso cada vez le pongo más atención a lo que hago.

Pero habiéndose criado en la familia que le correspondió parecía predestinado a la ­música…
Puede ser. Mi madre cantaba muy bien, sin tocar instrumentos, y conocía canciones que eran ya muy viejas cuando yo era niño. Con mi hermana María Bethania, que quería ser actriz en realidad, y que escribía y hacía joyas de cobre, cantaba lo que nos gustaba sin imaginar que seríamos profesionales.

“Hace meses que no escribo canciones. No me salen. Pero ya llegarán y seguro que reflejarán la locura de estos tiempos, aunque no cite las cabelleras de Trump o de Kim Jong Un”

¿Piensa, como el escritor cubano Padura, que eso de que la sabiduría llega con la edad es un cuento?
Yo creo que no lo es. También es verdad que nos gusta creerlo así para hacer más agradable el paso del tiempo. Tal vez es que simplemente nos han ocurrido más cosas y establecemos comparaciones que sirvan para tomar decisiones más o menos correctas. Hasta los que dicen que esto no es así saben que cumplir años enseña. La edad sirve para reconocer mejor el cada vez más confuso entorno.

¿Qué aspectos de esta compleja actualidad que vivimos podrían inspirarle un poema o una canción?
Sinceramente, no sé qué canción podría escribir sobre lo que pasa en el mundo ahora mismo. De hecho, hace meses que no escribo nada; canciones al menos. No me salen. Pero llegará el momento de regresar a ello y, cuando lo haga, estoy seguro de que la complejidad, la confusión y la locura de nuestros tiempos aparecerán, aunque sea de modo indirecto e irreconocible. ¡No es que vaya a escribir versos sobre las cabelleras de Donald Trump y Kim Jong Un!

¿Cómo es el Brasil que ha quedado tras lo acontecido alrededor de la figura de la expresidenta Dilma Rousseff?
Un tanto oscuro. Se tiene la impresión de que no valió para nada tanta angustia. Los que echaron a Dilma están en el centro de la corrupción y van de la mano de ideas demasiado conservadoras. Creo que estamos un tanto tristes y perdidos. De hecho, cuando me vuelvo a ilusionar con que todo irá mejor, acabo pensando que todavía sufro “dolores de crecimiento político”. Creo que en España ocurre algo similar. Es especialmente triste porque somos pueblos a los que no nos gustan las preocupaciones.

Muchos españoles viajaron a su país con la esperanza de encontrar trabajo, pero volvieron pronto.
Porque no lo hay, aunque erróneamente se indujera a pensar lo contrario. En mi país hay un gran índice de paro, lo que hace que nos encontremos un tanto sin rumbo y cada vez más cerca del filo, del peligro. Vivimos un día a día en el que se siente que, sin empleo y con muchos cargos llevándose el dinero, crecen los robos, la violencia urbana y el caos. Pero, no sé… Brasil tiene algo que parece pasar por encima de esas cosas.

¿Menos mal que queda la samba y el fútbol?
Pues seguramente sin eso todo sería más oscuro aún. Yo de fútbol entiendo poco, pero mi hijo menor se sabe todo sobre ese asunto y además juega. Cuando veo a Neymar, Messi o Ronaldo, me encanta su creatividad y es estupendo que trabajen en España, aunque veo con nostalgia aquellos tiempos en que cada cual brillaba en la liga de su propio país. Cosas de la globalización.

“El Brasil que ha quedado tras Dilma Rousseff es un tanto oscuro. Quienes la sacaron del poder están hoy en el centro de la corrupción, y sus ideas son demasiado conservadoras”

¿Cree que es difícil que ahora aparezcan movimientos culturales renovadores como el tropicalismo, del que fue fundador con otros cantautores?
Toda persona es irrepetible; todo movimiento también lo es. La leyenda del tropicalismo, y de la libertad creativa que trajo, puede resultar muy estimulante, pero la fuerza de la música popular de Brasil viene de antes; de Antônio Carlos Jobim, de João Gilberto... Nuestra generación reconoció esa potencia, y las siguientes también. Las que vengan tendrán que hacer lo mismo.

¿Cómo ve a esas nuevas generaciones de músicos brasileños?
Muy diversos. Hay mucha cosa. El sistema de divulgación cambió mucho con internet. Son otros caminos que hay que conocer y que sirven para darse a conocer. El funk carioca trajo gran energía creativa; el rap de São Paulo, también. Toda la historia de la música de carnaval de Bahía está todavía por investigar y da para libros, grandes películas y una impresionante antología. La fuerza de la música del oeste del país, antes apagada por la luz de lo que se hacía en el litoral, se muestra ahora con gran intensidad. Eso tiene fuerza sociológica e incluso estética a veces.

Aun así, ¿cree que al arte y a la cultura se les hace poco caso?
Así es. Pienso que hay mucha gente interesada en que estemos viviendo tiempos de ignorancia y de mal gusto.

¿Ha pensado cómo sería su vida sin la música?
Ni lo puedo imaginar, pero cuidado. He conocido gente a quien no le gusta para nada. Por ejemplo al gran poeta João Cabral de Mello Neto, que vivió tantos años en España.

¿Se plantea jubilarse o ni se le pasa por la cabeza?
El artista no se jubila.

Si lo hiciera, ¿quién cree que le echaría más de menos?
Espero que la gente a la que le he llegado de algún modo. Pero no sólo a los románticos ni a los batalladores, ni a los melancólicos. Espero haber llegado a la gente alegre también.

Por cierto, ¿es usted tan suave como parece o hay detrás todo un carácter?
No hay mucho detrás. Soy dema­siado abierto. En general soy suave, pero siempre puede que algo me indigne y me haga mostrar estridente por convicción.