David Lynch El rebelde con muchas causas

¿Qué ha sido de David Lynch? se preguntará más de uno, pues el enigmático director no estrena una película desde hace diez años. Y sin embargo, su creatividad no descansa. Se ha anunciado su regreso el año que viene con un nuevo 'Twin Peaks', pero poco más se sabe.

FOTO: FRANÇOIS BERTHIER / GETTY IMAGES

David Lynch tenía 19 años cuando decidió abandonar sus prometedores estudios en la Escuela del Museo de las Bellas Artes en Boston para lanzarse, junto a su mejor amigo, Jack Fisk, a un viaje de tres años por Europa que tenía como objetivo convertirse en aprendices del pintor expresionista austriaco Oskar Kokoschka, a quien ambos admiraban. Tras descubrir en Salzburgo que sus sueños eran demasiados ambiciosos, los dos jóvenes partieron hacia París y Atenas. Allí, tras darse cuenta una noche en un sótano infestado de lagartijas que extrañaba las hamburguesas de McDonald’s, Lynch cambió su pasaje para volverse de inmediato a Alexandría, en Virginia, adonde su familia se había mudado cuatro años antes desde el noroeste norteamericano, región que años después retrataría habitualmente en sus películas.

Nunca había estado ausente durante tanto tiempo de
la gran pantalla:
no ha estrenado un largometraje desde ‘Inland Empire’, de tres horas y en formato digital

Su aventura europea había durado apenas 15 días. Una vez en casa, mientras buscaba desesperadamente un vehículo para canalizar una creatividad que le exudaba por los poros, el joven Lynch fue contratado y despedido con sorprendente regularidad en unos pocos meses; probablemente una muestra de que no le costaba entusiasmarse con cada nueva propuesta, pero que también se aburría con facilidad. 

De la misma manera en que llegó a la pintura dando portazos, descubrió el cine por accidente. En su siguiente aventura estudiantil, ya convertido en alumno de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, intrigado por la idea de que las pinturas se movieran, comenzó a trabajar en un corto de animación, que tras varias metamorfosis terminó convirtiéndose en la primera de su vasta obra, Seis hombres descomponiéndose (seis veces). En ella exhibió suficiente potencial como para que un compañero al que le sobraba el dinero le encargara un segundo corto. El proyecto derivó en otro, y poco a poco, Lynch fue evolucionando a través de la experimentación hasta llegar a su primer largometraje, Cabeza borradora, filme revolucionario que en 1977 demostró que el cine puede tener infinitas formas, apasionando a contemporáneos como Stanley Kubrick y Woody Allen e influyendo en mucho de lo que vendría después. 

Hoy, a los 70 años, y con muchos otros clásicos en su filmografía como El hombre elefante, Terciopelo azul, Mulholland Drive y las dos temporadas de la serie Twin Peaks, Lynch es lo suficientemente famoso como para haber convertido su nombre en una marca, y su inconfundible rostro, enfatizado por su corte de cabello, en uno de los más populares entre los directores de cine, algo que le ha llevado a desarrollar una cada vez más intensa carrera como actor.

Siempre dispuesto a probar cosas nuevas, quien a inicios de los noventa encarnó a un personaje regular en su serie, en los últimos años participó en tres episodios de la televisiva Louie, prestó su voz a un personaje en la versión original de la serie animada El show de Cleveland y acompañó como parte del elenco a uno de sus intérpretes predilectos, Harry Dean Stanton en Lucky, el debut como director del actor John Carroll Lynch (con quien no tiene parentesco). 

El director montó una web en la que ver cortos experimentales suyos; ha lanzado discos y hecho exposiciones de pintura y fotografía, escribe guiones de cómic y hasta ha vendido café y hace muebles

Gracias al esperado retorno de Twin Peaks con una nueva miniserie que en Estados Unidos sólo podrán ver los subscriptores del canal de pago Showtime el próximo año (aún en fecha sin concretar), la sombra del gran cineasta está más vigente que nunca. En parte porque, fiel a su estilo, Lynch ha mantenido en vilo a los fans del clásico televisivo, guardando bajo siete llaves el argumento pero revelando detalles. No es difícil ver su influencia directa en un comunicado de prensa con el que Showtime presentó en forma alfabética los nombres de todos los que han participado. En la lista figuran muchos del Twin Peaks original, como Kyle MacLachlan, Mädchen Amik, Sherilyn Fenn y Sheryl Lee, pero también se incluyen grandes estrellas como Amanda Seyfried, Michael Cera, Jim Belushi y veteranas de los rodajes de Lynch como Naomi Watts y Laura Dern.

