Chris Pratt "Recuerdo cuando no tenía un centavo”

En menos de dos décadas Chris Pratt (Virginia, Minnesota, 1979) ha saltado de un entorno precario a la cima. De encarnar en televisión a un joven con sobrepeso al atlético héroe galáctico actual, tan cómodo en el western como entre dinosaurios. Estrella con los pies en el suelo, afirma que no olvida su pasado humilde y que su prioridad es su familia.

Pocos hubiesen imaginado que el afable gordito de la teleserie Parks and Recreation iba a convertirse en el Harrison Ford del siglo XXI. Pero cuando el director de Guardianes de la galaxia, James Gunn, detectó en él una simpatía innata y gran facilidad para las escenas de acción, no dudó en ponerle a dieta y someterle a un entrenamiento para encarnar a Peter Quill en la serie espacial. Antes del estreno de la superproducción de Marvel, otro cineasta, Colin Trevorrow, también advirtió en él las condiciones perfectas para seguir los pasos de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger y le hizo prota­gonista de Jurassic World. ­Ambos filmes recaudaron 2.443 millones de dólares a escala mundial y convirtieron a Pratt en la nueva estrella de Hollywood. Por eso, cuando Sony logró que Jennifer Lawrence compartiera con él una propuesta de ciencia ficción, Passengers, que llega ahora a las salas, el proyecto recibió luz verde de inmediato para comenzar a filmar.

A sus 37 años, casado con la actriz Anna Faris y padre de Jack, de 3, Chris Pratt lleva un año imparable. Tras formar parte de Los siete magníficos, el reciente remake del western, ha concluido el rodaje de la segunda parte de Guardianes, que se estrenará en mayo, rueda la nueva Vengadores, que llegará un año después, y se prepara para la secuela de Jurassic World a las órdenes de J.A. Bayona.

Pese a su estatus estelar, en la entrevista exclusiva con Magazine Pratt se muestra como el hombre sencillo y amable que siempre fue. Quien creció en un hogar humilde del estado de Washington y abandonó sus estudios para marchar a Hawái, donde pasó una temporada como sintecho. El actor admite que fueron precisamente aquellos momentos duros los que le permiten no perder hoy la cabeza.

“Fue un desafío ver actuar a Jennifer Lawrence. Cada día comprobaba por qué dicen que es la mejor actriz del mundo. Y eso me obligaba a tratar de mejorar mi trabajo”

Passengers, si es un éxito, puede hacer que los grandes estudios busquen ideas originales...
Es cierto. Eso sería asombroso, y espero que sea así. Soy el mismo que hace unos meses promovía Los siete magníficos, que es un remake de un remake, y también protagonicé Jurassic World, otra vuelta de tuerca de una película de hace 23 años. Además trabajo en la franquicia Guardianes de la galaxia, de Marvel. Todo lo que he hecho últimamente ha estado basado en otras cosas, y aunque el público se ha entusiasmado con esos filmes, a menudo me preguntan qué ocurre con la originalidad en Hollywood. La razón es que las historias originales generalmente no funcionan bien en el plano comercial. Passengers no sólo es una buena película, también es viable comercialmente y si funciona puede animar a los estudios a priorizar proyectos originales. Si tiene éxito, tal vez los guionistas brillantes con ideas asombrosas logren que la industria, que es la que tiene el dinero y el poder para concretar las cosas, les dé el espaldarazo que necesitan, y podamos ver más películas como esta en el futuro.

¿Qué le atrajo de Passengers?
El guión. Me dejó boquiabierto. Lo mismo le pasó a mi mánager, que es muy crítica y no le gusta nada. Lo leyó primero y me dijo que tenía que leerlo. Y tenía razón. A veces te llega un guión y sabes de inmediato que no lo puedes dejar pasar...

¿Hubo algo en particular que le gustó de la historia?
Que tiene tres actos bien diferenciados. En el primer tercio está el drama de la soledad, un poco al estilo de Náufrago, la película de Tom Hanks. Luego viene la parte intermedia, un romance épico y dos personas que no pueden evitar enamorarse pese a las circunstancias que les toca vivir, y finalmente está el tercer acto, en el que todos están amenazados por el inminente colapso de la nave, con lo cual toda esa parte pertenece claramente al género del cine de acción y aventuras. Es filme que te hace pensar, pero también es una gran experiencia cinematográfica.