El canal aún no ha precisado cuántos episodios incluye la nueva propuesta, de la que apenas se sabe que visitará la icónica localidad ficticia 25 años después, ni cuando la emitirá, un reflejo del proceso experimental del director, en el que todo puede cambiar de un momento a otro. Los hechos lo confirman: Lynch, que escribió el guion junto al cocreador de la primera serie, Mark Frost, anunció en determinado momento del año pasado que se retiraba del proyecto por diferencias con respecto al presupuesto, asegurando a sus fans que Twin Peaks continuaría sin él. Luego se retractó y confirmó que dirigiría todos los episodios. 

Aunque no se ha caracterizado por ser prolífico, Lynch nunca ha estado ausente durante tanto tiempo de las pantallas, ya que no ha estrenado un largometraje desde que una década atrás presentó en el Festival de Venecia Inland Empire, un experimento en el formato digital que generó tantos fans como detractores, con tres horas de duración y un argumento que no sigue las estructuras tradicionales. Tras hacer campaña para una nominación al Oscar para su protagonista, Laura Dern, parándose personalmente al lado de una vaca en diversas esquinas del Sunset Boulevard de Los Ángeles con un cartel que decía: “Para su consideración. Sin queso no habría Inland Empire”, una referencia críptica que sólo aquellos que vieran la película podrían descifrar, el famoso realizador prefirió explorar otras avenidas de la industria del entretenimiento cuando su propuesta cayó en oídos sordos.

Montó un sitio web con su nombre en el que, por una módica cantidad, se podía ver cortos experimentales que fue realizando a lo largo de los años, y para el que cada día grababa personalmente un reporte del clima. Y también decidió profundizar en su faceta de músico, lanzando varios álbumes que aún hoy se pueden conseguir en DavidLynch.com. En estos años ha realizado igualmente varios vídeos musicales, participó de manera activa en el diseño de un night club en París llamado Silencio, montó exposiciones de pinturas y fotografías en todo el mundo, diseñó botellas de champán y se dedicó a vender su propio café, tanto en internet como en tiendas especializadas. 

Desde hace años despliega una gran actividad para recaudar fondos
y difundir la meditación trascendental, una disciplina inspirada en el yoga
de la que es devoto

Pero lo que realmente ha ocupado la atención de Lynch en esta última década es probablemente su actividad más constante a lo largo de su vida. Quien también dedica parte de su tiempo a construir muebles, ha escrito guiones de comics y publicó un libro, es un devoto practicante de la meditación trascendental, disciplina inspirada en el yoga que difundió en la década de los sesenta el gurú indio Maharishi Mahesh Yogi –el mismo que fascinó a los Beatles y que construyó un imperio a base de dos sesiones de relajación diarias en las que hay que repetir un mantra durante 20 minutos cada vez–. Si bien el director ha practicado esta meditación regularmente desde que la descubiró en Los Ángeles el 1 de julio de 1973 –“a las 11 de la mañana de un día soleado”, como suele repetir ante los novatos–, en el 2001 su participación en el grupo cambió de manera radical. Cuando el Maharishi, que vivía entonces alejado del mundo en una sede de la entidad en Vlodrop (Holanda), decidió invitar a quienes estuvieran dispuestos a pagar un millón de dólares a pasar un mes con él, Lynch fue uno de los que invirtieron esa cifra en su “enriquecimiento personal”.

El Maharishi nunca les recibió personalmente pero, desde su habitación, instruyó a sus millonarios, quienes le seguían a través de un monitor desde un salón en el piso inferior. Cuando concluyó el mes y Lynch regresó a Los Ángeles, su mirada del mundo se había transformado. Según explicó a la revista de The New York Times en el 2013, “toda persona con la que me cruzaba me parecía un héroe, tratando de vivir su vida de la mejor manera posible. Pasaba por diferentes aeropuertos, miraba a la gente, y les adoraba a todos”. 