¿Fue un desafío rodar gran parte de la película a solas con Jennifer?
No, en absoluto. Últimamente he estado actuando frente a pelotas de tenis, por lo que fue muy refrescante tener a alguien de verdad con quien hablar. El desafío en realidad fue ver actuar a Jennifer, porque frente a mis ojos comprobaba todos los días por qué dicen que es la mejor actriz del mundo. Ciertamente me obligaba a tratar de mejorar mi trabajo. Es como si fueras un jugador de tenis y tuvieras enfrente a alguien que te tira pelotas increíbles constantemente. Debes ser capaz de ponerte a su altura. Si te toca jugar contra Serena Williams, debes intentar correr cada pelota y devolverla con la misma precisión con la que te ha llegado.

“Alternar una superproducción y un filme independiente es una estrategia común en Hollywood. Yo lo haría si pudiera trabajar sin parar. Pero necesito ser marido y papá”

Antes de cerrar trato, ¿hubo alguna prueba para comprobar la química entre ambos?
No, ni prueba ni audición. Cuando me ofrecieron el papel me dijeron que me imaginara a Jennifer en el otro rol principal. Me pareció una idea maravillosa, aunque estaba seguro de que ella rechazaría el proyecto, y no se me ocurría quién más podía hacer el papel. Pero asombrosamente ella dijo que sí. Nadie comprobó que hubiese química entre nosotros, pero era muy fácil imaginarnos leyendo el guión. Sabía que aunque termináramos odiándonos en la vida real, lo cual no podría estar más lejos de la realidad, lograríamos que en la pantalla funcionase.

¿Es cierto que la escena en la que ella se sube a la mesa para besarle fue algo inesperado?
Sí, aunque yo sabía que algo así podía pasar. Pero igualmente me cogió por sorpresa, como todo lo que ella hace. Tiene esa maravillosa habilidad. Se pasaba el día sorprendiéndome.

Su personaje debe tomar una decisión muy difícil. ¿Opina que lo que hace está bien o mal?
Tengo que ser muy cuidadoso con lo que digo, porque yo espero que James sea visto como una figura positiva. Que al final nada de lo que él haya hecho o dicho haga que no le tengas simpatía, aun a pesar de todo lo que le toca pasar. Ese era mi objetivo. Si lo lograba, sabía que la película iba a funcionar.

James se pasa un año despierto en una nave llena de gente hibernando, acompañado sólo de un cyborg. ¿La cima de Hollywood es igual de solitaria?
Es un elogio muy bonito el tuyo, pero prefiero no hablar de si estoy en la cima o no. Tengo claro que me va muy bien y agradezco todo lo que pasa en mi vida, pero no quiero presumir. No fue así como me criaron. Si tienes algo, no debes andar por ahí mostrándolo a todo el mundo. Pero insisto, estoy muy agradecido. Siento que tengo la responsabilidad de aprovechar al máximo las oportunidades que me dan. Y soy consciente de que puedo usar el lugar que ocupo como plataforma para aportar mi granito de arena y hacer que este mundo en el que vivimos sea mejor.

¿Llegó hasta aquí gracias a un plan maestro?
Sí, hay un plan, pero no es necesariamente el mío. Creo que hay un plan divino.

Lawrence rueda una superproducción y luego un filme independiente. ¿Y usted?
Esta es una estrategia común en Hollywood. Haces una película para ellos y otra para ti. Eso funcionaría bien si todo en mi vida pasara por el cine, pero en mi caso no es así, porque tengo una esposa y un hijo. Seguiría ese plan si me fuese posible trabajar sin parar. Pero no puedo. Filmé durante 14 meses seguidos. Y para mí es esencial volver a casa y ser el papá y el marido. Por otro lado, formo parte de grandes franquicias en las que estoy obligado a seguir filmando. Debo hacer otra Guardianes de la Galaxia y dos Jurassic World más. Son oportunidades fantásticas, pero cada una de ellas lleva cinco meses de rodaje, lo cual no me deja mucho tiempo libre. De todos modos, espero que si aparece una oportunidad que implique un desafío ­creativo, pueda aprovecharla. Para ello no debe interferir con mi priori­dad: asegurar el sustento de mi familia por el resto de nuestras vidas. Luego puedo tomarme el tiempo libre para pescar, pasear por el bosque, ir de camping y disfrutar al margen de demostrar mi eficacia como actor.