Lynch decidió poner la meditación trascendental en la cima de su lista de prioridades. Tras anunciar en el 2003 que estaba participando en un proyecto para construir “palacios de la paz” en todo el mundo, donde los seguidores del grupo pudieran entregarse en cuerpo y alma a meditar, dos años después creó la Fundación David Lynch para la Educación Basada en la Conciencia y la Paz Mundial, entidad que ha ido creciendo y tiene oficinas en Nueva York, Los Ángeles y Fairfield (Iowa), el sitio donde Maharishi estableció su universidad en la década de los setenta. Su objetivo inicial fue recaudar 7.000 millones de dólares para crear siete universidades en siete países; nunca llegó a concretarlo, pero ha subvencionado miles de horas de clases de meditación en escuelas y universidades en EE.UU. y fuera. 

Para lograr esos fondos, el director ha sabido utilizar sus contactos y su prestigio para organizar actos memorables, como el que en el 2009 reunió a Paul McCartney y Ringo Starr en el Radio City Music Hall de Nueva York; una noche de comedia en el 2012 con artistas como Julia Louis Dreyfuss, Chris Rock y Danny DeVito o un concierto en el Carnegie Hall en el que tocaron Sting y Katy Perry, todos practicantes de la misma filosofía. Además, Lynch ha recorrido el mundo dando conferencias sobre los beneficios de la meditación trascendental, aun cuando tiene pánico a hablar en público, por lo que en muchas ocasiones se ha limitado a pararse en el escenario a escuchar su propia grabación mientras miraba a la ­audiencia.

Aunque el grupo tiene una estructura jerárquica bastante difusa, son muchos los que le ven a él como la cara visible de la organización, cuyo patrimonio ha sido estimado recientemente en unos 3.200 millones de euros y cuenta con un número de practicantes que se calcula en más de cinco millones en todo el planeta. La creatividad sin límite de Lynch siempre ayuda a la hora de inventar nuevas oportunidades para recaudar fondos, citas que muchas veces simplemente anuncia en su Twitter, donde tiene más de tres millones de seguidores. Su convocatoria a un Festival de la Alteración en el hotel Ace de Los Ángeles, que reunirá el 8 de octubre a figuras como Robert Plant, Mel Brooks, Frank Gehry y Angelo Badalamenti (el compositor de muchas de las bandas sonoras de sus películas) y en el que también se proyectarán algunos de sus filmes, agotó sus entradas en horas. Una noche de comedia en abril con Louis C.K y otro notable miembro de la organización, Russell Brand, fue igualmente exitosa. 

Si algo ha logrado Lynch a lo largo de su vida ha sido despegarse todas las etiquetas. Sus actos de rebeldía generalmente han llegado a buen puerto, como cuando tras la cancelación de la serie que le había encargado la cadena ABC, la misma que hizo la primera Twin Peaks, decidió transformar el piloto en un largometraje. El resultado fue Mulholland Drive, por la que obtuvo su hasta ahora única nominación al Oscar como mejor director y filme que convirtió en estrella a Naomi Watts.

Sin duda, Lynch es un adelantado a su tiempo. Su condición de hombre orquesta hace que nunca se quede quieto y que en cada aventura que inicia se encuentre casi inexorablemente con el éxito.

El hombre elefante (1980)
Película de 1980 protagonizada por Anthony Hopkins, John Hurt (en la escena con Hannah Gordon) y Anne Bancroft, entre otros


Terciopelo azul (1986)
con Isabella Rossellini (en la foto), Kyle MacLachlan, Dennis Hopper y Laura Dern


Corazón salvaje (1990)
con Nicolas Cage, Laura Dern (en la foto), Diane Ladd, Willem Dafoe y Harry Dean Stanton


Mulholland Drive (2001)
con Naomi Watts, Laura Elena Harring (en la imagen) y Justin Theroux


Twin Peaks (1990)
serie televisiva con Kyle MacLachlan, Michael Ontkean y Lara Flynn Boyle


Inland Empire (2006)
con Laura Dern (en una escena), Justin Theroux, Harry Dean Stanton y Jeremy Irons al frente de un amplio reparto