“Escucho con mucha atención a la gente que me asesora, porque es muy difícil mantener la objetividad. (...) Si hubiera sido por mí, creo que habría destruido mi carrera muchos años atrás”

¿Cómo equilibra la gran exigencia de estos filmes y su vida familiar?
Pues luchando para lograrlo. Hay momentos en que tengo que trabajar y otros que no. Mi estrategia es respetar mi tiempo libre cuando puedo. El 30 de junio terminé de trabajar y me tomé cuatro meses de vacaciones. Entre medio hubo un tour de prensa de un par de semanas, pero el resto del tiempo estuve en mi casa de campo, en el estado de Washington. Nos fuimos con mi hijo a ver ballenas, a cazar ciervos, a pescar salmón, sacar cangrejos y pasear en lancha. Estuve mucho tiempo con mi familia y visité a todos mis parientes. Todas esas cosas me sirven para mantener mi equilibrio. Si hubiera querido, habría podido hacer una película en ese tiempo.

¿Y dijo que no?
Me la ofrecieron y la rechacé, porque habría roto ese equilibrio. Uno siempre tiene que decidir, porque hay mucha presión en la vida de un actor, mucha gente que se beneficia si yo acepto una película, desde el productor que tiene un gran guión pero no consigue el dinero para filmarla salvo que yo acepte hasta mucha gente que cobra una comisión basándose en el dinero que yo gano. Ellos quieren que yo trabaje. Van a tirar del caballo tanto como este quiera seguir andando.

¿Cómo hace para mantener la salud mental cuando todo el mundo quiere algo de usted?
Cuento con gente maravillosa en mi vida y un equipo que valora mi salud mental mucho más que mis finanzas. Mi mánager y mi agente se sintieron muy felices de que me tomara unas largas vacaciones. Entendieron perfectamente mis necesidades. Se abstuvieron de mencionarme durante ese tiempo todas las ofertas que me llegaban, porque sabían qué era lo verdaderamente importante para mí. Pero por otro lado, yo nunca me callo que mi esposa y mi hijo son mi prioridad. Siempre he dicho públicamente que necesito ser papá y esposo. Eso ayuda mucho. Nadie se va a atrever a tratar de torcerme el brazo para convencerme de que vaya a filmar una película.

¿Es difícil tomar decisiones cuando tienes todas las puertas abiertas?
Claro, por eso escucho con mucha atención a la gente que me asesora, porque es muy difícil mantener la objetividad cuando te ofrecen tantos proyectos, porque muchas veces me interesa una película sólo por una escena que me gusta. Si hubiera sido por mí, creo que habría destruido mi carrera muchos años atrás. A veces, son los proyectos los que te eligen a ti, y ha sido así en muchas ocasiones en mi vida, cuando yo no era el que tomaba las decisiones. Ahora es diferente, y soy yo el que puede elegir.

¿Dice que no a menudo?
Si, muchísimo. Le he dicho que no a proyectos muy buenos y también a otros que, a la vista de los resultados, me hacen feliz por haberlos rechazado. Hubo proyectos que sonaban muy bien en el papel y fracasaron estrepitosamente, y otros que no, que quedaron muy bien, por lo que me arrepiento un poco por haberlos dejado pasar. De todos modos, sólo puedo decir que sí dos veces al año, por lo que mi respuesta es no en la gran mayoría de los casos.

La directora Rae Dawn Chong lo descubrió cuando vivía en Hawái y lo puso en el camino del cine, pero ¿alguna vez soñó con la posibilidad de ser actor antes de que eso ocurriera?
Claro, me gustaba la idea, pero nunca pensé que podía lograrlo. Jamás se me cruzó por la cabeza que podía triunfar como actor. Es que en realidad nunca miré mucho más allá de mi futuro inmediato. Vivía día a día, y cuando no sabes cómo vas a hacer para llegar a fin de mes no tienes un plan de aquí a cinco años, ni siquiera tenía uno a 30 días. Más bien sólo sabía lo que iba a hacer en las siguientes 8 horas. Por eso los sueños que tenía no eran realistas. No conocía a nadie en Los Ángeles. Sabía que lo quería, y que si tenía la oportunidad la iba a aprovechar. Confiaba en mí mismo. Y en cuanto vi a Dawn Chong, parte de mí supo que me iba a convertir en actor. Estaba seguro de que había conocido a la persona indicada. Especialmente cuando me hizo una prueba y me dio el papel. Sentí que el mundo había cambiado para mí, que empezaba mi camino hacia la cima. Claro que me llevó 17 años alcanzarla...

¿Es cierto que alguna vez le dijo a un maestro que de mayor sería rico y famoso?
Creo que sí. Al menos eso recuerdo. Fue con Brent Barnes, mi entrenador de lucha libre en la escuela secundaria. Yo sabía que quería ser artista y me acuerdo de que la mamá de un amigo me había dicho que le gustaría ser rica, pero no famosa. Le estaba contando esa anécdota a mi profesor y le dije que yo quería ser rico y también famoso. Y él se rió mucho.

¿Los malos momentos vividos antes de ser actor le hacen disfrutar más de su éxito actual?
Por supuesto. El éxito no me aleja de la realidad no sólo por las penurias económicas que viví de niño, en una familia con pocos medios, sino también porque fui un joven sin un centa­vo, pero con espíritu libre. Esa perspectiva es probablemen­te la que mantiene mi equilibrio entre esta locura. Miro hacia atrás con mucho orgullo y recuerdo esos momentos verdaderamente duros. Aunque diría que tengo una mirada romántica sobre esa etapa de mi vida.

Tal vez algún día hagan una película sobre usted...
Si eso ocurre, espero que me permitan optar al papel...

¿Cuál fue el momento más duro?
Yo era un vendedor puerta a puerta y fue la peor semana de mi vida. Vendía cupones para promociones y llegué a una pequeña ciudad en Oregón, Eugene, un lugar muy bohemio con un campus universitario. Los cupones eran para fotografías glamurosas. Por 20 dólares, te maquillaban y te fotografiaban al estilo hollywoodense. Yo era el gerente del equipo y llevé a mis vendedores hasta aquel lugar en un auto que tenía los neumáticos lisos, e íbamos poniéndole gasolina con cuentagotas porque no teníamos dinero. Antes de llegar reventé una rueda en la autopista, la gente que se detuvo a ayudarnos nos vio tan desesperados que nos dio el dinero para reponer la cubierta. Finalmente llegamos a Eugene y a lo largo de toda la semana vendimos solamente cuatro cupones por un total de 28 dólares. Yo llamaba a la puertas de las casas, los que abrían la puerta llevaban trencitas al estilo rastafari, y yo, tratando de convencerles de que participaran de una sesión de maquillaje para sacarse unas fotos al estilo Holllywood. Fue verdaderamente doloroso. Enfermé, me deprimí, no me quería levantar de la cama en el hotel y perdía dinero con cada día que pasaba. Estaba roto y ni sabía cómo volvería a mi casa. Otro momento duro fue justo antes de conseguir el papel en el episodio piloto de Everwood. El coche que había comprado, el primero que tuve en Hollywood, estaba estacionado en la calle y tenía seis multas en el parabrisas. Yo acababa de volver a Los Ángeles y cuando fui a recoger mi auto me encontré con eso. No tenía un duro. Ni siquiera para gasolina, y la grúa se lo iba a llevar si no pagaba esas multas. Y efectivamente, se lo llevó. Ese día me fui caminando hasta la casa de una amiga, a varios kilómetros de allí. Pero para la misma época hice la audición para el capítulo piloto de Everwood, que fue mi golpe de suerte. La serie se emitió durante cuatro años y desde entonces no he parado. Fue un momento muy duro, y sin embargo hoy miro para atrás y me pongo nostálgico...

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